domingo, 20 de septiembre de 2009

ACTO ASAMBLEA EN PLAZA ALMAGRO

JORNADA POR EL MEDIO AMBIENTE, EL PARQUE DE LA ESTACIÓN Y EL CORREDOR VERDE AL OESTE


El domingo 20 de septiembre pasado la Asamblea Popular de Plaza Almagro realizó otra exitosa jornada en la Plaza, con una charla-debate sobre el glifosato y sus consecuencias para la salud a cargo del Dr. Osvaldo Rafael Fornari, en la que participaron más de cien vecinos.

Simultáneamente se recrearon con juegos a más de 80 chicos en una hermosa tarde, como verdadero anticipo primaveral.

A su término en una bulliciosa manifestación mas de 50 vecinos se trasladaron hasta el mural de Díaz Vélez entre Bulnes y Mario Bravo donde plantaron tres arbolitos como símbolo y reclamo a fin de lograr la realización del Parque de la Estación y el Corredor Verde al Oeste.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

CHARLA SOBRE EL GLIFOSATO


CONVOCATORIA A LOS VECINOS: El glifosato y sus consecuencias para la salud Domingo 20 de septiembre 14.30 hs. en la Plaza Almagro charla sobre el tema glifosato con el Dr. OSVALDO RAFAEL FORNARI Al cierre de la actividad marcharemos hacia el mural de Díaz Vélez entre Mario Bravo y Bulnes para pedir por el Parque de la Estación Convocan: ASAMBLEA POPULAR DE PLAZA ALMAGRO y sus 30 organizaciones adheridas. vecinosdecomuna5@yahoo.com.ar www.appa.almagro.blogspot.com (PELIGRO5’ AGRONEGOCIOS GLI FOSATO Herbicida con el que se fumiga la soja, provoca contaminación del suelo y el agua ocasionando alergias, problemas respiratorios y cáncer.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

PRIMERA PAGINA Y SUS 16 AÑOS EN EL BARRIO


PRIMERA PÁGINA CUMPLE 16 AÑOS

Con este número 177 nuestro periódico cumple 16 años de vida, con una acción periodística que año a año ha adquirido una dimensión impensada en sus comienzos, allá por septiembre de 1993, cuando fue gestado en el desaparecido Bar América de la esquina NE de Corrientes y Billinghurst.

Pasado el tiempo fue contrayendo un compromiso cada vez mayor con el barrio, la historia, la memoria, los derechos humanos y con una forma de entender y bregar por la justicia social.

Son 177 ediciones consecutivas que respaldan una trayectoria consecuente de presencia mes a mes en los kioscos, comercios, escuelas, teatros e instituciones, a lo largo y ancho de los barrios de Balvanera y Almagro.

Hoy sentimos una enorme satisfacción, y un gran peso de responsabilidad para continuar

PRIMERA PÁGINA


EDITORIAL Nº 177 (SEPTIEMBRE 2009)

“Dichoso aquel que puede conocer las causas de las cosas.”

Publio Virgilio Marón (70 al 19 a. C.)

Reflexión acertada la del poeta romano, más conocido como “Virgilio”, autor entre otras obras de la Eneida, que fuera guía de Dante en su Divina Comedia para atravesar el infierno y el purgatorio. Independientemente de Virgilio, Dante, el Purgatorio y el Infierno, aunque figuras éstas de dudosa existencia, son símbolos que remarcan la situación que está viviendo en la actualidad el mundo y el país, donde reina la injusticia, la prepotencia, las guerras y la putrefacción generalizada.

Son muchas y notorias las causas por hechos de corrupción que en nuestro país nunca fueron esclarecidas por la justicia, a las que se agregan día a día otras que difícilmente se clarifiquen alguna vez.

A los crímenes militares de la Dictadura, aún impunes, se agregan los crímenes civiles cometidos por el cerebro gris oscuro de aquel régimen, el lúgubre personaje José Alfredo Martínez de Hoz, quien inició la secuencia de entrega del país, que convalidarían sus continuadores, Domingo Cavallo el principal, por sólo nombrar uno.

Argentina no es deudora sino acreedora, según manifiesta el investigador Andrés E. Chmelik Martínez en su libro Argentina País Acreedor. Allí se desnudan los actos corruptivos impunes que llevaron a nuestra nación a la actual situación de endeudamiento, entrega y descalabro en que se encuentra.

Argentina no es deudor sino “acreedor”, repitamos, por los constantes desfalcos sufridos, de los que sí son culpables de traición a la patria presidentes y ministros de la especie de Carlos Saúl Menem y Domingo Cavallo, aún libres, y de otros que continuaron con su nefasta política.

