miércoles, 6 de junio de 2012

ALMAGRO: SUS PASAJES Y CORTADAS




Pasajes y Cortadas de Almagro

Pasaje Libres

"Buenos Aires la otra calle, la que no pisé nunca; es el centro secreto de las manzanas, los patios últimos; es lo que las fachadas ocultan; es mi enemigo, si lo tengo; es la persona a quien le desagradan mis versos (a mí me desagradan también); es la modesta librería en la que acaso entramos y hemos olvidado; es esa racha de milonga silbada que no reconocemos y que nos toca; es lo que se ha perdido y lo que será; es lo ulterior; lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni mío, lo que ignoramos y queremos."

Así se introduce Jorge Luis Borges en el tema de los pasajes y las cortadas que en número de 577 se distribuyen por el damero porteño, la mayoría de ellos llenos de magia y atesorando a su vez una historia particular. Con estilos afrancesados, italianizados o hispanizados que los hacen únicos e importantes.

Pasaje Morse


Borges define al pasaje como planificado, producto de un emprendimiento particular. Lo diferencia de la cortada, que es el resultado de una antigua traza interrumpida por distintas situaciones como un arroyo, una parada de carretas, o el límite de antiguas quintas.

Continúa Borges: “Nacidos como consecuencia de errores de cálculo en los diferentes trazados urbanísticos que le dieron forma a la Capital Federal, estas pintorescas callecitas inconclusas rompen con belleza la simetría de las manzanas y son verdaderos remansos de serenidad en medio del vértigo ciudadano. Y si bien los nombres de muchos de ellos son muy conocidos, casi todos permanecen ocultos, esperando ser descubiertos por caminantes que quieren adentrarse en los ángulos inexplorados de la ciudad o turistas no tradicionales que buscan mucho más que tango, asado y fotos del Obelisco”.

Pasaje Spegazzini

Los pasajes pueden ser peatonales, vehiculares, de acceso libre o restringido. Históricamente los pasajes surgen  hacia  de 1880 a partir de la especulación por el uso de la tierra para proyectos privados que subdividían lotes más amplios con el propósito de obtener mayor utilidad comercial en la construcción de viviendas para renta. Se aprovechaba así la coyuntura favorable durante el gran déficit habitacional, resultado de las masivas inmigraciones y de la creciente densidad poblacional.
Nacieron entonces muchos pasajes que se incorporaron al trazado urbano dividiendo la clásica manzana en dos partes, para concretar la construcción de viviendas que, con el tiempo, se iban modificando hasta adquirir una fisonomía propia, distintiva.
 Los pasajes son considerados además como sitios pintorescos detenidos en el tiempo. Despiertan por ello un incontrastable interés turístico, aunque en su mayoría no cuentan con el respaldo de ser considerados patrimonio de la Ciudad, que los preserve de nuevos avances inmobiliarios. Entran así en una zona gris que los hace vulnerables en medio de una época teñida de individualismo y egoísmo. Algunos fueron desapareciendo, y otros vieron deformado su estilo inicial con construcciones modernas y de dudoso gusto.
Cada barrio cuenta en su patrimonio con una docena de pasajes y cortadas que los hace característicos, entre los que Almagro no es una excepción.

Quince pasajes y cortadas forman el patrimonio de Almagro:

Fortunato Devoto: Un rincón casi desconocido, entre las calles Venezuela y México en su cruce con Treinta y Tres Orientales. Comprende dos cuadras muy tranquilas de casas bajas en su límite SO.
En una de sus cuatro esquinas, en la convergencia con Agrelo, se encuentra una placa que identifica y rinde un homenaje a quien le da nombre: “Colonizador en la Provincia de Córdoba - 9 de marzo de 1841 - 6 de octubre de 1917”; se trató de un vecino que residió en la zona de Almagro. El nombre fue establecido por Ordenanza del año 1940 y una localidad de Córdoba, ubicada en el NE de aquella provincia lleva también su nombre.

Del Carril: Calle de una sola cuadra asimilable a una cortada, antes se llamó 48 B y luego Gran Chaco 3ra. Corre entre Sarmiento y Corrientes, a la altura del 4700. Desde 1893 lleva el actual nombre en homenaje a Salvador María Del Carril (1798-1883), político sanjuanino que tomó parte en los sucesos que abatieron a Dorrego y que más tarde fue diputado al Congreso Constituyente de 1853.

Inca: Un silencioso y angosto pasaje entre las calles Salguero y Medrano, paralelo a la actual calle Presidente Perón; antes se llamó Segunda Cangallo. Se le impuso ese nombre por Ordenanza de 1893. Rememora a la autoridad principal de la familia que iniciara Manco Cápac en 1240.

