jueves, 27 de noviembre de 2025

ANECDOTAS DEL RAMÁL DE CARGAS DEL FCO

         EL INGRESO SOBRE DIAZ VELEZ  Y MARIO BRAVO
 

 Anécdotas, curiosidades y misterios del Tren de Cargas del Ferrocarril Oeste


El hasta no hace tanto tiempo un moderno trencito, ataviado de lujo, que venía desde Castelar… y de Merlo… se introducía lentamente en el viejo túnel de Mario Bravo y las vías del ahora ex Sarmiento y mansamente comenzaba el descenso en suave pendiente para atravesar de oeste a este el subsuelo de Almagro y Balvanera, a una profundidad que llega hasta los 23 metros bajo la avenida Rivadavia. Era la versión moderna y ostentosa de los pasados cargueros que transitaban este antiguo y escasamente conocido Túnel de Cargas del Ferrocarril Oeste, para dejar sus mercancías en el Puerto de Buenos Aires.


                                 Vista interior del angosto túnel de Cargas

En la historia de este camino oculto hay anécdotas risueñas, pintorescas y algunas hasta misteriosas; decididamente es uno de los lugares más emblemáticos del subsuelo de Balvanera y de Buenos Aires.

La construcción fue hecha a pico y pala, en socavón, como si fuera una mina en la ladera de una montaña. La obra empezó en 1912, simultáneamente desde ambos extremos, por obreros provenientes en su mayoría de países europeos, aunque dirigidos por técnicos ingleses. Debido a la “Gran Guerra” –luego llamada Primera Guerra Mundial– los trabajos se interrumpieron en varias oportunidades, casi siempre por la falta de los materiales que debían importarse.


                    salida en plaza Congreso a la altura del monolito del Km. 0

 En los trabajosos comienzos, el túnel contaba con escasa ventilación y dado que las formaciones eran impulsadas por locomotoras a vapor, muchas veces se debía auxiliar a obreros que presentaban síntomas de asfixia por la acumulación de anhídrido carbónico. Pensemos que para entonces no eran sencillos ni el auxilio ni el rescate de los afectados. Por esos días, a la altura de la calle Montevideo, fue colocado un gran ventilador, que nunca llegó a funcionar, aunque durante mucho tiempo sirvió como un engañoso mecanismo psicológico.


                                  VISTA DE LA EFIMERA ESTACIÓN EN LA ZONA PORTUARIA

El lector tiene derecho a intrigarse y preguntar de qué manera podía ser un mecanismo de esa clase. Asómbrese: la corriente de aire que producían las formaciones al pasar, movía las paletas del gigante, creando la imagen de una tranquilizadora ventilación. La solución real llegó en el año 1922 con la electrificación del ramal; no más humo, no más combustión encerrada allá abajo.

Una vez, durante el transporte de una gran carga de granos volcó un vagón, y antes de que llegara la tropa de emergencia, apareció un ejército de ratas que venían viajando en el tren como polizontes. El hecho provocó un gran revuelo en la zona del puerto, mezcla de asombro y temor. Tan es así que la impresión de las ratas perduró en el tiempo y en el año 1949, cuando se inauguró un ramal efímero para el servicio de pasajeros, se comentaba que algunos ruidos misteriosos escuchados durante los viajes, eran producidos por los roedores, que para entonces se habían reproducido en forma geométrica.

Pero los ruidos no eran acción de las ratas, sino de los pequeños bólidos del servicio neumático del Correo Argentino, impulsados por aire comprimido, que llevaban encapsulada correspondencia desde la sucursal Medrano hasta el Correo Central, y que compartían las paredes del Túnel de Cargas.

Históricamente los túneles –especialmente durante el período de la Colonia– eran óptimos conductos para el contrabando, en especial de origen inglés, muy practicado en aquella época. Pero en tiempos más recientes, los nuevos y sofisticados contrabandistas utilizaban el Tren de Cargas para introducir sin riesgos mercaderías por fuera de la Aduana. La operación era sencilla: ocultaban la mercancía en los vagones vacíos estacionados en la terminal del Puerto, ésta era transportada en las maniobras y retirada tranquilamente en las playas de carga en los alrededores de la Estación Once, una operación fácil y sin mayores riesgos.