Algunos apellidos para no olvidar: Alemann, Sigaut, Machinea, López Murphy, Lavagna; todos incursos en aquel delito, por el que debieran ser juzgados y condenados. También debería ser juzgado por tribunales internacionales el Fondo Monetario, por el sometimiento perpetrado a países y pueblos.

“Dichosos aquellos que puedan conocer las causas de las cosas”, porque conociéndolas se detectan las falencias, las traiciones, las trampas y las miserias en el país y en el mundo. No es mirando hacia otro lado u olvidando el pasado como vamos a abordar el futuro.

El mundo, en especial Latinoamérica, está marcando un nuevo camino para salir del estancamiento, de las injusticias sociales, y del vasallaje a que están o estuvieron sometidos tantos países, principalmente por la potencia hegemónica del planeta, los Estados Unidos. Se halle gobernada ésta por un blanco, un negro o un mestizo, todo depende de quién detenta el poder real, que no son otras que las multinacionales y los grandes potentados, los verdaderos gobernantes en las sombras.

En la Argentina los factores de poder se encuentran en un claro proceso de subversión golpista, encabezados por elementos políticos desprestigiados. Tales la Sociedad Rural -Mesa de Enlace mediante-, con la cobertura del grueso de los medios monopólicos que dominan la prensa, la radio y la televisión.

Sin embargo, nace una esperanza en América, con países que ya se liberaron de las ataduras del Imperio, y de otros que se encuentran en camino de lograrlo. Existen herramientas eficaces para alcanzar esa liberación: El MERCOSUR, el ALBA, la UNASUR, el BANCO DEL SUR, y otras entidades, promovidas por países como Venezuela, Ecuador y Bolivia, que se encuentran inmersos en este proceso inédito de la historia.

Ya no hay soluciones en las antiguas recetas del neoliberalismo caduco, ni en el keynesianismo gatopardista. Otros aires soplan en esta región del planeta, preanunciando que un nuevo momento no se halla lejano.

¡Se puede, es posible! Está latente la memoria de hombres como San Martín, Bolívar, Artigas, Martí, Mariátegui, Sandino, Arbenz, que fueron entre muchos los que marcaron un rumbo que nunca debimos abandonar.

Hasta la Próxima

ESPACIOS VERDES EN BALVANERA Y ALMAGRO


Titulo: un poco de números con algo de letras

Almagro, con una superficie de 4,1 kilómetros cuadrados y con 128.206 habitantes (71.821 mujeres y 56.385 varones, según el último censo del 2001), es el barrio con mayor densidad poblacional: 34.321 habitantes por kilómetro cuadrado.

El barrio tiene una sola plaza, que lleva su mismo nombre, de apenas una manzana, aproximadamente unos 14.400 m2. Si dividimos esta superficie por los 128.206 habitantes, tenemos 0,1123 metros cuadrados por persona, lo que equivale a 9 personas para cada metro de verde. Ni en el más repleto colectivo o subte a las horas “pico” se produce tal hipotético apretujamiento.

Por su parte, Balvanera tiene 4,4 kilómetros cuadrados de superficie y 137.521 habitantes (76.332 mujeres y 61.189 hombres), lo que representa una densidad de 31.255 habitantes por kilómetro cuadrado. Está algo más privilegiado en cuanto a plazas que Almagro, tiene varias, aunque más pequeñas, como “Plaza Miserere”, con un gran sector siempre utilizado como lugar de tránsito más que de espacio verde, que es escaso. En efecto, actualmente está dividida en dos: una plaza pequeña y cerrada de menos de 10.000 m2 de verde, y el resto un sector cementado para el movimiento peatonal.

Además la plaza Primero de Mayo, con unos tres cuartos de manzana -8.000 metros-, y algo menos aún la “Velasco Ibarra” (ex Sargento Cabral) con 7.000 metros de verde. Completan el cuadro dos pequeñas plazas, la “González Tuñón” y la “Fumarola”, que ambas juntas llegan apenas a los 4.500 metros cuadrados.

De la suma de todas se llega a 29.500 m2 de verde, que dividido por la población de la zona arroja una fracción de 0,2145 metros cuadrados de verde por habitante (o sea casi cinco personas por metro cuadrado).

Tenemos así que Almagro y Balvanera son los barrios de Buenos Aires con menores espacios verdes, como promedio -y para no abrumarnos con más números-, imaginemos seis personas metidas en cada metro cuadrado. Una miseria, de la que ningún gobernante, ni local ni nacional, se avergüenza ni se hace cargo. Toda una verdadera porquería ecológica, indignante, al pensar que en el mundo existen ciudades con más de 20 metros cuadrados de verde por habitante.

