sábado, 2 de mayo de 2009

CRITICA DE CINE


AMOR A PRUEBA DE CATÁSTROFES

RUMBA

Origen: Francia / Bégica, 2008. Dirección y guión: Dominique Abel, Fiona Gordon, Bruno Romy. Intérpretes: Dominique Abel, Fiona Gordon, Bruno Romy. Cine Lorca.

Este equipo de actores procedentes de Bélgica cultiva un cine mudo, al menos parcialmente, con origen en la comicidad y la mímica. Hay una influencia que se puede rastrear en Jacques Tati, Buster Keaton y el director finlandés Aki Kaurismäki, todos ellos con su máscara o sus personajes impasibles. Es esta la primera vez que se presenta en el país un filme de estos realizadores, fuera del ámbito de los festivales de cine donde se han proyectado cortos o la película El Iceberg. Este equipo ha constituido la productora Courage mon amour, título muy acorde con la historia que se despliega. Aquí están enamorados de la música tropical, nacida en Cuba, que ellos llaman genéricamente “Rumba”, aunque se incluyen boleros y otras canciones con letras como: “Sombras nada más/entre tu vida y mi vida”; donde predicen: “Pude ser feliz y estoy en vida muriendo/ y entre lágrimas viviendo/ el pasaje más horrendo/ de este drama sin final…” O bien la de Obsesión, donde proclaman: “Por más que se oponga el destino/ serás para mí/ para mí…” La tragedia ronda en el medio de toda esa alegría de vivir. El contenido se expresa por medio de “gags”, que no son solamente cómicos, sino que pueden ser terriblemente oscuros y hasta trágicos. Esto es lo novedoso que introducen. En la ficción, Fiona y Dom son profesores de un colegio secundario ambientado casi como una salita rosa en el que enseñan con amor y dedicación a dóciles alumnos. A fin de semana se presentan en torneos de baile donde danzan especialmente rumbas. Ya no les queda lugar en su alegre casa para los trofeos que cosechan, pues compiten muy bien. Así hasta que se cruzan en el coche con un persistente suicida (Bruno Romy) y, por evitarlo, se estrellan y despiertan en un hospital, ella sin una pierna y él totalmente olvidado de lo que era su vida, de quién es y comenzando de continuo todo lo que emprende. Con una bailarina mutilada y su partenaire que no memoriza la coreografía, el espectador no puede imaginar cómo seguirá esto. Continuarán aparentemente impávidos y sólo con su imaginación podrán recrear la vida anterior. Es el caso de la escena en la que sus propias sombras se yerguen de sus asientos y danzan en la pared, como si nada hubiese sucedido, en el colmo de la belleza y el estoicismo. Pero las cosas no quedarán así -también se pueden empeorar con incendios y extravíos-, y no se apela a soluciones mágicas. Con los recursos que les quedan y alguna ayuda exterior de la providencia que socorre a los enamorados Fiona y Dom , podrán seguir estando juntos y felices. Un catastrófico cuento de hadas para los amantes de la danza que tengan tendencia a creer que en esta vida todo tiene su solución.

Marta Silva