lunes, 30 de abril de 2012

UN PRIMERO DE MAYO MÁS

CONMEMORACIÓN

The police attack at Haymarket


Me matan si no trabajo,
y si trabajo me matan.
Siempre me matan, me matan, ay,
siempre me matan.


Ayer vi a un hombre mirando,

mirando el sol que salía.
El hombre estaba muy serio
porque el hombre no veía.
Ay, los ciegos viven sin ver
cuando sale el sol.

Ayer vi a un niño jugando

a que mataba a otro niño.
Hay niños que se parecen
a los hombres trabajando.
Ay, quién le dirá cuando crezcan
que los hombres no son niños,
que no lo son.
 


 
                                                          Nicolás Guillén - Daniel Viglietti


 


1º DE MAYO DE 1886

LA CHISPA QUE ARDIÓ EN CHICAGO


 
"Salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro…Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en la de Spies, orgullo en la de Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: ‘La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora’. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…"

(Relato de José Martí que cubrió como periodista la ejecución en Chicago)

 
 La chispa que ardió en Chicago se propagó por el mundo. Pudo haber sido en cualquier otro lugar, ¡pero fue en Chicago! En el año 1886, momento en que las condiciones laborales en el mundo se tornaban intolerables.
Fue en Chicago donde se dio el mayor número de adhesiones a la huelga general declarada para aquel l º de mayo por el Sindicato Obrero Central, y fue también en Chicago donde se produjo la mayor represión.
El pico de lucha sucedió el 4 de mayo, al finalizar un acto obrero en Plaza Haymarket, en repudio de la represión del día anterior en el puerto. Un artefacto explosivo detonó entre los policías que acechaban de cerca el mitin, provocando un muerto y varios heridos.
La réplica fue una indiscriminada balacera sobre la multitud que terminó en una masacre, más de 40 muertos y 200 heridos. Nunca fue esclarecido el origen de la explosión, de la que se acusó sin pruebas a ocho dirigentes obreros.
Tras un juicio fraudulento con testigos falsos, fueron condenados y ahorcados el 11 de noviembre de 1887: Fischer, Spies, Parsons y Engel, quienes pasarán a la historia como “Los Mártires de Chicago”.
A partir de 1890 se “conmemora” mundialmente el l º de Mayo como un día de lucha y recordación de los trabajadores. Sin embargo, en los Estados Unidos el “Labor Day” se “festeja” el primer lunes de septiembre. Una inútil forma de pretender ocultar la memoria de una época.

ANTECEDENTES

Las innovaciones tecnológicas en la segunda mitad del siglo XIX modifican sustancialmente las formas de trabajo. Se pasa de la clásica artesanía manual, a la concentración obrera en grandes centros fabriles en las periferias de las ciudades. El desarrollo del transporte y las comunicaciones hacen el resto, impulsando el comercio y la economía.
Simultáneamente la concentración en los suburbios de las grandes ciudades va dando forma a auténticos cinturones proletarios, con poblaciones hacinadas en barracas, tugurios y conventillos cercanos a los centros de producción.
Mientras tanto, el obrero recibe apenas una ínfima parte de la riqueza que crea con su trabajo, en agotadoras jornadas de 14 a 16 horas diarias.
El grueso del gasto familiar es aportado por el varón, ya que la mujer recibe aún un pago muy inferior al de aquél, apenas una cuarta parte. En los EE.UU. se llega a emplear en 1880 a más de 1.700.000 niños de entre 10 y 15 años, con salarios por lo general aún menores que el de las mujeres.
Como réplica a tamaña explotación surgen los primeros sindicatos y asociaciones gremiales, que reclamarán una jornada de 8 horas diarias de trabajo. El anarquismo y el socialismo encabezarán aquella difícil y desigual lucha.