Por último Boedo, el barrio que debe compartir con Almagro la futura Comuna 5, ocupa una superficie de 2,6 kilómetros cuadrados y con sus 45.563 residentes (24.556 mujeres y 21.007 hombres), registra una densidad de 17.524 habitantes por kilómetro cuadrado. Su particularidad es que no cuenta hasta el momento con ninguna plaza, salvo el espacio que vienen peleando los vecinos desde hace casi dos años, la futura Plaza Mariano Boedo, en Loria y Humberto Primo.

Semejantes numeritos, acompañados de algo de letras, son argumentos demasiado sólidos como para demostrar el enorme déficit de espacios verdes, situación que día a día se comprime, dada la construcción indiscriminada y sin planificación en una Buenos Aires que se ahoga.

Para empeorar el horizonte, ¿cuánto se han agravado en ocho años estos datos del censo 2001?

Entendemos que hay sobrados motivos para que se declare a estos barrios en emergencia ecológica.

Este brevísimo cuadro de situación pone en evidencia que es más que urgente y necesario dar inicio y terminación a las obras del Parque de la Estación, Corredor Verde al Oeste y Plaza Mariano Boedo. No valen evasivas y justificaciones de si le corresponde a la Ciudad o al Gobierno Nacional. Lo concreto es que ¡¡corresponde!!

Hasta la próxima

ESTACIÓN 11 DE SEPTIEMBRE DEL FCO.


METAMORFOSIS DE LA ESTACIÓN 11 DE SEPTIEMBRE

DEL FERROCARIL OESTE

Tal vez el sitio de Buenos Aires que experimentó una de las mayores transformaciones a través del tiempo fue el primitivo Hueco de Miserere, que pasó de ser corrales, matadero, plaza de carretas, mercado de frutos, a ser plaza y estación del primer ferrocarril del país.

En el sector se levantan hoy la Plaza Miserere y el monumental edificio de la Estación, construido en 1896 por el arquitecto holandés John Doyer (1862-1939).

Desde el primitivo apeadero levantado en 1857 hasta hoy, se sucedieron no menos de cinco construcciones de esta emblemática estación, que pasó a ser cabecera en el año 1883 tras la demolición de la terminal “Del Parque”, situada en el lugar donde hoy se alza el Teatro Colón.

El primer ferrocarril argentino, inaugurado el 29 de agosto de 1857, cuya traza seguirá la huella que dejaron las carretas por el antiguo “Camino real al oeste”, fue construido y administrado por una empresa de capitales privados argentinos, la “Sociedad del Camino de Fierro” integrada por notorios apellidos como Lavallol, Miró, Guerrico, Larroudé, de la Riestra, Van Praet, Gowland, Basavilbaso y Ramms.

El tren conducido por la histórica locomotora “La Porteña” avanzará desde su terminal en la Estación “Del Parque”, por la calle del mismo nombre (hoy Lavalle), hasta alcanzar la calle Corrientes, a través del sector conocido entonces como “Horno de Bayo” o “Curva de los Olivos”, más tarde “Curva de los Jesuitas”, después “Pasaje Rauch” y hoy peatonal “Enrique Santos Discépolo”. Continuaba por Corrientes, en forma terraplenada, hasta llegar a Centroamérica (actual Pueyrredón). Allí giraba bruscamente para alcanzar el entonces “Mercado del Oeste”, donde se hallaba el primitivo apeadero “11 de Septiembre”, en la intersección de las actuales Bartolomé Mitre y Ecuador; apenas un barracón de madera que con el tiempo se convirtió en estación ferroviaria.

Aquella zona fue históricamente conocida como “Miserere”, hasta que en 1853 el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Pastor Obligado, la denominó por decreto “11 de Septiembre”, como un lamentable homenaje a la fecha en que la Provincia se separó de la Confederación Argentina, en el año 1852. Debe recordarse que la ciudad de Buenos Aires perteneció a la Provincia, hasta que fue constituida en Capital Federal en 1880.

