martes, 4 de agosto de 2009

O`RONDEMAN




EL ABASTO: LA FAMILIA TRAVERSO, LA FONDA O’RONDEMAN Y EL COMITÉ CONSERVADOR

Durante la instalación del primer edificio del Mercado, entre 1891 y 1893 (se inauguró el 1º de abril de 1893), la zona del Abasto comienza a poblarse de negocios, depósitos, corralones, cafetines, fondas y prostíbulos, como respuesta al importante movimiento de los puesteros, changarines y carreros que acudían diariamente a entregar productos frescos de las quintas cercanas y más alejadas.

La fonda O’Rondeman (abundancia, en dialecto genovés), tras el cierre del Mercado Modelo de Plaza Lorea, se traslada al lugar siguiendo los pasos de decenas de puesteros que hacen lo propio.

Regenteada por el genovés Agustín Traverso, casado con María Stagno, se hallaba instalado con su familia en una amplia casona de dos plantas, ubicada en la entonces calle Laprida 534 (hoy Agüero), con ochava al SO en la esquina con Humahuaca. En la planta baja la fonda ocupaba unos 150 metros cuadrados, mientras que en el piso superior vivía la familia. La casona además, contaba como todos los locales afines en aquellos tiempos con bodega y depósito.

Numerosas mesas redondas con tapa circular de mármol se desplegaban en el salón, y estaba el típico sector reservado, también habitual entonces.

La familia de los Traverso tenía ocho hijos, cuatro varones y cuatro mujeres, de ellos serían los hombres quienes trascenderían en la sociedad machista de la época, por las buenas o no tan buenas acciones.

El mayor de los hijos era Constancio, nacido en 1867. Le seguían José “Cielito” (1873), Alberto “Yiyo” (1880) y Félix “Felicín” (1886). Las mujeres eran Luisa, Florinda, Benedita y Palmira, todas ellas se casaron con personas vinculadas a la actividad del Abasto.

Al morir Don Agustín (su fundador) se hizo cargo del negocio Alberto “Yiyo”, y más tarde también se incorpora Félix Traverso (hijo de Felicín). Sin embargo, a pesar de ser una familia muy grande, llegó a haber distintos socios, según la época, como Luis Landoni, Cesar Menotti, Luis “Gigi” Giagnoni y Carlos Girola.

La fonda O’Rondeman pasaría a ser un sitio inseparable del entorno y la historia del mercado, así como del cantor Carlos Gardel, quién hará sus primeras armas precisamente en este lugar y al amparo de Don Yiyo, un padre adoptivo, según ambos lo reconocieron.

No sólo trascendía aquella taberna por su buena comida, sino por el desfile de figuras y personalidades, como cantantes, jockeys, payadores, políticos y futbolistas, que acaparaban la atención de la sociedad del momento.

Constancio Traverso, el mayor de los hermanos, se convirtió en un temido y respetado caudillo del Partido Autonomista Nacional (conservador) que respondía al liderazgo de Benito Villanueva, Pedro Cernadas y Alberto Barceló. Regenteaba el famoso comité de la calle Anchorena 666, verdadero depósito de libretas de enrolamiento en tiempos electorales (cuando las mujeres no votaban), con un anexo en Corrientes 3181, convertido en uno de los garitos más famosos antes del Centenario.

Según escribe Edmundo Guibourg “el comité aquel era típico de la época del novecientos, con todas las características que describieron José Antonio Saldías, Alberto Vacarezza y Carlos Mauricio Pacheco en sus sainetes, con algo de ese clima que mi cuñado Samuel Eichelbaum puso en ‘Un guapo del 900’”.

Una anécdota en O’Rondeman, por 1916, muestra la notable influencia que ejercía Constancio en el barrio. Tras una de las grescas habituales en la zona, intervino la policía y se llevó detenidos a varios parroquianos, entre ellos la dueña del restaurante, María Stagno, madre de Constancio. Al pasar las horas sin que la liberaran avisaron a Constancio, que corrió a la seccional. Cuando era interpelado sobre la detención de la señora, el comisario le espeta: “¿Y a usted quién le dio vela en este entierro?, pero antes de terminar la frase y sin mediar palabra Constancio le aplicó tal puñetazo que lo desmayó instantáneamente, y tomando de la mano a su madre se la llevó de la comisaría.

Al día siguiente el comisario estaba cesante. Debió acudir al influyente Benito Villanueva, quien le recomendó ir a pedirle disculpas a Constancio, mal trago que debió soportar para recuperar su puesto.

