martes, 3 de septiembre de 2013

LÍNEA A DE SUBTES



Los antiguos coches de la Línea A: un depósito al aire libre

AL AIRE LIBRE




Los vagones Brugeoise forman parte del patrimonio cultural de todos los argentinos.



El Gobierno de la Ciudad está desoyendo a la Justicia al depositar los coches al aire libre y bajo el sol. Recordemos que la jueza Elena Liberatori dictó una medida que obliga a poner a resguardo de la intemperie y del vandalismo a estas unidades.

En su respuesta, la jueza en lo Contencioso Administrativo consideró válido el reclamo en lo que hace al valor histórico y cultural de esos bienes y recordó una intervención suya en un amparo presentado por bailarines del Teatro Colón en el que “el histórico escenario de ese teatro fue cortado en pedacitos a modo de souvenir, regalo empresarial que utilizó la compañía privada a la que se encargó su restauración”.

Estos coches no fueron diseñados para estar expuestos a los elementos y al vandalismo. Cada día que pase hará más difícil su conservación.



Ley 2.796 (Anexo). Como material rodante histórico, representativo de nuestro primer tranvía subterráneo, se deberían conservar al menos dos formaciones de cinco (5) coches, con el fin de realizar viajes históricos.

                                                                       MARTA ROMERO



                                                                                                                              





COMUNA CINCO



CONSULTIVO DE LA COMUNA CINCO
24 DE AGOTO DE 2013



Un nuevo Consultivo se realizó el sábado 24 de agosto pasado, día de mucho frio pero de fogoso debate, franco y emotivo. Emotivo  por el homenajeó a Ernesto Leikis, militante de Consejo, recientemente fallecido, y fogoso porque se debatió el presupuesto 2014, cuando aún no se cumplió el del 2013. Ni un solo peso llegó al Consejo hasta el momento para financiar su actividad, la que se realiza con el esfuerzo individual de sus miembros, en flagrante violación de la ley 1777, de Comunas.
La asamblea se solidarizó con los vecinos de la calle Díaz Vélez 3427 que resisten el desalojo, y que hasta el momento lograron frenarlo, y con nuestro Periódico Primera Página, víctima de cobardes y anónimas amenazas, las que arreciaron en estos meses preelectorales.
Como de costumbre cada comisión dio su informe y un bufete de gaseosas, café y tortas incorporaron la nota dulce de la tarde. Una tarde más y  un consultivo más, en la larga lucha por concientizar al vecindario en “la participación”  que es la única llave para resolver los problemas vecinales.    






 
 

DUILIO MARZIO





                 “Ayer fue primavera” para Duilio Marzio

UN ANTES Y UN DESPUÉS PARA DUILIO




     Bruno Duilio Peruccio: “Yo quería ser actor pero en mi época te preguntaban ¿de qué vas a vivir?”

     Nació el 27 de noviembre de 1923. En 1952 el actor estudiaba abogacía, para cumplir el deseo de sus padres, inmigrantes, “mi hijo el doctor”.

     Pero en lugar de leyes aprendió actuación junto al grupo de teatro universitario que dirigía Antonio Cunill Cabanillas. Fue su primera obra, en 1952, “Cómo él le mintió al marido de ella” y la segunda, ese mismo año, “Las tres caras de Eva”.

     Obtuvo importantísimos premios a lo largo de su carrera: Trinidad Guevara, Florencio Sánchez, Cóndor de Plata, María Guerrero y ACE.

     El maestro Cunil Cabanillas no se equivocó cuando en plena clase de teatro le dijo: “Tú abogado nada… Tú galán…”. “En esos años ser actor era como una fantasía, un hobbie. Por eso había que tener un título universitario. Pero me rebelé, lo bien que hice”, contó en una de sus últimas entrevistas.

     Duilio Marzio en el cine protagonizó: Días de odio (con Elisa Christian Galvé), La tigra (vpm Diana Maggi), Un guapo del 900 (con Alfredo Alcón), La caída (con Elsa Daniel), Ayer fue primavera (con Analía Gadé), El jefe (Alberto de Mendoza), El candidato (con Olga Zubarry), Sábado a la noche cine (Aída Luz), Paula cautiva (Susana Freire), Primero yo (Marilina Ross), En la ardiente oscuridad (Mirtha Legrand), A puerta cerrada (Inda Ledesma), La Raulito (Marilina Ross), Pobre mariposa (Graciela Borges), Las manos (Jorge Marrale) y otros títulos nacionales y en coproducción.

