miércoles, 6 de mayo de 2015

IGNACIO LEDER KREMER



IGNACIO LEDER KREMER


Poesía y desmesura camino a la nobleza





Almagro tiene la afortunada singularidad de contar con personajes pintorescos y amables como Ignacio Leder Kremer, residente en el barrio desde hace quince años y propietario de la librería comercial Sol, ubicada en Sarmiento al 3500. A los 77 años, este bohemio poeta descendiente de polacos, sorprende con su aspecto afable y jovial. Nació en Once, en Lavalle y Junín, donde transcurrió una infancia feliz mientras trabajaba como diariero, hielero y lustra botines. Ya en esa época inició su relación con la literatura: iba a la Librería Hernández a buscar libros y leía poesía con fruición. Así –al principio- fue descubriendo a Martí, Rubén Darío, Obligado, Roa Bastos, a los que luego se sumaron Girondo, Castillo, Borges y Cortázar.

A los 14 años empezó a escribir y ya no pudo parar: “Escribo casi todos los días, es espontáneo: sale solo porque está dentro de uno. Ayer estaba en un café y surgió un poema sobre la luna que yo veía. No es que me prepare para escribir sino que estoy sentado y de repente me sale como un volcán que no puedo controlar y tengo que hacerlo. Tengo que apurarme porque son canalizaciones que duran cinco minutos. Después de escribirlo, no lo corrijo”, comenta entusiasmado. Su gran afición por las artes -la literatura, el cine y el teatro- se encuadra en una vida que transita el camino espiritual. El librero se declara vegano; es maestro reiki, maestro reflexólogo y conocedor de la medicina china, saberes que vuelca en la poesía.

Leder Kremer desarrolla un tipo de poesía no muy usual: “Mi poesía no es estructurada, no tiene rima ni métrica, es poesía de sentimientos, es existencialista. Tiene que ver con lo que a uno le pasa, con lo espiritual. Yo me nutro de la relación del hombre con la naturaleza y con los seres que no vemos como las hadas, los delfos, los duendes. Todo eso es energía.Mi poesía tiene forma de pájaro, me gusta todo aquello que no puede ser apresado”, explica. Para este escritor, la poesía es un modo de vida, un sinónimo de libertad; nos hace mejor persona.Su dedicado trabajo en el negocio también alimenta suobra; incluso muchas veces les regala poemas a los clientes.

Con la poesía mantiene un lazo indisoluble y eterno. Todos los sábados se reúne en bares culturales de Almagro –como La Aurora del Tango-, Balvanera y otros barrios porteños con un grupo de quince o veinte poetas (van variando)que leen sus propios poemas –como nuestro entrevistado- o recitan a otros. Los encuentros son abiertos. Se mezclan poetas de diversas edades y procedencias; hay presos, ciegos, cartoneros, desocupados. A veces concurren poetas conocidos. “Aprendo mucho más de mis compañeros de los sábados que de los grandes autores. Cada semana estamos en un lugar distinto. También hay un show musical;es por el consumo de un café. No hay competencia entre nosotros, se da un intercambiodonde todos aprendemos y nos respetamos.Es un ámbito de amistad y amor. Apoyamos y alentamos a quienes muestran su obra por primera vez. Este año vamos a estar en la Feria del Libro”, señala el escritor. Producto de las reuniones, en junio se lanzará una antología denominada El color de las palabras, que editaráuna fundación.Además, planean ir a leer a las plazas, llevar a cabo un evento con teatro leído y poesía,y concretar “la noche de los cafés literarios”. El librero también recita por radio. En mayo piensa presentar un proyecto para publicar una compilación de sus 35 años de escritura.Según él, sacar un libro es como dar a luz. Lo hace exclusivamente para homenajear a sus familiares, amigos y colegas, a quienes se lo regala. No le interesa difundir su obra a nivel masivo.

Mientras lee sus poemas en los bares, Leder Kremer atraviesa una experiencia única: siente que vuela. “Una vez escrita, la poesía no es del autor, es de la gente. Uno puede sentirse implicado en la poesía que escribió pero la poesía cierra recién en el otro. Porque no se pueden escribir los poemas para uno y dejarlos guardados, es como una planta que se muere”, expresa.

Despotrica contra aquellos que erróneamente consideran a la poesía como un arte menor y se lamenta que en las librerías ignoren al género porque la gente no tiene paciencia para leerlo. “De la poesía no se puede vivir, se puede gozar”, sentencia en un tono agridulce.

Este poema se llama El hombre y lo escribió hace unos días, después de salir del teatro, en el colectivo 146 que lo trasladaba del centro hasta su casa. Empieza con una visión triste o gris y termina con otra de luz y amor, un verdadero sello del autor:

“Lobo y cordero/en uno mismo/distribuyendo una falsa baraja/donde no nos reconocemos/ni en uno ni el otro/Dando una pausa/para reflexionar/por el silencioso aullido del hombre/que se aleja de sí/El hombre se atenazó/y tomando coraje/soltó el anclaje/voló sus deseos/hacia un nuevo sol naciente/Se sintió el mordisqueo/de la lucha interior/y venció –ganó la luz-/que alumbró la nueva y pujante generación/de hermanos unidos/por los varietales del amor”.

“Mi futuro es hoy, ahora. La librería me da tiempo para relacionarme, escribir, ir al teatro, ir a recitar. Trabajo doce horas por día y me encuentro bien. Cuando escribo un poema o lo paso en limpio, siento que me quitan 20 años de encima. Voy a seguir escribiendo hasta que las pilas no den más”, asegura convencido.


                                                                                        Laura Brosio




No hay comentarios: