jueves, 2 de abril de 2009

CINE: EL AÑO SIGUENTE


UN MUNDO GRIS Y SIN PERSPECTIVAS


El año siguiente (L’anné suivante)


Origen: Francia

Dirección: Isabelle Czajka

Intérpretes: Arianne Ascaride, Anais Demoustier, Bernard La Coq.

Es éste un film rico y complejo que admite varias lecturas, he aquí algunas de ellas. Hay un padre enfermo, seguramente de gravedad. Manu, su hija adolescente (Anais Demounier), lo cuida mientras su madre parece ser indiferente ante la situación.

La relación entre ambas es conflictiva; el padre morirá y la hija procurará hacer su duelo, penosamente.

Escuchará una grabación con la voz del padre, hojeará sus libros de hace algunas décadas sobre cine, sobre política, y sólo tendrá una amiga para compartir su pesar. Además, estarán las clases de teatro a las que asiste.

Hay cierto paralelo significativo que no debe omitirse, entre la obra teatral que a ella le toca ensayar, nada menos que El jardín de los cerezos, cuyo texto trata de una familia que perderá algo significativo: un bellísimo jardín, representativo del modo de vida de la alta burguesía rusa que se estaba desmoronando inexorablemente.

La madre de Manu (Arianne Ascaride) sostiene que hay que seguir, vender de inmediato la casa, sin el paso por el duelo imprescindible de la familia. Las cosas salen mal.

Lo que cuenta la voz “en off” de Manu, de un modo impersonal, como si no fuera asunto de la joven, es todo este proceso que ha transcurrido ya hace un año.

Muchos han visto en esta película lo que hemos narrado hasta aquí, o sea un drama individual. Pero lo que enfoca la interesante realizadora Isabelle Czajka son las peripecias de una joven que, además de haberse quedado sin padre y sin tener una madre que la comprenda, no tiene tampoco una sociedad contenedora. Queda fuera del colegio, con un empleo precario, donde cuenta apenas con minutos para su almuerzo en el pasillo de un centro de compras, sin otro horizonte visible.

Las consignas del Partido Comunista Francés, en las que creía su padre cuando Manu era pequeña, han quedado en el olvido y hoy suenan ridículas, extemporáneas, en un presente absolutamente mercantilista, donde sólo se avizoran las moles de los hipermercados, las veloces autopistas y las playas de estacionamiento. Espacios anónimos -no lugares- y carteles publicitarios.

La novel realizadora dice que ella no buscó ese entorno. Ese paisaje es inevitable, es el entorno suburbano.

Una metáfora del mundo actual, vacío y gris para la juventud de estos días.

MARTHA SILVA