lunes, 2 de noviembre de 2015

EDUARDO (TATO) PAVLOSKY



EDUARDO (TATO) PAVLOVSKY Y EL TEATRO BABILONIA




Allí conocí a Tato, un actor, director y dramaturgo argentino que hacía sus maravillas en el tablado. Eduardo Pavlovsky, el popular Tato, había nacido el 10 de diciembre de 1933 y se había graduado como médico psicoterapeuta. Hacia 1960 Pavlovsky introdujo el psicodrama, una técnica psicoterapéutica que consiste en hacer que los pacientes representen en grupo, como si se tratara de una obra de teatro, situaciones relacionadas con sus conflictos, con el objetivo de que tomaran conciencia de ellos y los pudieran superar. Pavlovsky entonces se volvió un gran referente del teatro argentino, al aunar sus conocimientos profesionales y su amor por las tablas y convertirse en pionero de esta técnica en toda América Latina, que usó como terapia grupal sumamente creativa.
En la primera parte de la década de 1970 sorprendió con El señor Galíndez, gran éxito teatral que muestra la imagen de un torturador inmerso en la normalidad de lo cotidiano. Su realidad consiste en mantener vivo un engranaje, seres que obedecen ciegamente las órdenes, sin saber por qué ni para qué. Solo una voz en el teléfono dará a conocer las misiones que encomienda a sus hombres.
La obra describe la tortura política y la dimensión psicológica del torturador, que realiza su "trabajo" sin que nadie lo perciba, y mantiene en forma paralela una vida "normal".
La historiadora Silvina Jensen recuerda la importancia que tuvo El señor Galíndez, al decir: “La continuidad represiva antes y después del golpe militar queda de relieve en la experiencia de Pavlosvky. La primera señal de peligro fue la bomba en el Teatro Payró en noviembre de 1974, donde se representaba El señor Galíndez, y destaca la autora que a pesar de ello, Pavlovsky no renunció a lo que definía como su “militancia cultural”.
En 1977 estrenó Telaraña, un alegato contra el fascismo instalado en la familia, obra que la dictadura primero procedió a prohibir por considerarla un atentado a la moral, pero después, no satisfecha con ello, mandaría a allanar la casa y el consultorio de Pavlovsky, que pudo eludir a los grupos de tareas huyendo por los techos. El exilio fue la única opción del dramaturgo. En 1978, vía Uruguay y Brasil, sale del país para terminar recalando en Madrid, donde prosiguió su carrera teatral con éxito.
Autor de una veintena de obras teatrales y de 15 libros de teoría sobre procesos de creación, Tato fue un actor de fuste y fuente de inspiración para actores noveles. Entre sus creaciones más celebradas se encuentran Potestad y La muerte de Marguerite Duras. Desde 2013 mantenía en cartel en Buenos Aires Asuntos pendientes, obra que además de autor lo tenía como protagonista.
En su trayectoria de más de 50 años recibió numerosos premios, entre ellos el Life Achievement Award que entrega en Miami el Festival Internacional Hispánico de Teatro, en 2014.
Pero Pavlovsky no se limitó al teatro, sino que también desarrolló una prolífica carrera en cine, en las películas El santo de la espada (1970) de Leopoldo Torre Nilson, Los herederos (1972) de David Stivel y El exilio de Gardel (1985) de Pino Solanas, entre otras. Nos dejó el domingo 4 de octubre último, víctima de un paro cardíaco, a los 81 años.

Marta Romero







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