LA MASACRE DE HAYMARKET

En 1882 se instituye en los Estados Unidos el “Labor Day”, respaldado por la “Noble orden de los caballeros del trabajo” (knights of labor), inapropiada nominación para una organización obrera. Con ella rivalizará la Federación Estadounidense del Trabajo (American Federation of Labor), de orientación anarquista-socialista.
En su IV Congreso de noviembre de 1884 celebrado en Chicago, la Federación resuelve que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligará a los patrones a respetar la jornada de 8 horas, y que de lo contrario se marchará a la huelga general. Escasísimos logros obtuvieron en aquel plazo de un año y medio, por cuyo motivo el 1º de mayo de 1886 se inicia la huelga. Trescientos mil trabajadores pararon en todo el país, con el explícito rechazo de la central de “la noble orden”.
En Chicago, la adhesión llegó a 65.000 trabajadores, con la policía patrullando las calles, acompañada de elementos patronales, y creando un clima cargado de sombríos presagios.
Si bien el primer día transcurrió en calma, los hechos se precipitaron el día 3. De un acto en el puerto se separa un grupo de 200 trabajadores que comienza a hostigar a los rompehuelgas que salían de la fabrica Mac-Cormick. Minutos después aparecen más de 200 policías e inician una represión que deja cuatro obreros muertos y cuantiosos heridos.
Para el día 4 se convoca a una manifestación de repudio en la plaza Haymarket, al sur de Chicago, a la que asisten -según las diversas fuentes- entre 3.000 y 15.000 trabajadores. Al lugar asiste el alcalde a fin de garantizar la calma. No obstante, al retirarse éste, mientras hablaba el último orador, irrumpen en la plaza 1.890 policías comandados por el inspector John Blonfield, un personaje odiado por su brutalidad represiva.
Mientras manifestantes y policías parlamentan, explota entre éstos últimos un artefacto que provoca un muerto y numerosos heridos. La reacción policial fue violenta, con disparos sobre la multitud que produjeron 40 muertos y más de 200 heridos, cuyo auxilio excedió la capacidad de los escasos hospitales. Durante el trágico episodio (conocido mundialmente como la “Masacre de Haymarket”) se declara el “estado de sitio” y el “toque de queda”.
Nunca fue esclarecido el origen de la explosión, no obstante son detenidos ocho dirigentes de la Central de Trabajadores. Tras un proceso viciado de irregularidades y con el concurso de testigos falsos, el tribunal dicta estas sentencias:
Prisión:
Samuel Fielden, inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, cadena
perpetua;

-Oscar Neeve, estadounidense 36 años, vendedor, 15 años de trabajos

forzados;
-Michael Swabb, alemán 33 años, tipógrafo, cadena perpetua.

Muerte en la horca:
-Adolf Fischer, alemán, 30 años, periodista
-Hessois Auguste Spies, alemán, 31 años, periodista
-Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista
-Georg Engel, alemán 50 años, tipógrafo
-Louis Linng, alemán 22 años, carpintero.

Después de infructuosas apelaciones, fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887. Linng se había quitado la vida dos días antes en su celda.
Ningún policía fue juzgado ni condenado por la masacre de Haymarket. A los pocos días de dictada la sentencia de Chicago se inauguraba en Nueva York, la “Estatua de la Libertad”.
Con los años, ante la reacción nacional e internacional y el peso contundente de las mentiras acumuladas, el proceso fue revisado, pero ya nadie le podía devolver la vida a los muertos. Los tres condenados fueron liberados.
Cuarenta años más tarde, en otro proceso igualmente fraudulento -esta vez en Massachussets- son ajusticiados en la silla eléctrica otros dos anarquistas, Sacco y Vanzetti. En 1977 se revisa el caso ¡¡¡y otra vez!!! se reconoce el error. Parece ser que la “Gran Potencia”, no supo asimilar las experiencias de la historia. Tropezaría dos veces con la misma piedra.

LOS MÁRTIRES DE CHICAGO

Desde entonces se los conocerá como “Los Mártires de Chicago”. Son de rememorar algunas de sus vibrantes declaraciones durante aquella farsa de proceso, Adolf Fischer:
“…He sido tratado aquí como asesino y sólo se me ha probado que soy anarquista. Pero si yo he de ser ahorcado por profesar mis ideas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo nada que objetar. Si la muerte es la pena correlativa a nuestra ardiente pasión por la redención de la especie humana, entonces yo lo digo muy alto: disponed de mi vida…”
Hesssois Auguste Spies:
“Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia".
Albert Parsons:
“… ¿Creéis señores, que cuando nuestros cadáveres hayan sido arrojados a la fosa se habrá acabado todo? ¿Creéis que la guerra social se acaba estrangulándonos bárbaramente? ¡Ah no! sobre vuestro veredicto quedarán el del pueblo americano y el del mundo entero, para demostrar vuestra injusticia y las injusticias sociales que nos llevan al cadalso…”
Georg Engel:
“Mientras unos amontonan millones utilizando las máquinas, otros caen en la degradación y en la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición a la naturaleza, y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar…”
Louis Linng:
“Me acusáis de despreciar la ley y el orden ¿y que significan la ley y el orden? Sus representantes son policías, y entre ellos hay muchos ladrones. Aquí se sienta el capitán Schaack. Él me ha confesado que mi sombrero y mis libros habían desaparecido de su oficina, sustraídos por los policías ¡He ahí vuestros defensores del derecho de propiedad!”
La noche anterior a la ejecución, arrebatado por el éxtasis, en el silencio de la noche y como ofreciendo al cielo el espíritu, con los dos brazos en alto, Engel había recitado a viva voz desde su celda el poema revolucionario “El Tejedor” de Heinrich Heine.


