WALTER YONSKY, UN
ANIVERSARIO MÁS
(6 noviembre 1937 - 30 abril 2002)
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Pocos hubieran imaginado que un artista, tan vital, tan
eufórico e histriónico podría darse cita algún día con La
Parca. Pero la profunda depresión en que lo
sumieron –según
sus allegados– la falta de trabajo y las carencias económicas, fue la que precipitó
su partida. Fue así que el 30 de abril de 2002, Isaac
Wrzacki, más conocido por su nombre artístico:
Walter Yonsky, puso punto final a sus días
arrojándose desde la terraza del edificio de departamentos donde residía en el barrio de Balvanera.
Porteño de ley (había nacido en Buenos Aires el 6 de
noviembre de 1937), Walter ingresó en las tablas en 1959 en el teatro Rivera
Indarte de Córdoba con El discípulo del diablo, de Bernard
Shaw. Tras sus estudios en el ISER, empezó a sumar una serie de actuaciones
como actor en diferentes teatros de Buenos Aires, y pronto ingresó, junto a la
comedia, en el mundo de los niños con títeres y pantomimas, hasta que en 1964
dio un salto en sus preferencias, asumiendo la tragedia de Arthur Miller
Panorama desde el puente, en el teatro Lasalle y en gira por el
interior.
Pero a Walter –que estuvo actuando con éxito y a sala
llena en el Café Tortoni– se lo conoce también como original
cantante de tangos y de obras para niños. Había grabado seis discos con obras
como Platero y yo, del poeta Juan Ramón Jiménez, que cantó
y contó; Piccolo saxo, un repaso por las familias de la orquesta,
con André Popp; con la batuta nada menos
que del célebre Lorin Maazel, el cuento musical Pedro y el lobo,
de Prokofiev, y la Guía Orquestal para la Juventud, de Benjamin
Britten.
Inquieto hasta la obsesión, quiso dejar como legado su
revisión de tangos poco difundidos en ediciones que le permitía el reducido
mercado abierto a sus apetencias artísticas, como los que integraron "100
años de tango", en el Salón Dorado del Teatro Colón. Pero también
quiso internarse por los más variados ritmos populares hacia otro espectro de
su predilección, como fue el espectáculo "Para que bailen los chicos de
América".
Yonsky, siempre alegre, desenvuelto, verborrágico, estaba
consciente de que su ubicuidad actoral había desplazado al cantante. Pero todo
pareció asumirlo con la alegría de vivir sin complejos.
El 30 de abril se cumplió un aniversario más de la
desaparición del vecino perpetuo del Abasto, tanguero de ley como cantante,
además animador infantil.
Fue colaborador de Primera Página durante más
de dos años, entablando con su director una entrañable amistad y empatía. Pasó
por distintos géneros antes de abrazar el tango, grabando su primer disco en
1973, con temas nuevos, como Esta ciudad,
Vieja costanera o Para cantarle a mi gente,
todos con letra de Héctor Negro.
Luego monta el espectáculo Una noche de garufa, basado en
fragmentos de sainetes, en el Café Teatro Buenos Aires, con el Cuarteto del
Centenario, del bandoneonista Emilio Branca. Con éste comienza a
cantar y grabar tangos de la Guardia Vieja.
Incursionará con éxito en música infantil en 1990 y más
tarde en el disco compacto, el tercero de los cuales, de 1997, cubre un amplio
arco que va de su inaugural Rendido a Masajes,
de Saúl Cosentino y Ernesto Pierro.
De su producción, es notable su interpretación de El romántico fulero,
donde rescata el título histórico y la letra original de un tango famoso del
40: Manoblanca,
cuyos versos escribiera Homero Manzi utilizando
aquella vieja música de Antonio De Bassi.
¡¡¡Te recordamos, hermano!!!... Siempre… siempre…
Marta Romero

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