Pedro Laredo: Pasaje particular que pertenece al típico pasaje-loteo. Se interna profundamente en medio de la manzana en el 3850 de la Avenida Díaz Vélez, en un estrecho tajo que gira en su final 90 grados, formando una ‘ele’, en paralelo a las vías del ferrocarril Sarmiento, para terminar en Medrano 107. Se desconoce el origen del nombre (ver Periódico Primera Página nº 73, de abril de 2000).

Libres: Se encuentra entre Querandíes y las vías del Sarmiento, paralelo a la calle Pringles, recuerda a la ciudad Paso de los Libres de la Provincia de Corrientes (antes se llamó Facio), nominada por Ordenanza de 1904.

Lucero: Esta larga y estrecha callejuela surge del loteo de la antigua quinta de Lange, entre Hipólito Yrigoyen y Alsina, paralela a la calle Maza. En las proximidades de Maza y Virrey Liniers existió una permanente y profunda laguna cuyos desbordes en días de lluvia obstaculizaban el tránsito en la zona. Su nominación data de 1904 y hace referencia a José Cecilio Lucero, militar que participó con el ejército de San Martin en el cruce de Los Andes y de la batalla de Chacabuco (ver Periódico Primera Página nº 200, de octubre de 2011).

Morse: En el límite SO del barrio se encuentra este corto pasaje que muestra una lomada, demostrativa de los desniveles de la zona en tiempos antiguos. Corre entre México e Independencia a la altura de Muñiz. Nace en Muñiz 2649 y termina en Av. La Plata 2649. Designado por Ordenanza del año 1914.
Rememora a Samuel Finley Breese Morse (EE.UU., 1791-1872), uno de los pioneros del daguerrotipo junto a Daguerre, y diseñador de la primera cámara fotográfica. Inventó en 1844 el alfabeto que lleva su nombre, usado hasta hoy en telegrafía.

King: Corre desde Potosí hasta Díaz Vélez entre Pringles y Rawson. Antes se llamó Segunda Rawson y por Ordenanza de 1904 lleva el nombre actual. Recuerda a Juan King, marino irlandés (1800-1857) que combatió en la guerra con Brasil en 1826. Estuvo al mando del Bergantín General Belgrano, de la Fragata 25 de Mayo, entre 1841 y 1844, en combates de Montevideo y Punta de Indio. Un patrullero de la Armada lleva su nombre.

Obrero Roberto Núñez: Corre entre las calles Sarmiento y Corrientes, desde Pringles a Rawson. Antes se llamó Valentín Gómez, pero desde 1980 lleva el nombre actual. Reivindica al obrero grafico del Diario La Prensa, asesinado en un tiroteo el 27 de febrero de 1955 durante un conflicto con el gremio de los canillitas.

Panamá: Pasaje paralelo a Lambaré entre Corrientes y Sarmiento; antes se llamó Gran Chaco Segunda, y también 48 A. Desde 1893 lleva el nombre actual, mención del país centroamericano.

Pelufo: Nace en Medrano y las vías del Sarmiento y diagonalmente termina en Lezica, en el ángulo que ocupara la desaparecida estación Almagro del Ferrocarril Oeste. Su nombre quedó instituido por Ordenanza del año 1933. Recuerda a un horticultor uruguayo (1842-1922).

José Julián Pérez: Estrecho pasaje de dos cuadras que corre entre Castro Barros y Colombres, desde México a Venezuela. Antes se llamó Segunda Colombres y desde 1893 lleva el nombre del sacerdote y funcionario del Primer y Segundo Triunvirato.

Rocamora-Salónica-Discépolo-Rauch: Salónica primitivamente era la prolongación de la calle Rocamora, corre entre Guardia Vieja y Lavalle, nace en Medrano y termina en Salguero. Su designación se hizo en 1933 en homenaje a la ciudad griega. En 1966 recibe el nombre de Enrique Santos Discépolo, pero fue dejado sin efecto pocos meses después, reponiéndose Salónica. En 1988 y por Ordenanza 43.388, se designó al pasaje de Almagro con el nombre de este prusiano, degollador de “indios” en las primeras campañas al desierto, entre 1819 y 1829.
Los vecinos reclaman la eliminación de tan nefasto personaje del damero porteño, y existe un proyecto en la Legislatura de Buenos Aires a tal fin (ver Periódico Primera página nº 196, de junio de 2011).

