EL INGRESO SOBRE DIAZ VELEZ Y MARIO BRAVO
El hasta no hace tanto tiempo un moderno
trencito, ataviado de lujo, que venía desde Castelar… y de Merlo… se introducía
lentamente en el viejo túnel de Mario Bravo y las vías del ahora ex Sarmiento y
mansamente comenzaba el descenso en suave pendiente para atravesar de oeste a
este el subsuelo de Almagro y Balvanera, a una profundidad que llega hasta los
23 metros bajo la avenida Rivadavia. Era la
versión moderna y ostentosa de los pasados cargueros que transitaban este
antiguo y escasamente conocido Túnel de Cargas del Ferrocarril Oeste, para dejar sus
mercancías en el Puerto de Buenos Aires.
Vista interior del angosto túnel de Cargas
En la historia de este camino oculto
hay anécdotas risueñas, pintorescas y algunas hasta misteriosas; decididamente
es uno de los lugares más emblemáticos del subsuelo de Balvanera y de Buenos
Aires.
La construcción fue hecha a pico y
pala, en socavón, como si fuera una mina en la ladera de una montaña. La obra empezó en 1912, simultáneamente desde ambos extremos, por obreros provenientes en su mayoría de países
europeos, aunque dirigidos por técnicos ingleses. Debido a la “Gran Guerra” –luego
llamada Primera Guerra Mundial– los trabajos se interrumpieron en varias
oportunidades, casi siempre por la falta de los materiales que debían
importarse.
salida en plaza Congreso a la altura del monolito del Km. 0
En los trabajosos comienzos, el túnel contaba con escasa ventilación y dado que
las formaciones eran impulsadas por locomotoras a vapor, muchas veces se debía
auxiliar a obreros que presentaban síntomas de asfixia por la acumulación de
anhídrido carbónico. Pensemos que para entonces no eran sencillos ni el auxilio
ni el rescate de los afectados. Por esos días, a la altura de la calle
Montevideo, fue colocado un gran ventilador, que
nunca llegó a funcionar, aunque durante mucho tiempo sirvió como un engañoso
mecanismo psicológico.
VISTA DE LA EFIMERA ESTACIÓN EN LA ZONA PORTUARIA
El lector tiene derecho a intrigarse y
preguntar de qué manera podía ser un mecanismo de esa clase. Asómbrese: la
corriente de aire que producían las formaciones al pasar, movía las paletas del
gigante, creando la imagen de una tranquilizadora ventilación. La solución real
llegó en el año 1922 con la electrificación del ramal; no más humo, no más
combustión encerrada allá abajo.
Una vez, durante el transporte de una
gran carga de granos volcó un vagón, y antes de que llegara la tropa de
emergencia, apareció un ejército de ratas que venían viajando en el tren como
polizontes. El hecho provocó un gran revuelo en la zona del puerto, mezcla de
asombro y temor. Tan es así que la impresión de las ratas perduró en el tiempo
y en el año 1949, cuando se inauguró un ramal efímero para el servicio de
pasajeros, se comentaba que algunos ruidos misteriosos escuchados durante los
viajes, eran producidos por los roedores, que para entonces se habían
reproducido en forma geométrica.
Pero los ruidos no eran acción de las
ratas, sino de los pequeños bólidos del servicio neumático del Correo
Argentino, impulsados por aire comprimido, que llevaban encapsulada
correspondencia desde la sucursal Medrano hasta el Correo Central, y que
compartían las paredes del Túnel de Cargas.
Históricamente los túneles –especialmente
durante el período de la Colonia– eran óptimos
conductos para el contrabando, en especial de origen inglés, muy
practicado en aquella época. Pero en tiempos más recientes, los nuevos y sofisticados contrabandistas utilizaban
el Tren de Cargas
para introducir sin riesgos mercaderías por fuera de la Aduana. La operación
era sencilla: ocultaban la mercancía en los vagones vacíos estacionados en la
terminal del Puerto, ésta era transportada en las maniobras y retirada
tranquilamente en las playas de carga en los alrededores de la Estación Once,
una operación fácil y sin mayores riesgos.
Originalmente el túnel tenía tres
accesos: uno lo comunicaba con el Palacio del Congreso, otro con el Correo
Central y otro con la Casa de Gobierno. Se especuló que, tras el
golpe militar de septiembre de 1955, el general Perón había utilizado un
pasadizo de aquel túnel, que llegaba hasta el tercer subsuelo de la Casa de
Gobierno, para llegar a la cañonera paraguaya que lo conduciría al exilio. Esta
versión nunca fue confirmada ni tampoco desmentida; no obstante, el caso es que
los tres accesos fueron clausurados.
