sábado, 4 de abril de 2009

EDITORIAL


EDITORIAL (nº 172, abril de 2009)

“Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad... Miente, miente, miente, que algo quedará, mientras más grande sea la mentira más gente la creerá”.
Paúl Joseph Goebbels

Abril amanece cubierto por densos nubarrones políticos y sociales. Al interminable reclamo del “Campo Sojero” recrudece una sospechosa campaña mediática de agitación por “la inseguridad”, esta vez fogoneada, entre otros, por figuras de baja estofa, del ambiente farandulero.
A la calculada convocatoria electoral del gobierno porteño, la Presidenta retruca con el anuncio de comicios nacionales para el 28 de junio próximo. ¡Se precipitan los tiempos!, mientras aumenta el transporte, luz, gas, expensas y alquileres, y “el campo” presiona con su eterno reclamo sectorial, todo enmarcado en la gran crisis internacional del capitalismo.
Demasiados temas calientes preanunciaban un final de consecuencias insospechadas en el orden institucional, que el adelanto electoral viene a frenar. ¡Que sea el electorado en un nuevo plebiscito el que decida con su voto!
Sin embargo, valen algunas y nuevas reflexiones sobre el remanido tema “seguridad”. No se trata de negarlo, ya que existe en la sociedad una enorme base de sustentación, aunque tal vez, no en la magnitud en que la agitan los medios.
Se distinguen claramente dos vertientes fundamentales de delitos: la delincuencia marginal del arrebato y el robo al voleo, cuyos autores viven un alto nivel de exclusión, marginación y degradación social, potenciado por “el paco”, el grado más infame de la droga.
Paralelamente, existe la acción en banda, otra corriente del delito, más planificado y enfilado hacia los sectores de altos recursos. No son casuales los reiterados asaltos y robos en countries y chalets de barrios selectos.
Aquí se encuentran involucrados -tampoco casualmente- policías desplazados, en especial de “la bonaerense” (todo un semillero), la llamada “mano de obra desocupada” que abunda para todo servicio, y personeros de los capos de la droga y del lavado de dinero.
Los medios, especialmente la TV, por omisión intencional, no distinguen las diferencias y presentan el problema en un paquete único, solicitando “mano dura”, pena de muerte, y hasta admitiendo justicia por mano propia. ¿Pretenden llevarnos nuevamente a la época del degüello, la lapidación y el linchamiento?
¡Si sabrán los argentinos las consecuencias de aquella mano dura, que dejó un saldo de 30.000 desaparecidos y muchos miles de detenidos, torturados, violentados y saqueados en la pasada Dictadura genocida!
En este contexto se anuncia una nueva Ley de Radiodifusión, que reemplace precisamente a la vigente desde esa negra época. El solo anuncio produjo urticaria en los multimedios del sistema, que ladran despavoridos, temerosos de perder su posición dominante.
Como había vaticinado Goebbels (1897-1945), ministro de Propaganda de Hitler, “mentirás hasta que algo quede…” estos multimedios hacen de aquel dicho su guerra santa, magnificando, tergiversando, ocultando y deformando la noticia, para hacerla funcional a intereses empresariales, suyos y de los grandes anunciantes.
Así son figurones permanentes en la TV personajes como Biolcatti, Llambías, Bussi y De Angeli, junto a otros pomposos de la política perimida, como Morales y Carrió que rechazan esta ley piden auxilio a gritos a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), funesta entidad dominada por los Estados Unidos. Recordarán los memoriosos que éstos apoyaron rápidamente el fallido golpe a Chávez en Venezuela.
El llamado Campo Sojero pide más y más… ¿hasta dónde, hasta cuándo? ¿Qué pensarán los pobres jubilados a quienes pretenden arreglarlos con un miserable 11%? Nada decían aquellos cuando embolsaban fabulosas ganancias producto de las exportaciones, mientras en el mercado interno se paga 25 mangos un kilo de carnaza.
Grandes injusticias persisten en este abril que amanece nublado, y que preanuncia una agitada y oscura campaña electoral.
Los de este lado de la pantalla reclaman más justicia, una redistribución en serio de la riqueza, una mayor participación, un trasparente debate por la Ley de Radiodifusión, y también seguir el ejemplo de Venezuela y Bolivia, que nacionalizan sus riquezas, mientra Argentina entrega su minería.
¡Que así sea…!
Hasta la Próxima