jueves, 7 de mayo de 2009

EDITORIAL


Nº 173, Mayo de 2009


“El hombre es un lobo del hombre”

Thomas Hobbes (1588-1679)


El lobo fue siempre para el hombre la figura siniestra del reino animal. Con él se asocian, desde escalofriantes filmes de terror hasta el lobo feroz de la historieta, que se deglute sin piedad a Caperucita y la abuelita juntas.

Afirma el proverbio: “Muda el lobo los dientes pero no las mientes”, lo que significa que quien es de mala índole difícilmente cambia. Pero aquí se cometen dos gruesos errores, primero se viola el principio darwiniano de la evolución de las especies, y segundo que el lobo, al igual que toda la especie animal, no mata por matar sino para alimentarse.

El malo sería entonces el lobo y el bueno el cordero, ¿pero será tan así?

El hombre que no tiene dientes de lobo, pero sí tiene mientes, seguramente más funestas que aquél, ¡muchas veces mata por matar! De allí lo del “hombre lobo del hombre”, aunque tal vez a Hobbes le faltó definir mejor al lobo.

Veamos lo que ocurre en el mundo con hombres que tienen mientes de necios y porfiados, como por ejemplo George W. Bush -por sólo dar un ejemplo grosero- que le provocó a la humanidad miles y miles de muertos en nombre de “la libertad y la justicia”. El hombre fabrica armas para matar, el animal mata sólo para alimentarse, valiéndose únicamente de sus garras o sus dientes.

Lamentablemente Bush no es el único en la historia larga y penosa de la llamada humanidad, con el perdón de los animales.

Veamos algunos datos curiosos difundidos por un diario de Buenos Aires afiliado a la SIP, Clarín, al que nadie puede atribuirle el más mínimo matiz de izquierdismo u obrerismo.

Sólo en la Capital funcionan entre 3000 y 3500 talleres textiles clandestinos. El 78% de la actividad del ramo trabaja, en negro, más de 12 a 14 horas diarias y con menos de 700 pesos de sueldo. En muchos casos pernoctan en el mismo taller clandestino y la mayoría son extranjeros, mayoritariamente bolivianos.

Existen en el país entre 150 y 200 mil trabajadores textiles en negro. ¿Qué opinarán los burócratas de la Asociación Obrera Textil? ¿Qué opinará la Policía del Trabajo y el ministerio del ramo?

La Defensoría del Pueblo de Buenos Aires viene denunciando desde hace años la brutal anomalía, sin ser escuchada de modo que se tomen medidas; al contrario, el abuso se extiende y se agudiza.

Pero más grave y trágico aún es que estos “talleres clandestinos” trabajan para las “Grandes Marcas” del mercado, que tercerizan en éstos su fabricación con evidentes propósitos de eludir leyes laborales e impositivas y multiplicar ganancias sin asumir riesgos. ¡Una porquería!, una porquería hecha por “hombres”.

Así, una costurera recibe por la fabricación de una camisa tan sólo 1 peso, cuando el valor “inflado” del mercado para la misma camisa es de 200. ¿Dónde habrán quedado las leyes laborales y la jornada de 8 horas?

¡Vaya qué lobo para el hombre!

Clarín le achaca culpas al Gobierno Nacional, que no está exento de ellas, pero omite denunciar el nombre y apellido de los beneficiarios y culpables principales. Las Grandes Marcas.

La ley de trabajo domiciliario establece una responsabilidad solidaria entre el taller y quienes tercerizan, pero dada la clandestinidad en que éstos se mueven, nunca aparecen responsables.

Según Clarín, en las villas como la 1-11-14 de los bajos de Flores, que alberga a más de 40 mil almas, funcionan entre 300 y 500 talleres clandestinos. ¿Nadie lo sabe, nadie contesta?

En la Capital existen catorce villas con más de 200 mil habitantes. ¿Qué hace al respecto el Gobierno de la Ciudad? En muchos casos aplica el “método Cacciatore” (tristemente célebre intendente de la Dictadura): la expulsión, ya sea por las buenas, dándoles unos manguitos, o por las malas, apelando a los servicios de algún juez cómplice de la policía brava y de sus propias barras de matones a sueldo municipal.

Como corolario cabe preguntarse: ¿habrá un lobo más feroz que el hombre?

Y una última de cal; se pretende convertir a Buenos Aires en una ciudad turística, para lo cual el GCABA puso en servicio un micro de dos pisos, con el segundo nivel descapotado, al módico precio de 35 pesos. Eso sí estén contentos los porteños que solo pagarán 25 pesos para conocer Congreso, La Boca, Plaza San Martín y Plaza Italia.

“Va a estar linda Buenos Aires”, pero… ¡ojo con los “hombres”!

Hasta la Próxima