El primer tren que atravesó los suburbios de la ciudad fue recibido con cierta desconfianza por los habitantes, temerosos de que las locomotoras al marchar por las calles provocaran derrumbes. No obstante ese recelo, crónicas de la época describen la algarabía del pueblo ante al trascendente acontecimiento: “Banderas y gallardetes de todos los colores flamearon al viento y músicas militares poblaron los aires con alegres armonías. Hombres, mujeres, ancianos y niños se dirigían al Parque. No menos de 30.000 espectadores saludaban con aclamaciones, pañuelos y sombreros a la primera locomotora (La Porteña) que, adornada con flores y banderas, corría a triunfar hacia el desierto…”

Tales las contradicciones del humor popular de entonces, que quedaron reflejadas en la prensa.

La precariedad de las primitivas estaciones la mayoría simples apeaderos hizo que ya en 1869 se planteara su reemplazo por nuevas construcciones, que al menos tuvieran alguna apariencia de estación ferroviaria.

LA SEGUNDA EDIFICACIÓN DE LA ESTACIÓN 11 DE SEPTIEMBRE

Era una construcción de madera, con techo a dos aguas, emplazada sobre una plataforma sobre-elevada del piso junto con el andén que alcanzaba el nivel adecuado para subir a los vagones. En su interior había distintas dependencias, como la boletería y la oficina del jefe de Estación. Los faldones asimétricos del techado se prolongaban sobre la plataforma con el fin de proteger el andén del sol y la lluvia. Los cerramientos eran de tablas de madera verticales encastradas, y sobre el frente principal se exhibían carteleras con horarios y noticias de interés para el público usuario. A los costados, separados del núcleo principal, se levantaban los galpones de mantenimiento y depósitos, que también eran de madera y se alineaban a lo largo de la actual calle Bartolomé Mitre, desde Ecuador hasta Bermejo (hoy Jean Jaurés). Esta construcción funcionó como Estación 11 de Septiembre hasta el año 1882.

Ya hacia 1873 se consideraba la conveniencia de levantar la terminal Del Parque y las vías, e iniciar la línea desde la estación Once, puesto que dicho tramo constituía una traba para el avance de la urbanización. Un decreto del año 1878 dispuso el traslado, que recién se hizo efectivo en enero de 1883.

En junio de 1884 se instalarían en aquel sitio que ocupara la terminal, las oficinas del Estado Mayor General del Ejército, hasta que en 1886 el Concejo Deliberante autorizó la construcción del actual Teatro Colón, en ese mismo lugar.

TERCERA EDIFICACIÓN DE LA ESTACIÓN 11 DE SEPTIEMBRE

En enero de 1883 se habilita la tercera construcción de la estación, también sobre la actual calle Bartolomé Mitre, entre Jean Jaurés y Anchorena, de características similares a la anterior, aunque de mayores proporciones y con otras comodidades.

Tenía techo de tejas a dos aguas, grandes aleros que se prolongaban en galerías al frente y sobre el andén, con un cerco perimetral, rodeada de terraplenes parquizados que delimitaban un amplio sector para el estacionamiento de carruajes de carga y descarga. Contaba además la estación con un restaurante anexo, y los galpones y depósitos que completaban el complejo.

El gobierno provincial se había hecho cargo de este ferrocarril el 1º de enero de 1863 y lo administró por espacio de 27 años, aunque por el incremento de los gastos y el escaso ajuste que se hacía de las tarifas, su rendimiento se redujo. A ese hecho debe agregarse la desacreditación de la cosa pública, llevada a cabo por sectores privatistas, una constante en la vida política argentina. El caso es que durante los 27 años en que la línea perteneció al gobierno provincial fue una empresa eficiente, cumplidora con sus obligaciones para con pasajeros y cargadores, cobró tarifas razonables, muy reducidas en comparación a las fijadas por los ferrocarriles de capitales ingleses.

El presidente Juárez Celman (1886-1890), que comulgaba con aquellas ideas, promueve la venta a capitales ingleses, tal como lo había anunciado en 1887: “Pienso vender todas las obras públicas productivas, para pagar con oro nuestra deuda, porque estoy convencido de que el estado es el peor de los administradores.”

Los criterios acerca del tratamiento de los bienes públicos son históricos y Juárez Celman incurrió en la contradicción de que, siendo él cabeza del Estado, afirmaba al mismo tiempo que éste era mal administrador.

Opinaba en cambio Raúl Scalabrini Ortiz, en su Historia de los Ferrocarriles Argentinos: “En 1887 el Ferrocarril Oeste es ya condenado a su muerte (…) iba a ser rápidamente desacreditado ante la opinión pública. Se dispone construir doble vía hasta Moreno, aunque el tráfico no lo justificaba. Se amplía la estación del Once. Se pavimentan a cargo del Oeste las calles cercanas la estación cabecera (…) Las tarifas son aumentadas en un 25%, y aún son más bajas que los ferrocarriles ingleses. (…) Los rendimientos, reflejo de la administración desajustada, caen a niveles inesperados (…) El Ferrocarril Oeste entra así, ingloriosamente, en su período comatoso. Esta maniobra, tan contraria a la salud del país, sorprende menos cuando se recuerda que los principales promotores a cuya pericia estaba confiada en esos años la dirección del Ferrocarril Oeste, serían los que continuarían dirigiéndolo después de la venta, al servicio entonces de los nuevos amos ingleses.”