San Carlos: Pasaje sin salida, de 50 metros de largo, es el más antiguo del barrio. Fue parte de la antigua Quinta de Tarragona hacia 1865. Corre paralelo a Hipólito Yrigoyen y nace en la ex calle Artes y Oficios (hoy Quintino Bocayuva), nombre original que tuvo por la escuela de los padres salesianos que allí funcionó. Se abre en el 151 de Quintino Bocayuva, frente a la iglesia San Carlos, puesta bajo la advocación del sacerdote Carlos Borromeo (1538-1584).
Sus casas conservan un aspecto del Buenos Aires del siglo XIX, con los antiguos faroles, las ventanas alargadas y adornados balcones que nos transportan en el tiempo (ver Periódico Primera Página nº 83, de marzo de 2001).

Carlos Spegazzini: Corre entre José Mármol y Muñiz, desde México a Venezuela. Su nombre desde 1938 reivindica al ilustre botánico italiano (1858-1926), dos cuadras de casas bien alineadas de fachadas que presentan un plano continuo, en un paisaje de silencio y soledad.

Miguel Eugenio Germino

Fuentes:
-Balbachan, Eduardo Luis, Los Ignorados pasajes de Buenos Aires, Ed. Alonso, 1983,
-Cutolo, Vicente Osvaldo, Buenos Aires, historia de las calles y sus nombres, Elche 1994 (dos tomos).
-http://www.barriosyvecindarios.com.ar/2008/08/historia-del-pasaje-lucero/

FELIPE VARELA



El 4 de junio de 1870 moría Felipe Varela,
El último de los caudillos rebelados del interior; apodado “El Quijote de Los      Andes”

Felipe Varela combatió contra la hegemonía del Puerto y la provincia de Buenos Aires desde Los Andes a los llanos de las provincias de Catamarca y La Rioja, desafiando a un poder central absolutista. Lo hizo con un reducido ejército montonero de menos de 5.000 hombres, deficientemente armados, pero con un ideal claro de federalismo.
Se atrevió a denunciar al gobierno de Mitre, a la indigna guerra de La Triple  Alianza contra el Paraguay y al discurso dominante de la época, convencido de que debía continuar el camino de la gesta del Chacho Peñaloza.
Perseguido y denigrado en vida, silenciado o difamado luego de su muerte, fue convertido en otro de los tantos “malditos” de la historia oficial, que lo considera un bandolero y sanguinario depredador de pueblos.

Varela y su estado mayor
LA ÉPOCA

“No se podrá comprender íntegramente al hombre si no se comprende primero la época en la que le tocó  vivir.”
                                                                                                                      Osvaldo Bayer                   

Es a  partir de 1861 que tiende a definirse la cruenta lucha entre unitarios y federales. Fueron años caracterizados por el exterminio de aquellos residuos que aún resistían de los otrora poderosos  caudillos rebeldes del interior, guerreros del federalismo que no aceptaban el centralismo porteño.  
Aquel  momento coincide con la dolorosa Guerra del Paraguay  (1865-1870). El conflicto suscitado  por el imperio inglés ocasionó  la total destrucción de la    embrionaria  experiencia independiente e industrializadora del pueblo guaraní. Un pueblo que estaba ya dotado de una clara conciencia  nacional, y que se diferenciaba del resto de los países de la región, todavía sometidos a los dictados extracontinentales. Paraguay  era la “oveja negra” desde la óptica de las fragatas inglesas que surcaban el Atlántico. Y el mal ejemplo no debía propagarse ya que se tornaría peligroso para mantener el control imperial de la zona.
 La  Batalla de Pavón (17 de septiembre de 1861) marcará el fin de la Confederación. La Provincia de Buenos Aires se incorpora así como miembro dominante del resto de las provincias, a manos de los hombres del partido liberal rioplatense. Con las presidencias de Mitre y Sarmiento (1865-1874) se afianza el centralismo, que desplegará una política europeizante (“civilizadora”) al renegar de la condición latinoamericanista (“bárbara”) y relegando al país a ser un mero proveedor de materias primas e importador de manufacturas inglesas: una especie de semicolonia o factoría extra-marina.