Las vías de este ramal salen a la
superficie luego de bordear la Casa Rosada, frente a la Plaza Colón,
aproximadamente a la altura de Bartolomé Mitre, para empalmar allí con el
sector ferroviario del Puerto de Buenos Aires, que todavía subsiste. Aquellos
mismos rieles portuarios fueron utilizados hoy por un moderno trencito
turístico de escaso uso, que hacía un corto
recorrido entre las calles Córdoba y Juan de Garay. También fue levantado.
Bien sabemos que en la Plaza Congreso
se levanta el monolito que marca el Kilómetro 0 de las rutas nacionales –hoy
visiblemente abandonado–, el que es obra del escultor José Fioravanti. A
pocos metros de él, a la altura de la calle Virrey Cevallos, se puede observar
una estructura metálica de color negro, similar a una pequeña boca de subte.
Ésta cumplía dos funciones: era una salida de emergencia del Túnel de Cargas y
era a su vez una entrada al servicio neumático del Correo, como lo indicaba el
letrero que allí había.
Este servicio, especialmente
telegráfico, desde la sucursal Medrano tampoco existe, no corren por este túnel
los bólidos de acero del correo transportando correspondencia y asustando a los
pasajeros con su fragoso ruido. La negra estructura de la Plaza Congreso se
encuentra clausurada, y muchos paseantes no apresurados deben preguntarse ¿a
dónde conduciría esto? Y queda en el misterio.
Antiguamente también partían de
Balvanera, desde los talleres de Corrientes y Centroamérica (hoy Pueyrredón),
otros tres ramales de este ferrocarril. Uno que empalmaba con el San Martín
a la altura de la actual avenida del Libertador, otro, el Tren Fúnebre
que durante la epidemia de fiebre amarilla transportaba por Corrientes los
cadáveres hasta el cementerio de la Chacarita, y un tercero, el Tren de las
Basuras, que corría por Bustamante-Loria-Oruro, hasta La Quema.
Hoy el servicio de cargas del
Ferrocarril del Oeste dejó de funcionar, y junto con él se levantaron gran
parte de las vías férreas que surcaban el país, lo que dejó incomunicados a
centenares de pequeños pueblos del interior, dando así
prioridad a la carga mediante grandes camiones. Aún así,
existe un ramal del Ferrocarril San Martín que llega hasta el Puerto,
transportando mercaderías y que sustituye en parte al antiguo servicio del
emblemático ramal que estamos evocando.
Desde 1997 el túnel fue utilizado por un
lujoso servicio de pasajeros con aire acondicionado y música funcional, que
parte desde Castelar y llega a la terminal a nivel de Puerto Madero, donde se
levanta una pequeña y pintoresca estación, a escasos metros de la Secretaría de
Marina. Servicio hoy suspendido.
Sin embargo, cuando
el moderno trencito se internaba en las entrañas de la tierra a 23 metros de
profundidad, claro que muy lejos del viaje de Julio Verne al “Centro de la
Tierra”, los recuerdos y los miedos podían
producir un ligero estremecimiento. Porque en esa profundidad andaban los
bólidos de acero del Correo, las ratas y el aire caliente que resoplaban las
viejas locomotoras a vapor que ya no son.
Claro que no cualquiera podía pasar por
la experiencia, solamente por el costo del pasaje, aunque al menos por una sola
vez valía la pena hacer este recorrido al centro de la tierra, a través del
misterio y la historia.
Lamentablemente, el
servicio fue desafectado, por considerarse poco seguro y además poco redituable
para la empresa privada que lo explotaba. Hoy por hoy, el túnel quedó total abandono. ¡¡¡Lamentable!!!
Miguel Eugenio Germino
Fuentes:
-Ruiz Díaz, Sergio,
“Los Túneles del Ferrocarril Oeste”, Todo es Historia, n° 356 de marzo 1997.
-Trueba, Carlos M, Almagro: el pasado que perdura,
Fundación Banco Boston, 1989.
-Werkenthien,
Cristián G., El transporte en Buenos
Aires, Asociación Amigos del Tranvía, Buenos Aires, 1930.
-http://www.suipacha.gba.gov.ar/turismo_y_recreación/trenes.htm




No hay comentarios:
Publicar un comentario