Así la amenaza privatista se cumple el 1º de julio de 1890.

CUARTA EDIFICACIÓN DE LA ESTACIÓN 11 DE SEPTIEMBRE

Comenzó a construirse en 1896 bajo la dirección del arquitecto holandés John Doyer y se prolongó en varias etapas hasta 1907, con una sucesión de estilos, que aun así no perjudicaron la armonía del conjunto edilicio.

El frente principal sobre la Avenida Pueyrredón y Bartolomé Mitre presenta una visión ecléctica del estilo victoriano tardío. Integrado por las oficinas centrales con una majestuosa escalinata que lleva al primer piso en el cual confluyen pasillos y patios inferiores, iluminados en forma natural mediante claraboyas, que recuerdan algunos tramos de Galerías Pacífico. El revestimiento cerámico de las paredes se encuentra aún en buen estado de conservación, al igual que el embaldosado de sus pisos, pese al enorme trajinar que soportan.

Ostenta dos fachadas similares, una sobre Pueyrredón y otra sobre Bartolomé Mitre. A continuación de ésta se alzaba la significativa nave metálica de chapa y vidrio, típicas de las grandes estaciones ferroviarias de entonces, que ocultaban los andenes y a la vez protegían del frío y la lluvia. La nave era una sucesión de varias arcadas, sostenidas por pilastras de hierros. Este sector y buena parte de los muros exteriores fueron destruidos en 1973. Pese a que guardaban coherencia con la construcción principal, fueron sustituidos por paneles de dudoso buen gusto y calidad. Se confundió lo nuevo con lo bueno, y quedó aquello como un injerto.

El edificio principal, tal como lo conocemos hoy, es el resultado de un proceso de añadiduras de varias edificaciones. En la actualidad pasó a integrar el edificio la ex Bolsa de Cereales, sobre la esquina de Pueyrredón y Perón, unido por un sector intermedio entre los andenes y el edificio original, con una estructura de grandes luces, que alberga boleterías junto a locales comerciales, totalmente extraños a la línea original. En el año 2007/08 se reestructuró este sector intermedio, pero nada se agregó a la armonización del conjunto.

Miguel Eugenio Germino

FUENTES:

-Aslan, Liliana y otros, Buenos Aires, Balvanera, Facultad de Arquitectura UBA.

-Buenos Aires nos cuenta, nº 8 de abril de 1988.

-http://es.wikipedi/Wiki/ferrocarril_oeste_de_Buenos_Aires.

-http://www.dsostenible.com.ar/situación/cvoeste.

-http://www.taringa.nrt/posts/info/1004808/el-primer-ferrocarril.

-http://www.wapedia.mobi/es/estaci%c83n_once.

-Scalabrini Ortiz, Raúl, Historia de los Ferrocarriles Argentinos, Lancelot, 2006.

-Werckenthien, Cristian, Asociación

Amigos del Tranvía, 1930.

huelga en los conventillos (1907)


13 DE SEPTIEMBRE DE 1907:

HUELGA DE INQUILINOS

“Hasta los muchachos toman participación activa en la guerra al alquiler. Ante los objetivos de nuestras máquinas, desfilaron cerca de 300 niños y niñas de todas las edades, que recorrieron las calles de La Boca en manifestación, levantando escobas, ‘para barrer a los caseros’. Cuando la manifestación llegaba a un conventillo recibía un nuevo contingente de muchachos, que se incorporaba a ella entre los aplausos del público…”

Caras y Caretas Nº 468, 21 / 09 / 1907

Como resultado de la masiva, indiscriminada y mal planificada inmigración de aquella “sociedad modelo del 80”, y de la imprevisión de los gobiernos de entonces, se produjo entonces un enorme déficit habitacional, fundamentalmente en la ciudad de Buenos Aires. Como consecuencia, nace el “conventillo”.

Sectores inescrupulosos y especuladores encontraron fácil lucro en el alquiler, a valores inflados, de minúsculos y enfermizos cubículos de 3 x 3, mal iluminados, en los cuales no vacilaron en “apilar carne humana” a fin de obtener suculentas rentas.

