lunes, 27 de febrero de 2017

EDITORIAL PRIMERA PÁGINA - FEBRERO 2017



EDITORIAL FEBRERO DE 2017





 Nuevamente emerge a la superficie como uno de los temas más sentidos por la gente el de La Seguridad, que es abordada por casi todos los canales de forma bochornosa, repitiendo imágenes diez o quince veces, la misma, un tema muy acostumbrado en la TV, cuando se carece de suficientes videos.
    El  problema de la seguridad ciudadana no se resuelve con apelaciones primitivas de "matar a todos los delincuentes", "encarcelarlos sin fin", y ante la duda, debe primar la figura de que, es delincuente hasta que se compruebe lo contrario. O ses la carga invertida.
En ningún caso  se bucea sobre las causas del porque hay tanta delincuencia. En los casos de reiteración no se indaga las penosas condiciones de detención imperantes en las cárceles, la promiscuidad, la higiene, la alimentación y que se hace para que el condenado preso, cuando logra su libertad haya corregido por voluntad propia sus errores pasados.
No dudamos que existe un problema de seguridad, que  es general en c asi  todo el mundo, porque decimos en casi todo el mundo. Por ejemplo en Cuba, los índices de delincuencia.
Se trata de una "sensación" de seguridad confirmada por los numerosos turistas que visitan la isla. El riesgo mayor es ser embaucado por algún cubano sediento de dólares con un "cuentito del tío", pero  es una experiencia que está a años luz de los riesgos que se corren en otros países latinoamericanos, donde sin embargo el asesinato en ocasión de robo alcanza cifras récord. Por ejemplo el índice de homicidios por armas de fuego  está entre los más bajos del continente.
En La Habana no son habituales los tiroteos, los asaltos a comercios y domicilios a mano armada… Y son prácticamente inexistentes fenómenos que afectan a otras ciudades de la región, como los secuestros o las acciones del crimen organizado.
Tal vez pueda atribuirse a diferentes factores combinados, la dureza de los códigos, la situación social, la falta de comercialización clandestina de armas, el menos consumo de drogas, etc.
     Una solución brutal sería  inadmisible, pero a la vez simple. La cuestión, como todas las problemáticas sociales, es más compleja de comprender y de resolver, y no se la resuelve si no se la comprende.
                           Por ello, de poco sirve el ruido mediático con el tema, a no ser para meter miedo, confundir y angustiar, y también como preliminar de la represión para evitar manifestaciones de descontento social.
Cuando ocurre un crimen alevoso, o un asalto con víctimas, la exposición mediática es más que exagerada y se reitera en  casi todos los canales y a casi todas las horas.
  Otro elemento a tener presente es los programas de ficción violentísimos, televisados sin restricciones. Hasta los dibujos animados son violentos. Todo contribuye a generar violencia.
Se  induce a la posibilidad de “linchamiento”, no hace mucho ante una situación de un  delincuente atrapado por el damnificado, que estando éste en el suelo, medio muerto, lo pateaban y golpeaban, finalmente el delincuente murió.

 
                        No importa, igual  van a machacar hasta el paroxismo con la situación, como si hubiera algún tipo de denegación de justicia,   confundiendo la protesta pública legítima cuando el Estado no ha respondido a demandas justas, con la protesta al voleo que busca legitimarse por el solo hecho de su realización.   
                       La cuestión de la seguridad ciudadana merece mejor marco de análisis que la banalización televisiva. Hay que plantearse políticas de Estado que comprometan a todos los sectores políticos; y se debe trabajar integralmente, en lo
social, lo preventivo, lo penitenciario, lo policial, lo jurídico, lo comunitario y educativo.
Los mismos sectores sociales que crearon las condiciones políticas para la inseguridad son luego los que más protestan por ella, sin reconocer su propia responsabilidad.              Por ejemplo  hoy, se pretende liquidar todo plan de apoyo económico o social a los más necesitados  es un buen programa para el futuro, bajo la remanida monserga de "bajar el gasto público", y la habitual noción de que no hay que subsidiar a los (supuestamente) vagos y mal entretenidos  como se acusaba y “linchaba” al gaucho hace dos siglos.
Es para pensar mas seriamente.

                                                                             Hasta la Próxima