EL ÚLTIMO DE LOS CAUDILLOS FEDERALES

su mausoleo en Catamarca
“Se sublevan los jinetes  montoneros en cinco provincias argentinas. La tijera de esquilar, atada a la lanza, desafía al cañón de los regimientos de línea, buscando el cuerpo a cuerpo; y en la polvareda de los entreveros se vocifera: ¡Viva el Paraguay!
Desde Los Andes hasta los llanos, Felipe Varela viene alzando al paisanaje contra el puerto de Buenos Aires, usurpador de la Argentina y negador de América. El caudillo de Catamarca denuncia la bancarrota de la nación, empeñada en empréstitos millonarios para aniquilar a la otra nación hermana. Sus montoneros llevan en la frente una divisa: ‘La unión americana’, y una  vieja furia en el corazón: Ser provinciano es ser mendigo sin patria. Gaucho enjuto, puro pómulo y barba, nacido y crecido a lomo de caballo, Varela es la ronca voz del pobrerío empujado al muere. Atados con maneas acuden  a los esteros paraguayos los ‘voluntarios’ de las provincias, y los encierran en corrales, y les meten bala cuando se rebelan o desertan.”
Eduardo Galeano

Felipe Varela nació en Huaycama ―Valle Viejo―, Catamarca, en 1821 y murió exiliado en Chile el 4 de junio de 1870. Militar y estanciero, llegó a ocupar la gobernación de su provincia en 1867, con marcada influencia en las provincias de Salta y Jujuy.
Destacado por su lucidez ideológica, combatió  contra Rosas en la década del 40, posición que lo llevó al exilio en Chile.
Combatió en 1861 bajo las órdenes de Urquiza en la Batalla de Pavón y tras la derrota federal se unió a las filas del Chacho Peñaloza, debiendo exiliarse nuevamente en Chile luego  del asesinato del caudillo.
Desde el país trasandino y mediante contactos con la Unión Americana (una red de contactos de los círculos intelectuales de la época), organiza un pequeño ejército de chilenos y argentinos ―financiado con la liquidación de sus bienes― para volver al país y reunificar a los montoneros dispersos, residuales de otros caudillos. Logró así reunir a 5.000 hombres y, aprovechando la sublevación del Coronel Juan de Dios Videla en Mendoza ―quien llegó a controlar aquella provincia y expandirla a San Luis y La Rioja―, Varela adiestra a su  "ejército" y prepara los oficiales en Jáchal, los más de ellos mineros de las faldas de Famatina o las estancias de los llanos. Sus nombres subsisten como leyendas en el noroeste: Guayama, Elizondo, Chumbita, Videla, Medina, Ángel, Salazar. Con ellos  se lanza a la lucha.
 Portará la bandera de Federación o Muerte que acompaña con la proclama revolucionaria el 10 de diciembre de 1866: “¡Argentinos! El pabellón de mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre, ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuty, Curuzú y Curupayty. Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en más de cien millones y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda lagrimeando juró respetarla.”
“Tal es el odio que aquellos fratricidas porteños tienen a los provincianos, que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y asesinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio: Sarmiento, Sandes, Paunero, Campos, Irrazával y otros varios dignos de Mitre.”
Basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón, sin conciencia! ¡Cincuenta mil víctimas inmoladas sin causa justificable dan testimonio flagrante de la triste e insoportable situación que atravesamos y que es tiempo de contener!
¡Abajo los infractores de la ley! ¡Abajo los traidores de la Patria! ¡Abajo los mercaderes de las cruces de Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre argentina y oriental!
Nuestro programa es la práctica estricta de la constitución jurada, del orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas.
¡Compatriotas nacionalistas! El campo de la lid nos mostrará el enemigo. Allí los invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo”.
Su ejército montonero llegó a ocupar toda Catamarca y La Rioja. Ante la gravedad del alzamiento interno Mitre se ve obligado a regresar del frente paraguayo y organizar una expedición punitiva. Desde Rosario entonces marchará un poderoso ejército con moderno equipamiento para reducir a los sublevados. La empresa queda en manos de Wenceslao Paunero, que logra los primeros éxitos en la provincia de Córdoba, para luego lanzarse hacia Catamarca. Así llega el combate decisivo: la Batalla de Pozo de Vargas, el 10 de abril de 1867.
Se libró en torno al jagüel de Vargas, en el camino apenas saliendo de La Rioja a Catamarca. Fueron siete horas desde el mediodía hasta el anochecer, de las más sangrientas que se hayan vivido en nuestras guerras civiles.
En una de las cargas, Varela cae con su caballo muerto junto al pozo. Una de las montoneras que hacían de cantineras, enfermeras, amantes, o lo que se presentara, tomó un caballo y se arrojó en medio de la refriega para salvar al jefe. Se llamaba Dolores Díaz y le decían La Tigra. En ancas de La Tigra escapó de la muerte el viejo caudillo. Otro episodio de esa guerra romanesca.
A partir de aquella derrota y dada la disparidad de armas, Varela adoptará  la táctica de guerrillas, que lo favorece por el gran conocimiento que tiene del terreno, pasando a hostigar permanentemente a las fuerzas regulares. Estas nuevas acciones se prolongarán durante meses, obligando al ejército regular a una constante alerta de sus tropas.
Finalmente, las guerrillas montoneras de Varela, desgastadas y con escaso armamento, se retiran hacia Salta, que ante el mito de jefe desalmado que le hicieron al rebelde hace que la ciudad toda levante barricadas en espera de lo peor. En encarnizada lucha de más de dos horas Varela ocupa  la ciudad, aunque pierde la mitad de su ya disminuido ejército guerrillero.
Ante la inminente llegada de las fuerzas regulares se retira nuevamente, esta vez hacia Jujuy, ciudad que ocupa brevemente para pasar a Bolivia, fuera del alcance de sus enemigos.
Enfermo de tisis y carente de nuevos apoyos, en enero de 1869 se exilia por tercera vez en Chile, donde fallece el 4 de junio de 1870. El 8 de junio, en el cementerio de Tierra Amarilla, unas pocas personas acompañaron sus restos. El gobierno  catamarqueño  repatriará su cuerpo a pesar de la oposición del ejecutivo nacional, a la sazón a cargo de Sarmiento.
Perseguido y denigrado mientras vivió, tras su muerte pasará a integrar la larga nómina de ignorados de la historia oficial. Su nombre fue suprimido de los textos escolares durante décadas, para pasar,  cuando ya no fue posible  el ocultamiento, a ser calificado de “bandido infame”, “azote de  los pueblos”, ”Atila sanguinario” y otras denominaciones similares.
Hasta el folklore oficializado recogerá su crueldad en una zamba de José Ríos,  La Felipe Varela, cantada en las escuelas.