Bajo el peso de tales estrecheces sobrevino la reacción, el reclamo, la resistencia y la huelga de inquilinos, un insólito movimiento que en 1907 ganó rápidamente las barriadas populares contra el brutal atropello, y que se extendió además a Lomas de Zamora, Avellaneda, Rosario, Córdoba, Bahía Blanca y Mar del Plata.

UN POCO DE HISTORIA

Ya en 1774 existían en el Buenos Aires colonial algunas formas de viviendas con alta concentración de familias. Serían las precursoras del conventillo, edificios cuyos ilustres propietarios eran apellidos como Carricaburu y Merlo entre otros y, por su parte, nada menos que La Compañía de Jesús.

En los primeros años de nuestra independencia se construyeron casas de dos plantas, a los fines de extraerles renta. Tras la caída de Rosas en 1852 se inició un proceso de “reorganización y modernización”, que no fue otra cosa sino adaptar el país a las exigencias del desarrollo capitalista mundial.

El inmigrante europeo, que venía a cubrir los espacios dejados en la pampa por la expulsión y aniquilación del indio (campaña del desierto mediante), no se alejó de Buenos Aires ni de las grandes urbes. Entre 1869 y 1910 ingresaron al país más de dos millones y medio de extranjeros, que tampoco eran mano de obra calificada, como se aspiraba, sino que eran trabajadores expulsados de sus países por las guerras y las persecuciones políticas.

De los habitantes urbanos del año 1914, la mayoría eran extranjeros, con lo que la ciudad debió albergar a más de la mitad de los recién llegados, pasó de los 55.000 habitantes de 1810 a 1.576.000 en 1914. De éstos, 964.000 eran extranjeros, el 60% de la población.

Se inauguraba el período que establecía la secuencia: del barco al Hotel de Inmigrantes y de ahí al conventillo.

EL CONVENTILLO

El conventillo, como hábito de hacinamiento, no era un fenómeno exclusivamente argentino. Se estableció también en Londres, París, Dublin, Edimburgo y otras ciudades europeas, como resultado de la Revolución Industrial.

Con las considerables olas inmigratorias debió haberse duplicado o triplicado la capacidad habitacional, cosa que no fue prevista y por ende tampoco ocurrió. En cambio, al haber quedado vacantes numerosas casonas de familias pudientes en el Barrio Sur, cuando sus dueños se trasladaron al Barrio Norte para escapar de la fiebre amarilla de 1871, éstas se convirtieron -con un superficial acondicionamiento- en grandes conglomerados habitacionales. A su vez otros edificios de la época colonial, así como nuevas y precarias construcciones hechas con materiales de bajísima calidad y costo, se usaron también para hacinar allí a una demanda poco exigente.

Habitaciones en hilera, de escasa o nula ventilación, alojaban a familias de seis o más miembros y servían de cocina, comedor y en algunos casos hasta de taller. Asimismo solían agruparse hasta seis hombres solos, para aliviar el alto costo del alquiler, impagable con los escasos salarios de entonces. Hasta se llegó al colmo de alquilar en las noches de verano parcelas de 2 x 1 en los patios, e instalar la llamada “cama caliente”, utilizada de día por aquellos que trabajaban de noche.

El moblaje de estos lugares era más que humilde, apenas unas desvencijadas sillas y perniquebradas mesas, entre paredes húmedas, descascaradas y hasta cubiertas de verdín, parásitos y otras inmundicias.

Mientras un sector pequeño de la sociedad daba rienda suelta a sus vicios en París, aquí en Buenos Aires la cuarta parte de la población debía conformarse con vivir en estas afligentes condiciones.

La “época de oro” del conventillo se da hacia 1880, cuando Buenos Aires registraba 1.770 de estas viviendas, con 24.000 habitaciones y más de 52.000 moradores. Bajo esta modalidad en constante crecimiento, hacia 1887 se contaban 2.880 conventillos con 37.000 habitaciones y 95.000 inquilinos, que se distribuían en los barrios de San Telmo, Concepción, Piedad, Socorro, San Nicolás y Balvanera.

Los precios que se exigían por estos miserables cuartuchos fueron creciendo en forma meteórica, desde $5,80 mensuales la pieza en el año 1883, hasta más de $15 en 1904, llegando a superar en 1912 los $30 por mes. Eran cifras inalcanzables para los salarios obreros de la época.

