Nació como medio alternativo en septiembre de 1993. Refleja la identidad y la historia de los barrios de Balvanera, Almagro, y alrededores brindándo un instrumento de ayuda a mejorar la calidad de vida. En el año 200l recibió el Primer Premio de la “Orden Civil Heráldica de la Amistad”, entre más de 130 Barriales de Capital y Gran Bs As, además el Premio Mario Bonino UTPBA 2012, Palmiro Vanoli 2012 y 2014, y otros. Se lo encuentra en más de 350 lugares, y es de distribución gratuita.
jueves, 1 de agosto de 2019
CUENTO DE BUCAY: EL BUSCADOR
Ésta es la historia de un
hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No
necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que
está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día nuestro Buscador sintió que debía ir hacia la ciudad
de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que
venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después
de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó Kammir a lo lejos,
pero un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le
llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de
árboles, pájaros y flores encantadoras. Estaba rodeaba por completo por una
especie de valla pequeña de madera lustrada y una portezuela de bronce lo
invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la
tentación de descansar por un momento en ese lugar.
El Buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente
entre las piedras blancas que estaban distribuidas como por azar entre los
árboles. Dejó que sus ojos, que eran los de un buscador, pasearan por el lugar…
y quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción: “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3
días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de
que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, y sintió pena al
pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la
piedra de al lado también tenía una inscripción. Al acercarse a leerla,
descifró: “Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían
inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero
lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había
vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y
se puso a llorar.
El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo
miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún
familiar.
–No, ningún familiar –dijo el buscador–, pero… ¿qué pasa con
este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños
muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre
esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano cuidador sonrió y dijo:
–“Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa
es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré… Cuando un joven cumple
quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí,
colgando del cuello y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces,
cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en
ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuánto tiempo duró
ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa
pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿Tres semanas y
media? ¿Y después?, la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y
medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?
¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el
casamiento de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el
hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas
situaciones?, ¿horas?, ¿días?
Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo,
cada sentimiento pleno e intenso… Y cuando alguien se muere, es nuestra
costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo
sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo
vivido.
Jorge Bucay
Avanzan las leyes anti populares en el
Mercosur
De la mano de los dos países más
grandes del pacto sudamericano, las leyes previsionales y laborales quedaron en
medio de una fuerte ofensiva para ser modificadas a favor de los empresarios,
lo que significa que los trabajadores quedarán en clara desventaja frente a un
avance neoliberal que elimina derechos adquiridos hace décadas.
No es casual el apoyo explícito de Bolsonaro a su par argentino y la obvia
retribución de Mauricio Macri. Ambos
mandatarios reportan al Fondo Monetario
Internacional, que se instaló nuevamente en nuestras comarcas para depredar
los derechos de los trabajadores.
Es así, que casi en simultáneo,
avanzan leyes que limitarán y, algunos casos, eliminarán derechos adquiridos.
En el país carioca, el gobierno está por anotarse su primer triunfo, con la
aprobación de la nueva ley previsional. La nueva norma eleva la edad
jubilatoria mínima y también los años de
aportes. Los economistas del gobierno creen que esto les permitirá ahorrar 300
mil millones de dólares en diez años. El propio Bolsonaro admitió que para
lograr la cantidad de votos necesaria, hizo un claro reparto de dinero para
convencer a los legisladores “remisos” a levantar la mano.
En la Argentina, si bien la etapa
electoral impide la sanción de normas polémicas, los propios empresarios
macristas han logrado instalar en la agenda mediática la supuesta necesidad de
reformar las leyes laborales para que sea mucho más sencillo, y barato,
despedir a los trabajadores. Un globo de ensayo que si bien provocará
resistencias, puede ser negociado con los sindicalistas complacientes, con más
posibilidades de aprobarse si Mauricio Macri logra su reelección.
El escenario está planteado sin
disimulo y los gobiernos confían en sus recursos para consolidar el avance
neoliberal de este último lustro. Un
período que será recordado por los trabajadores por el retroceso en las leyes
que ampararon sus derechos.
Pablo Salcito
ERNESTO FAMA
Ernesto
Famá
18 agosto 1908 - 19 julio 1984
Nació en la zona del Spinetto, Balvanera, su voz nos dejó más de
trescientas grabaciones y se lo puede considerar un estribillista por
antonomasia.
Comenzó en teatro, después cantó
con Osvaldo Fresedo y, brevemente, con Carlos Di Sarli. La unión con Francisco
Canaro, que le deparó giras, radio y obras teatrales que duraban un año,
hicieron posible su ascenso a la fama.
No obstante la cantidad de
grabaciones, su trayectoria fue corta –apenas catorce años en el quehacer artístico–, a los treinta y cinco
años ya estaba retirado del espectáculo.
“A comienzos de
1928, viajé a París con Osvaldo Fresedo. En realidad tenía que ir Sofía Bozán,
pero a último momento no pudo y viajé yo. En Buenos Aires, con Fresedo, no actué
en público, sólo hice grabaciones para el sello Odeon. En cambio, en París,
inauguramos el cabaret Nouvelle Garrón, en la rue Fontaine, en Montmartre. En
seguida visitamos a Gardel, que se había presentado en el cabaret Florida, que
estaba abajo del casino de París”.
Lo ayudó mucho Gerardo Matos Rodríguez, con el que ensayós dos tangos suyos Botija linda y Margarita
Punzó.
Trabajó en comedias musicales con buena permanencia en
cartel. La muchachada del centro (1932), La canción de
los barrios (1934) y Rascacielos (1935), en las que
interpretó, entre otras piezas: El tango de la mula, Te
quiero, Toda mi vida y El Tigre
Millán.
Y
también intervino en varias películas, generalmente
como parte de las actuaciones musicales y realizó una de sus apariciones más
recordadas en Loco lindo (1936). También fue autor y
compositor de algunos temas, junto con Luis
César Amadori, Antonio Botta, Enrique Dizeo y otros.
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