LA CONMEMORACION MUNDIAL DEL PRIMERO DE MAYO

El 14 de julio de 1889, en el centenario de la Revolución Francesa, se reúne en París un congreso internacional de trabajadores que decidió conmemorar anualmente, a partir del 1º de Mayo de 1890, en todo el mundo, ese día de lucha, en homenaje a los mártires de Chicago. Sin embargo, paradójicamente, en los Estados Unidos continúa celebrándose “como fiesta” el Labor Day creado en 1882, todos los primeros lunes del mes de septiembre. Se ha pretendido así olvidar el bochornoso juicio de Chicago de l887 y a aquellos mártires que murieron injustamente en la horca, hecho que le dio identidad al 1º de Mayo.
 


EL PRIMERO DE MAYO EN LA ARGENTINA

En el país se celebró por primera vez el 1º de Mayo en el año 1890. El acto principal se hizo en Buenos Aires en el Prado Español, y a él asistieron 3.000 trabajadores. Además se realizaron actos en Rosario, La Plata y otras ciudades.
A aquella conmemoración central confluyeron socialistas y anarquistas, y cada uno de los oradores habló en su lengua de origen, alemán, francés, italiano y castellano.
Durante muchos años esta recordación fue acompañada por persecuciones, prohibiciones y represiones, y hasta se llegó a sancionar en el año 1902 la ley 4144 de residencia, que puso la base para la expulsión de extranjeros “indeseables”.
Otras dos celebraciones también fueron sangrientas debido a la represión policial: la de 1904, con dos muertos y numerosos heridos, y la de Plaza Lorea en 1909, en la que el propio jefe de Policía, Coronel Ramón Falcón, impartió personalmente instrucciones para la represión, por la que mueren doce obreros y salen heridos otros ochenta. El anarquismo aplicaría más tarde el derecho a vengar a sus muertos y Simón Radowizky sería el ejecutor, al ultimar a Falcón el 14 de noviembre de 1909.
Hoy una calle porteña lleva injustamente el nombre de aquel jefe de Policía.

Miguel Eugenio Germino

FUENTES

-Bayer, Osvaldo, “De eso no se habla”, Página 12 del 23.abril.2005.

-Historia del Movimiento Obrero, Tomo II, CEAL, 1974.
-http://Argentina Indymedia.org/neus/2005/05/287702.php: Origen del 1° de Mayo, Los Mártires de Chicago.
-http://www.lafogata.org/recuerdos/rec-8.htm
-http://www.redaccionpopular.com/index.php?principal_stale=
-Iscaro, Rubén, Historia del Movimiento Sindical, Tomo III, Ciencias del hombre, 1973.

-Periódico Primera Página, nº 58, noviembre de 1998.

A 35 AÑOS DE LA CREACIÓN DE MADRES DE PLAZA DE MAYO

Frente al monumento a Belgrano
reprimidas en plena dictadura

arrugas de años de lucha

ronda en la pirámide 1981
El País

Las Madres de Plaza de Mayo cumplen 35 años de militancia

La entidad creada por Azucena Villaflor de Devicenti, desaparecida por la dictadura, es la voz más sonora de los miles de perseguidos. Josefina García de Noia, Pepa, es la mayor del grupo.
30-04-2012


BUENOS AIRES– “Era sábado al mediodía, me senté en un banco de la plaza y me puse a fumar… Estábamos yo y las palomas, hasta que llegaron las otras madres”, así describía Josefina García de Noia –Pepa– el 30 de abril de 1977 en el que un grupo de mujeres sembró la semilla del movimiento más poderoso que supo enfrentar a la dictadura cívico militar: las Madres de Plaza de Mayo.