Guillermo Rawson, conmovido por la degradación ambiental, publica en 1885 un revelador estudio sobre los conventillos y advierte sobre la proliferación de niños débiles o enfermizos criados en aquellas fétidas pocilgas. Denunció que semejantes condiciones de vida propiciaban todo tipo de gérmenes y enfermedades, con altas tasas de mortalidad y morbilidad como consecuencia.

La revista Caras y Caretas caricaturizaba aquellas circunstancias de habitación en satíricas escenas que, detrás de su grotesco, escondían una inocultable tragedia. Y la imaginación popular encontró pronto denominaciones acordes para aquellos tugurios: Las 14 provincias, Los dos mundos, El palomar, Babilonia, El gallinero, El conventillo de la Paloma, etcétera.

PERO ¿QUIÉNES ERAN LOS DUEÑOS DE LOS CONVENTILLOS?

Aquel especulativo e inmoral negocio era fuente de enriquecimiento adicional para los omnipotentes propietarios, que embolsaron millones a expensas de los sufridos inmigrantes, por cierto sin otro camino que aceptar esta posibilidad humillante. Entre los dueños se contaban latifundistas enriquecidos, jugadores de bolsa, industriales, rentistas y hasta la crema social del conservadorismo político dominante.

No faltó tampoco en el negocio un joven y acaudalado “prócer” como Pablo Esnaola, conocido banquero de la época, autor de los arreglos del Himno Nacional Argentino. Claro, no eran éstos quienes ponían la cara, sino que se servían de un personaje antipático llevado a escena para que recibiera la cachetada, era el “Encargado”, una presencia más que irritante, pero necesaria en el momento de percibir la renta mensual.

LA HUELGA DEL AÑO 1907

El conventillo nació chato, chismoso, profundo y huraño, y la huelga heroica constituyó un hito histórico en la larga lucha de clases del proletariado en la Argentina.

En el mes de agosto se reactiva la llamada “Liga contra los alquileres”, que había sido formada años atrás. La huelga se inició en el conventillo “Los Cuatro Diques”, ubicado en la calle Ituzaingo 274 en San Telmo, y se extendió rápidamente a los barrios vecinos y a las ciudades de Avellaneda, Rosario, Córdoba y Bahía Blanca.

El reclamo exigía una rebaja del 30% en los alquileres, mejores condiciones sanitarias y la eliminación de los tres meses iniciales de depósito. La consigna principal era “no pague el alquiler. Los propietarios ante la sorpresa inicial opusieron la suya “o pagan o a la calle”, y recurrieron a la policía y a la justicia.

El pico de enfrentamientos más intenso se produjo entre los días 1 y 2 de octubre, cuando se sumaron al desacato 250 conventillos y se produjeron serios enfrentamientos con la policía.

En el conventillo “Las 14 provincias”, de San Telmo, la policía, bajo el mando directo de su jefe Ramón Falcón, intentó un feroz desalojo por la fuerza, que fracasó ante la tenaz resistencia de mujeres y niños. Fue un verdadero escándalo que conmovió a la ciudad toda. La mujer se convirtió en memorable protagonista de aquella gesta.

El 28 de octubre de aquel 1907, un acto de los huelguistas en Plaza San Martín y una manifestación por la Avenida de Mayo, fueron reprimidos por la policía, se produjo un tiroteo, y hubo cuatro vigilantes heridos.

En otro episodio, durante el desalojo del inquilinato de San Juan 677, tras un tiroteo con la policía, murió un joven inquilino llamado Miguel Pepe, de 17 años, mientras otros tres resultaron heridos.

Al día siguiente un impresionante funeral con más de 15.000 personas acompañó los restos del muchacho. El acto se transformó en una gran marcha de protesta, y allí mismo se desataron nuevos enfrentamientos con la policía, cargados de mucha violencia.

La huelga fue apoyada por la ciudadanía, los partidos políticos populares y hasta por los medios gráficos de entonces, La Prensa y La Nación. Anarquistas y socialistas acompañaron la lucha prestando apoyo logístico y facilitando sus locales para las reuniones de los múltiples comités de huelga que se formaron.

Gobernaba entonces el país José Figueroa Alcorta, y era intendente de la ciudad Carlos Torcuato de Alvear, que poco hicieron para apaciguar los ánimos. En cambio, la policía y los bomberos armados, dirigidos por el Coronel Ramón Falcón se volcaron decididamente a la violenta represión contra los inquilinos en defensa de los propietarios.

El golpe final a la huelga ocurrió el 14 de noviembre cuando 250 policías, máuser y bayoneta en mano, invadieron a sangre y fuego el conventillo de Ituzaingo 274. Luego de una sanguinaria represión y desalojo aquello quedó transformado en una barraca militar.