Originalmente el túnel tenía tres accesos: uno lo comunicaba con el Palacio del Congreso, otro con el Correo Central y otro con la Casa de Gobierno. Se especuló que, tras el golpe militar de septiembre de 1955, el general Perón había utilizado un pasadizo de aquel túnel, que llegaba hasta el tercer subsuelo de la Casa de Gobierno, para llegar a la cañonera paraguaya que lo conduciría al exilio. Esta versión nunca fue confirmada ni tampoco desmentida; no obstante, el caso es que los tres accesos fueron clausurados.

Las vías de este ramal salen a la superficie luego de bordear la Casa Rosada, frente a la Plaza Colón, aproximadamente a la altura de Bartolomé Mitre, para empalmar allí con el sector ferroviario del Puerto de Buenos Aires, que todavía subsiste. Aquellos mismos rieles portuarios fueron utilizados hoy por un moderno trencito turístico de escaso uso, que hacía un corto recorrido entre las calles Córdoba y Juan de Garay. También fue levantado.

 Bien sabemos que en la Plaza Congreso se levanta el monolito que marca el Kilómetro 0 de las rutas nacionales –hoy visiblemente abandonado–, el que es obra del escultor José Fioravanti. A pocos metros de él, a la altura de la calle Virrey Cevallos, se puede observar una estructura metálica de color negro, similar a una pequeña boca de subte. Ésta cumplía dos funciones: era una salida de emergencia del Túnel de Cargas y era a su vez una entrada al servicio neumático del Correo, como lo indicaba el letrero que allí había.

Este servicio, especialmente telegráfico, desde la sucursal Medrano tampoco existe, no corren por este túnel los bólidos de acero del correo transportando correspondencia y asustando a los pasajeros con su fragoso ruido. La negra estructura de la Plaza Congreso se encuentra clausurada, y muchos paseantes no apresurados deben preguntarse ¿a dónde conduciría esto? Y queda en el misterio.

Antiguamente también partían de Balvanera, desde los talleres de Corrientes y Centroamérica (hoy Pueyrredón), otros tres ramales de este ferrocarril. Uno que empalmaba con el San Martín a la altura de la actual avenida del Libertador, otro, el Tren Fúnebre que durante la epidemia de fiebre amarilla transportaba por Corrientes los cadáveres hasta el cementerio de la Chacarita, y un tercero, el Tren de las Basuras, que corría por Bustamante-Loria-Oruro, hasta La Quema.

Hoy el servicio de cargas del Ferrocarril del Oeste dejó de funcionar, y junto con él se levantaron gran parte de las vías férreas que surcaban el país, lo que dejó incomunicados a centenares de pequeños pueblos del interior, dando así prioridad a la carga mediante grandes camiones. Aún así, existe un ramal del Ferrocarril San Martín que llega hasta el Puerto, transportando mercaderías y que sustituye en parte al antiguo servicio del emblemático ramal que estamos evocando.

Desde 1997 el túnel fue utilizado por un lujoso servicio de pasajeros con aire acondicionado y música funcional, que parte desde Castelar y llega a la terminal a nivel de Puerto Madero, donde se levanta una pequeña y pintoresca estación, a escasos metros de la Secretaría de Marina. Servicio hoy suspendido.

 Sin embargo, cuando el moderno trencito se internaba en las entrañas de la tierra a 23 metros de profundidad, claro que muy lejos del viaje de Julio Verne al “Centro de la Tierra”, los recuerdos y los miedos podían producir un ligero estremecimiento. Porque en esa profundidad andaban los bólidos de acero del Correo, las ratas y el aire caliente que resoplaban las viejas locomotoras a vapor que ya no son.

Claro que no cualquiera podía pasar por la experiencia, solamente por el costo del pasaje, aunque al menos por una sola vez valía la pena hacer este recorrido al centro de la tierra, a través del misterio y la historia.

Lamentablemente, el servicio fue desafectado, por considerarse poco seguro y además poco redituable para la empresa privada que lo explotaba. Hoy por hoy, el túnel quedó total abandono. ¡¡¡Lamentable!!!

 

                       Miguel Eugenio Germino

 

Fuentes:

-Ruiz Díaz, Sergio, “Los Túneles del Ferrocarril Oeste”, Todo es Historia, n° 356 de marzo 1997.

-Trueba, Carlos M, Almagro: el pasado que perdura, Fundación Banco Boston, 1989.

-Werkenthien, Cristián G., El transporte en Buenos Aires, Asociación Amigos del Tranvía, Buenos Aires, 1930.

-http://www.suipacha.gba.gov.ar/turismo_y_recreación/trenes.htm


 

No hay comentarios: