LA GUERRA EN IRAN Y LOS
PECADOS DE TRUMP Y NETANYAHU
Se cumplieron más de 30 días del
comienzo de esta guerra por capricho del genocida Donald Trump, que la
inició mientras se llevaban a cabo negociaciones, toda una cobardía más a las que nos tiene acostumbrado. Si bien es Israel el
principal responsable de esta guerra, nada podría hacer por sí solo sin el respaldo de los EE.UU.
Con el pasar de los días, quedaron en evidencia las enormes
contradicciones e incertidumbres que atraviesan este conflicto, particularmente
porque nadie sabe con exactitud cuáles son los objetivos de Trump y Netanyahu,
o siquiera si entre ellos coinciden en lo que persiguen con la guerra.
En el caso de Trump, cada vez que abre la boca señala
objetivos diferentes. A veces sugiere que su intención es acabar con el
programa nuclear iraní, mientras que en otras ocasiones agrega que quiere
destruir la industria e infraestructura militar en torno a los misiles.
Asimismo, dice que está dispuesto a negociar con el gobierno iraní, pero acto
seguido exige una rendición incondicional. Tampoco queda claro si persigue un
cambio de régimen o si pretende una salida al estilo venezolano (es decir,
manteniendo al régimen, pero sometido a su mandato).
El primer ministro israelí se
maneja con el criterio cínico de estar en un estado de guerra permanente, para
prolongar al infinito su propio juicio por corrupción y evitar ser investigado
por los fallos de seguridad por los hechos del 7 de octubre de 2023. Algo
parecido ocurre con Trump, que además de perder popularidad, también busca la
prolongación para evitar sus “pecados de juventud” en el caso Epstein, que
tarde o temprano lo salpicará, momento en que
ya será tarde.
Marta Romero

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