Desde entonces el movimiento fue perdiendo fuerza; después de más de dos meses de lucha y resistencia, algunos conventillos aceptaron las demandas de los inquilinos, otros permanecieron impasibles y antes de finalizar aquel crucial año 1907, los alquileres comenzaron a subir nuevamente al nivel que tenían antes del conflicto.

Se produjeron detenciones y deportaciones indiscriminadas de trabajadores extranjeros, a quienes se les aplicó la Ley de Residencia 4144 sancionada en 1902. Decenas de familias debieron reubicarse en piezas compartidas con otros vecinos; algunos se instalaron en plazas y huecos y otros hasta en la misma Plaza de Mayo.

Declinaron los conventillos, pero continuó el inquilinato y los graves problemas de vivienda en un país agroexportador con una incipiente industria primaria, de bajos salarios y alquileres altos, pero con la casi imposibilidad de acceder a la vivienda propia.

Años más tarde, el legislador Caferatta impulsó la construcción de viviendas para obreros, a pesar de ello los valores seguían siendo inaccesibles para los supuestos destinatarios. Sin embargo, las casas fueron aprovechadas por funcionarios y empleados de cierta jerarquía; algo similar ocurrió con los planes que impulsó más tarde la cooperativa “El Hogar Obrero”.

Nacerá así otro fenómeno, también mundial, aquello que con diferentes nombres en la Argentina se conoce como Villas Miseria.

Miguel Eugenio Germino

FUENTES:

-Cano Nicolás, artículo en línea, www.pts.org.ar/download_file.php

-http://www.educ.ar/educar/pretaci%/F3n%20de%...

-http:/www.taringa.net/posts/info/1144799/a-cien-a%...

-Páez, Jorge, El Conventillo, Historia Popular, CEAL 1970.

-Pigna, Felipe, “Los inquilinos en pie de guerra”, Clarín, 29 de julio de 2007.

COUS COUS, LA GRAN CENA


ESTAS DESPEDIDO

COUS COUS, LA GRAN CENA

Dirección y guión: Abdellatif Kechich.

Intérpretes: actores no profesionales.

Origen: Francia, 151 min.

Arteplex Centro - Sala Lorraine.

Tal como hemos visto en varias películas francesas, se nos invita aquí a presenciar un aspecto del mundo que está cambiando, y para mal. El capataz de la obra en construcción le dice a Slimani, un obrero: “Ya no eres rentable”. El obrero deberá aceptar una suerte de indemnización, para hacer frente a los gastos de sus dos familias, ya que rehúsa la jubilación. Optará por seguir en carrera en otra actividad.

Slimani y la hija que tiene con su segunda esposa -la joven Hafzia Herzi- pondrán su iniciativa en movimiento, vencerán toda suerte de trabas burocráticas e instalarán un restaurante en un barco abandonado. Especialidad de la casa: “cous cous”, un preparado de sémola de trigo, acompañado con pescado y verduras, típico del Norte de África.

Pero la empresa no será nada fácil, sobre el tapete quedarán los tragicómicos enfrentamientos familiares de Slimani.

Es una pequeña historia que narra los avatares de una familia fragmentada de origen magreví, que se jacta de su procedencia y trata de conservar sus costumbres. Esta narración en torno a las filiaciones, que vira por momentos a la técnica documental, nos permite observar de cerca a esa comunidad extranjera, que con su modo de comer defiende aquí firmemente su identidad.

El cous cous no sólo es un manjar sino que es un símbolo representativo de esa comunidad y termina uniendo a las dos familias, caracterizadas por la presencia de mujeres fuertes y aguerridas que llevan la delantera sobre los hombres.

La película tiene escenas notables, entre las que se cuenta aquella en que los viejos amigos músicos del protagonista critican acerbamente su conducta y su revolucionaria idea del barco, para luego adherir a la iniciativa y cooperar con total entrega y entusiasmo al proyecto alocado de dos familias a la vez unidas y enfrentadas, casi siempre en medio de cómicas peripecias. Quedará esta escena en la antología de personajes de pueblo chico, en el que todo se sabe y se juzga de inmediato.

Es el tercer largometraje de este director tunecino del cual ya vimos Juegos de amor esquivo (2003), una película entrañable, con un grupo de estudiantes adolescentes de la misma procedencia étnica que representan una obra de teatro en un colegio secundario y ponen en evidencia conflictos interraciales.

Cous cous ha recibido numerosos premios, entre ellos el del Festival de Venecia y el Cesar de Francia.

Martha Silva