En 1916, con la vigencia ya de la Ley Sáenz Peña, comenzó a decaer el poder de los caudillos y, para la crucial elección de ese año, Constancio se confió en repartir dos billetes flamantes de diez pesos para garantizar el voto de quienes conocerían por primera vez un cuarto oscuro. Se llevó una gran sorpresa cuando tras el escrutinio se comprobó el amplio triunfo del líder radical Hipólito Yrigoyen y el Partido Socialista recogió un insospechado número de sufragios. En la sección, quienes se quedaron con los dos billetes nuevitos votaron preferentemente en contra del conservadorismo. Benito Villanueva sentenció, “bueno, ahora hay que retirarse de la política”.

Constancio Traverso fallecía pocos meses después, el 31 de agosto de 1917, cuando tenía sólo 50 años. En nada significó el final del conservadorismo ni de la oligarquía, que continuaría dando guerra tal vez con métodos más sutiles por muchos años más.

Félix “Felicín” Traverso era el más chico de los cuatro hermanos. Poco se sabe de él, sólo que murió joven, cuando pasaba apenas los 20 años. Su final empezó a raíz de un hecho de índole policial, en una de las típicas reyertas de la época, un 5 de mayo de 1907. Fue en el O’ Rondeman, tras un tumulto en que asesinaron de una puñalada a Francisco Cattadi “Felicín”quedó acusado de esa muerte, por lo que en un primer momento huyó pero luego decidió entregarse. Juzgado y condenado, murió poco después de ingresar a la cárcel.

José “Cielito” Traverso fue también protagonista de un grave hecho de sangre en la noche del 22 de diciembre de 1901, en el almacén “El Tambito”, de Aquiles Giardini, en Av. Sarmiento y Vieytes. Eran los bajos de Palermo, durante las famosas “indiadas” que acostumbraban a cometer los llamados “niños bien” de la sociedad porteña, con el fin de divertirse provocando a los guapos. Según la crónica aparecida en La Prensa del día siguiente, en aquella oportunidad Juan Carlos Argerich (El Vidalita) tuvo un altercado con los músicos, que se negaron a tocar la pieza La Tirana. Argerich les arrojó una copa, cosa que enfureció a “Cielito” que salió en defensa de los músicos. De resultas de la batalla, Argerich quedó herido en el suelo, es internado en el Hospital del Norte y fallece pocos días después. José “Cielito” Traverso fue culpado del homicidio, “crimen en reyerta”, y le dieron cuatro años de prisión.

Mediante influencias políticas de Benito Villanueva, logran conmutar la pena de Cielito por la de destierro al Uruguay. Aquella maniobra provocó violentos editoriales en los diarios, a pesar de los cuales, y por el posible “fraude patriótico”, Villanueva derrotó a Carlos Pellegrini en la elección de senadores nacionales.

Cielito falleció en el Uruguay el 8 de julio de 1921, a los 47 años.

Alberto “Yiyo” Traverso fue quien se mantuvo al frente de la mítica fonda O’Rondeman. Allí se ofrecían platos de buena calidad, con la esmerada atención personal de él mismo. “Don Yiyo” era un hombre que a diferencia de sus hermanos tenía amplia bondad y generosidad. De contextura bien robusta, con el tiempo llegó a pesar 170 kilos, sin embargo aquello no le quitaba agilidad como para moverse entre las mesas y controlar la atención que cumplía su personal. Cuando alguien se quejaba de algún plato, lo tomaba en sus manos y se lo engullía en segundos, para demostrar lo óptimo de su mercadería. Algunos hasta lo incitaban, tan sólo para presenciar aquella prueba. Yiyo tenía hambre permanentemente y podía comer tantas veces como se lo propusiera, y como postre podía consumir varias docenas de naranjas.

En la trastienda de la casa Yiyo recibía a la clientela más selecta: César Librandi (Granolina), Domingo Vito (Mingo Daguita), Andrés de Filipo (El Flaco), Manuel Riccio, entre otros, y por supuesto al Morocho, Carlos Gardel, por quien tenía una paternal debilidad. Otro que pertenecía al grupo era el “Tanito” Oriente, gran guitarrista que acompañaba a Gardel.

Y en aquella trastienda El Morocho guardaba su guitarra.

Fueron famosas las payadas que se dieron en el lugar, en tertulias que se prolongaban hasta varias horas, pasada la medianoche. Los cantores entonaban sus motivos criollos; allí también se escucharon Don Juan, La Morocha y otros tangos, aún antes de que se estrenaran en público, eran una verdadera première en aquel templo tanguero.