LAS DOS CUARTETAS DE FELIPE VARELA

Los civilizadores, que ahogaron en sangre la osadía de rebelarse de Felipe Varela y sus montoneras, llegaron a inmortalizar su pretendida crueldad en aquella zamba, valiéndose del puño liberal y dócil de Ríos que cantará sus fechorías:
                            “Galopa en el horizonte
                            tras muerte y polvaderal,
                            porque Felipe Varela
                            matando llega y se va.”

Claro que nada dirá esta composición musical de las crueldades propias del ejército nacional, de los coroneles de Mitre, como decapitaciones y desmembramiento de los vencidos luego de largas sesiones de tortura. Era común el uso del “cepo colombiano”, un brutal método que consiste en atar al preso entre dos fusiles, con tientos húmedos, de forma tal que al intentar zafarse, la espina dorsal crujía hasta quebrarse.
Del lado de las huestes guerrilleras surgirá otra cuarteta, a modo de canto popular, recogida por Juan Alfonso Carrizo:

                           “De Chile llegó Varela
                           y vino a su patria hermosa
                           aquí ha de morir peleando
                           por el Chacho Peñaloza.”

Hoy ya no es posible deshonrar a quienes lucharon por un ideal federal, pagando con su vida la rebeldía.
Así continuará la historia como un ideal de la oligarquía portuaria para dar forma a un país dominado por el litoral pampeano. Crecerá hacia afuera al estilo “europeo”, renegando de su condición latinoamericanista. Producirá materias primas e importará manufacturas, será una especie de colonia o factoría al servicio del imperio de turno, será el triunfo de “la civilización” porteña, contra “la barbarie” del interior.



Miguel Eugenio Germino

FUENTES
-Galeano, Eduardo – Memorias del Fuego II  - Catálogos, 1984.
-http://es wikipedi.org/wiki/Felipe – Varela
-http://www.antahualan.com.ar/región/catamarcanos/03.htm
-http://www.taringa.net/posts/info/1077163/Felipe.Varela.htnl
-http://www.ucema.edu.ar/ceieg/arg-rree/6/6-039 htm
                         

TERCERA EXPO-FOTOS DEL PERIÓDICO PRIMERA PÁGINA



ACTO POR EL 25 DE MATO


 
FESTIVÁL  ARTÍSTICO EN ALMAGRO
25 DE MAYO DE 2012

En la Plaza:

PARTICIPÓ EL GRUPO “Payaseando” que entretuvo a chicos y grandes con sus habilidades, luego se sirvió chocolate caliente con alfajores, ante un público de más de 150 personas a pesar del día semi nublado y fresco. Participaron del evento los Comuneros de la Cinco: Patricia Machado y Raúl Sánchez

En el Teatro Fray Mocho.

Se disfrutó del films “Revolución”  una versión no conocida sobre la gesta del libertador San Martín aplaudida por la audiencia.
Una nueva jornada de La Asamblea Popular de Plaza Almagro, de las tantas actividades que vienen realizando desde hace cuatro años en beneficio de los vecinos del barrio
                                                                                                                          Marta Romero