     En 1951 fue también pionero de la televisión: Tres muchachos y una chica, Obras maestras Philco, Gran Teatro Universal, Los premiados, Malevo, Alta Comedia, La posada del sol, Nuestros encuentros, Los 100 días de Ana, Una voz en el teléfono, Corazones de fuego, Se dice amor, Un cortado, Historias de café, entre  otros títulos. Por radio hizo la adaptación de “Lilí” con Zulma Faiad.

     Hace varias décadas se inauguró la galería “Villa Crespo”, en cuya ocasión Duilio Marzio, Ivana Kislinger (Miss Argentina) y Anita Casares, cortaron la cinta inaugural. La galería ya no existe.

     Duilio Marzio, teatro: Fin de semana, Amor en septiembre (Paulina Singerman), La gata sobre el tejado (Inda Ledesma), Bechet (Lautaro Murúa, Norma Aleandro), Mi bella dama (Beatriz Bonet), El proceso a Mary Dugan (Mirtha Legrand), Aplausos (Libertad Lamarque), Equus (Miguel Angel Solá), Borges y Perón (Víctor Laplace), El último encuentro (Hilda Bernard).

     Intervino en cantidad de fotonovelas como galán de Graciela Borges, María Vaner, Gilda Lousek, Isabel Sarli y Dora Baret.

     Fueron sus queridos compañeros, los que despidieron al galán del espectáculo en el velatorio en el Teatro Nacional Cervantes: Víctor Laplace, Pepe Soriano, Fernando Heredia, Pablo Moret, Leonor Manso, Diana Ingro, Hilda Bernard, Ana María Cachito, Susana Freire, Miguel Habud, Héctor Giovine, Alejandra Darín, Carlos Gorostiza, Horace Lanes, Adela Montes, Héctor Olivera y una multitud de amigos y admiradores.



Natan Blum






ESOS ANIMALITOS - RELATO




ESOS ANIMALITOS



Apenas le faltaban unos pasos a un viejo ciervo, que llegaba desfallecido, para alcanzar la orilla del río cuando se desplomó. Observándole desde lo alto se encontraba un buitre, una zorra tras un matorral y un coyote más allá, aunque pronto se sumaron otros comensales más.
–¡Benditos dioses!, no han sido en vano mis plegarias. Días son los que ando tras él, y cómo buena presa bajo mis garras ha venido a caer, así que, por favor –con un tono bastante severo– retiraros de la plaza, la feria se da por finalizada. Entusiasta se mostraba el buitre, no en vano había tomado primero la palabra.
–¡Ja! A estas alturas y con esas necedades, aquí no hay ruegos que suenen, ni a callar se adhieren los truenos. Esto ha caído en territorio de nadie y al reparto nos debemos. A duras penas propuso el coyote, ante tan suculento manjar.
–No hay plegarias ni razones que consuelen la pena de una madre. Entre todos debéis alzarlo hasta mi morada. Son muchos los días que mis cachorros no se llevan nada a sus bocas, y por si fuera poco, el frío anda cerca y no tengo nada en la despensa. ¡Pobre de mí! ¿Qué será de nosotros?. Desconsolada, se prodigaba la zorra con labia y lamentos.
–Bueno, bueno, no es para ponerse así mujer, algo se podrá hacer por los más necesitados, después de todo… se le ve bastante hermoso. Volvió a plantear el buitre, viendo que la cosa se complicaba, pues cada vez eran más los ojos que se añadían al banquete, y ante tal necesidad optó por congratularse con la zorra.
–Será mejor que lleguemos a un acuerdo a través de un consenso o buscar otra forma de aclarar esto, pues de todos es conocido y sabido que las lenguas no engendran, que se requiere de otras respuestas. No conforme el coyote, y ante la posibilidad de que el buitre y la zorra se liasen, pidió, entre los asistentes, otra opinión. En esto, se acerca un halcón que desde que divisó al buitre le seguía, con la seguridad que algo él alcanzaría.
–No sé, no sé qué pensará el resto de vuestras alegorías… pero, si a la existencia nos remitimos, desligándonos de sentimentalismos, imaginaciones u otras mercaderías, la realidad es que todos tenemos derecho, puesto que están en juego nuestras vidas, no es el alimento, por estos lugares, lo mejor que se prodiga. Mientras que hablaba, el halcón miraba cómo los animales se iban acercando al lugar donde había caído el ciervo, que, ya, en pie, se adentraba en el río. Atónitos quedaron cuando vieron que su reñida comida, con la corriente, desaparecía.

Rosa María Alemán Díaz