martes, 2 de agosto de 2011

ALBERTO VACAREZZA


La sensibilidad del pueblo a flor de piel

Se trata del autor más popular del teatro nacional, un clásico con todas las letras. Su nombre completo era Bartolomé Ángel Venancio Alberto Vaccarezza pero, a los fines artísticos, decidió que lo llamaran Alberto Vacarezza a secas, con una sola “c”. Fue también poeta y letrista de tango. Nacido en el barrio de Almagro el 1 de abril de 1886, solía transitar las cercanías de Corrientes y Gascón. Fue el creador del sainete nacional, aquella breve pieza teatral dramático-jocosa de carácter popular. Su producción fue muy fecunda: registró más de cien títulos.

Su trabajo como secretario de un juzgado de paz le inspiró su primera obra: El juzgado. Este sainete ─que fue ensayado en una sala de Almagro alquilada a tal fin─, fue representado en el desaparecido salón “El Arte” en 1903 por La Lira de Orfeo, un grupo vocacional formado por amigos del autor. El público rió y aplaudió como nunca lo había hecho. A partir de ese momento, Vacarezza no paró de escribir. Es que, según él mismo confesó, “torcer la vocación es darle vuelta la corriente al río. Por más que me esforcé no pude quitarme la manía de la vida teatral”. Posteriormente, el cuadro de aficionados le estrenó La noche del forastero, Yerba mala, Los montaraces y La mala racha, con buena repercusión.

La consagración en el teatro comercial le llegó en 1911, cuando ganó el primer premio con su obra Los escrushantes, en un concurso organizado por el empresario del Teatro El Nacional, Pascual Carcavallo, pieza puesta en escena ese año en dicha sala por la compañía Vittone-Pomar-Podestá. Indudablemente, su pieza más exitosa y más representada es El conventillo de la Paloma, un sainete cómico estrenado en 1929 en El Nacional, que superó las mil funciones continuas. Tu cuna fue un conventillo, Juancito de la Ribera, El arroyo Maldonado, El cabo Rivero, Murió el sargento Laprida, Villa Crespo, Todo bicho que camina va a parar al asador, Todo el año es carnaval y Va cayendo gente al baile, son otros de sus sainetes. Además abordó otros géneros como el drama, la comedia, la zarzuela, la revista y la tragedia. Varias de estas obras llegaron al cine, adaptadas por el propio autor. Escribió también libros de poemas, por ejemplo La Biblia Gaucha, y Cantos de la vida y de la tierra, así como guiones para la radio.

Vacarezza se mostró también como prolífico escritor de letras de tango, muchos incluidos en sus sainetes. El primero que escribió ─con música de Enrique Delfino─ fue La copa del olvido para la obra Cuando un pobre se divierte, en 1921, tango que tuvo una enorme trascendencia y que grabó Gardel. Asimismo, “El Zorzal” interpretó Otario que andás penando, Araca corazón, El carrerito, Francesita, No le digas que la quiero, Adiós para siempre y Talán...talán.

La obra de este autor constituye un verdadero documento de época; enfocó la mirada en los conventillos, donde vivían hacinados inmigrantes pobres de distintos orígenes (españoles, italianos, judíos, árabes), que venían en busca de un horizonte mejor al tiempo que se mezclaban con porteños de clase baja y provincianos recién llegados a la gran ciudad. Según el crítico Jorge Dubatti, en su producción se evidencia una doble vertiente de saberes: la urbana (sainetera) y la rural (tradición nativa), conformando así un prototipo nacional. “Vacarezza muestra los costados ‘serios’ de la vida, pero a la par distiende el dramatismo con la comicidad amable de sus sainetes festivos. Su obra se cimenta en la experiencia cotidiana, la observación social y la visión de mundo del hombre común. Se trata de una concepción popular”, explica Dubatti.

El investigador Néstor Pinsón brinda más precisiones: “En sus obras estaban los malos y los buenos, pero cuando ya se orillaba la tragedia, porque salían a relucir revólveres o cuchillos, los bravos contendientes ‘arrugaban’ o alguien se encargaba de hacerlos entrar en razones. Los finales eran siempre felices y románticos. No fue una gloria del teatro, pero caló hondo en la sensibilidad del pueblo”.

Utilizó el lunfardo y el habla peculiar de los extranjeros ─producto de la mezcla del español y su lengua materna─ para crear parlamentos muy ocurrentes, rebosantes de humor e imaginación.

Desarrolló una intensa actividad gremial en ARGENTORES y en La Casa del Teatro. En la esfera política, adhirió al peronismo. Bohemio y campechano, fue un hombre de la noche porteña.

Su afición por el juego le hacía dilapidar las elevadas sumas que ganaba con el teatro. Falleció en Buenos Aires el 6 de agosto de 1959, a los 73 años. Vacarezza sentenció con sabiduría alguna vez: “Los críticos suelen equivocarse. El que no yerra jamás es el público. Y éste ha estado casi siempre de mi parte”

Laura Brosio