Pepa es la mayor de ese puñado de 14 mujeres que crearon la agrupación convencidas por Azucena Villaflor de Devincenti que hace 35 años y desde la capilla Stella Maris, en Retiro, selló para siempre su vocación de líder y las convocó con un “Basta, tenemos que ir a la Casa de Gobierno”, el objetivo era reclamar por sus hijos.

Cumplirá 91 años el 6 de julio y desde el 13 de octubre de 1976 no dejó de buscar a su hija María Lourdes de Mezzadra, psicóloga, docente universitaria, que militaba en Montoneros y fue secuestrada en su domicilio junto a su esposo Enrique, cuando tenía 29 años.

“La vi por última vez el día anterior, cuando vino a almorzar a mi casa de Castelar y al irse acompañada por su hermana Margarita para la facultad de Morón, le dije: ‘Lourdes, cuidate, por favor’, porque ya sabíamos lo que estaba pasando”, recordó en una entrevista con Télam en su casa de Villa Devoto.

“Al otro día se la llevaron, primero a su marido (luego liberado) y más tarde a Lourdes y dejaron a su hijito Pablo Enrique con los vecinos que llamaron a los abuelos paternos para que se quede con ellos”, prosiguió.

A Pepa le dio la noticia otra consuegra que la visitó al día siguiente: “Vino a la mañana, una cosa rara y mientras yo preparaba mate, dijo como en voz alta: ‘Yo se lo tengo que decir’ y me lo dijo...”.

Ese día marcó la vida de Pepa, quien decidió dejar todo e ir a buscar a su marido al trabajo y a empezar a andar. “Fui a comisarías, iglesias, embajadas, despachos de las Fuerzas Armadas, Tribunales, pedí habeas corpus y empecé a conocer a otras madres y compartir con ellas mi desesperación”.

El año 1976 golpeó sin piedad a la familia Noia, compuesta por los padres y cuatro hijos: el mayor, que trabajaba en la multinacional Ford, se anticipó al horror y se fue a Australia dos meses antes del golpe.

El mismo camino siguió otra hija que, aunque no militaba, viajó junto a su marido 10 días antes del secuestro y desaparición de Lourdes, quedando la familia quebrada en pocos meses, con Pepa, su marido y Margarita, compañera de búsqueda que milita en Hermanos y Hermanas de Detenidos-Desaparecidos.

La memoria de Noia sobre aquel 30 de abril registra que fue la primera en llegar a la cita, alrededor de las 12.30, “y fumando, como siempre, cigarrillos largos que nadie quería fumar”.

“La reunión era a las 14 pero yo fui antes, llena de ansiedad, me fumé dos paquetes, hasta que llegó María Adela Antokoletz y después más madres y nos quedamos como dos horas hablando ,pero sin ser recibidas por ningún funcionario porque era sábado”, relató.

Sin pañuelos blancos aún, ni rondas alrededor de la Pirámide, “eso llegaría después”, recalca, decidieron volver el viernes siguiente y después acordaron que fuera jueves, a pedido de una madre que asociaba el viernes al “Día de Brujas”.

Sobre lo que siguió después, durante todos los años siguientes, reconoce: “Al principio confiábamos en los que nos decían, hasta que nos dimos cuenta de que todos nos mentían”.

De monseñor Emilio Grasselli, vicario castrense que recibía a las madres en la iglesia Stella Maris para obtener información, guarda los peores recuerdos, como del condenado Alfredo Astiz, a quien Azucena “cuidaba como a un hijo”.

“Una vez que crucé a Grasselli en Tribunales, le dije si se acordaba de mí, y al reconocerme iba a poner su mano en mi hombro pero yo le dije: ‘No me toque, sus manos están sucias en sangre de nuestros hijos’. Él dio media vuelta y se fue mientras yo seguía diciéndole cosas”.

De su primera visita a la Casa de Gobierno recuerda que fue con otra madre “a ver al ‘señor’ Videla, así le decía yo” y tras esperar un rato son llevadas a distintos despachos en forma separada, y ante la misma pregunta, responden: “‘Venimos por nuestros hijos’, no dijimos una palabra más”, y reciben como respuesta: “‘Lo vamos a tener en cuenta’. Nos fuimos muy asustadas”. concluye Pepa, la mayor de un grupo de valientes mujeres.

viernes, 20 de abril de 2012