En el año 1923 Don Yiyo comenzó a sentir los primeros amagos del corazón, hasta que el domingo 22 de julio, a los 43 años de edad, murió. Ese día corría en Palermo su yegua “Dinga” y antes de morir, para colmo, alcanzó a enterarse de que no había salido ni “a placé”. Así desaparecía el último de los famosos hermanos Traverso.

El Abasto estaba de duelo. Gardel, que cumplía dos actuaciones diarias en el Teatro Empire, de Corrientes y Maipú, se entera de la noticia en momentos en que recogía fervientes aplausos del público. Su sonrisa se quebró; aquella noche Gardel lloró por Yiyo, el padre que no tuvo.

Tiempo después, en una gira por París y en el apogeo de su fama, Juan Pizarro, otro músico del Abasto le preguntó: “¿Morocho, te acordás de Yiyo? Tras un momento de nostalgia, con los ojos nublados y la mirada en la lejanía, Carlos respondió: “¡Pobre Yiyo!, me quería tanto que la última vez que lo vi le hice afeitar los bigotes; lo había convencido de que estaban pasados de moda”.

A partir de allí el negocio pasó a manos de su sobrino Félix, quien se asoció con Carlos Girola. La fonda permaneció abierta durante once años más, hasta 1934 cuando cerró sus puertas definitivamente.

En 1935 el local se dividió en dos. Sobre la esquina de Humahuaca se abrió un depósito de fruta, y sobre Agüero se instaló el Café y Restaurante “El nuevo japonés”.

Años más tarde la esquina quedó abandonada y las autoridades jamás tomaron en cuenta los pedidos de preservar el sitio como centro de interés histórico, por Carlos Gardel y por la memoria de una época, hasta que en el año 2007 fue demolida para construir en su lugar un edificio de propiedad horizontal.

Hoy el barrio reclama que al menos se coloque una placa que diga algo así como: “Aquí en este predio existió la mítica Fonda O’Rondeman de los hermanos Traverso, donde hizo sus primeras presentaciones Carlos Gardel”.

Miguel Eugenio Germino

FUENTES

-Guibourg, Edmundo, En la Memoria de un amigo, en http://www.todotango. com/spanish/gardel/cronicas/memoria

-http://www.geomundos.com.cultura/gardeloriental/testigos-del-france

-Matamoro, Blas, Carlos Gardel, Historia Popular, CEAL, 1971.

-Matamoro, Blas, Historia del Tango, Historia Popular, CEAL, 1971.

-Zatti, Rodolfo Omar, Gardel en el Abasto, Corregidor, 2005.

5 comentarios:

carlos filici dijo...

Lo felicito por su artículo. Me llamo Carlos Filici y soy el nieto de Carlos Girola. Mi abuelo falleció en 1950 pero mi abuela, Angela Landoni, fallecida en 1986 me contó durante muchos años todas estas historias que ud cuenta y muchas otras del café, sus habitués y del barrio del Abasto, que tanto queremos. Le mando un saludo y gracias y felicitaciones.
mi mail es ceestudiofilici@gmail.com

Alberto Jose Rey dijo...

Yo tambien los felicito, soy Alberto Jose Rey el nieto de Cesar Librandi "El tano Granolina" que junto con otros amigos le hacian el aguante a la guitarra de gardel que se guardaba en la trastienda del cafe de O Rondeman y mi madre tenía como padrino a el mayor de los Traversos.Con lagrimas en los ojos los saludo.

José Luís Traverso dijo...

Lo felicito por el artículo. Mi nombre es Jose Traverso, mi familia trabajo en el mercado de abasto desde sus inicios. Algo me han contado de cielito y de Yiyo, lo cierto es que no tengo datos relevantes de que seamos familiares. Actualmente sigo en el negocio de la fruta y la verdura pero desde el mercado central de bs as.

Anónimo dijo...

Hola, me gustaría preguntarle al Sr. Alberto Jose Rey, si tiene conocimiento de si alguna tia suya estuvo casada con un señor de apellido Muraca, ya que yo desciendo de esa familia y tengo entendido que El tano Granolina fue tio abuelo de mi padre. El y sus hermanos hablan de Granilina como "el tio Cesar".

SANDRA GARCIA dijo...

ME ENCANTO TODO LO LEIDO SI BIEN,YO SOY BISÑETA DE COSTANCIO TRAVERSO ,
GRACIAS POR RECORDARLO ASI