domingo, 31 de mayo de 2009

RAÚL SCALABRINI ORTIZ



A 50 AÑOS DE LA MUERTE DEL ESCRITOR Y PATRIOTA

EL l4 DE FEBRERO DE 1898 NACE RAÚL SCALABRINI ORTIZ

“EL HOMBRE QUE CANSADO DE ESPERAR ACTÚA”


“La historia oficial argentina es una obra de imaginación en que los hechos han sido consciente y deliberadamente falseados y concatenados, de acuerdo a un plan preconcebido que tiende a disimular la obra de la intriga cumplida por la diplomacia inglesa, promotora subterránea de los principales acontecimientos ocurridos en este continente…Los historiadores no eran historiadores, eran novelistas, que habían urdido una trama que llamaban historia nacional, en la que los próceres eran todos los que sirvieron incondicionalmente a los intereses británicos y los truhanes aquellos que de alguna manera se opusieron a esas maniobras… Todo lo que nos rodea es falso e irreal, falsa la historia que nos enseñaron, falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron, falsas las perspectivas mundiales que nos presentan, falsas las disyuntivas que nos ofrecen, irreales las libertades que los textos aseguran.” 1940

El hombre que está solo y espera, la obra literaria y sociológica más importante de Scalabrini Ortiz sería el material teórico base de su posterior investigación económica y su acción política. Desde la usina ideológica que fue FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) y las tribunas que fueron los periódicos “Señales” y “Reconquista”, denunciará la entrega del país a Inglaterra, la potencia dominante de entonces. Su lucha por la liberación nacional, desde el radicalismo primero y desde el peronismo después, será la razón de su existencia. Comparte el júbilo del 17 de Octubre de 1945, pero no acepta cargos en el gobierno peronista. Tras el golpe del 55 encara una nueva pelea desde “El Líder”, “El Federalista” y la revista “Qué”. Los ferrocarriles, las riquezas del país y el sometimiento fueron siempre temas centrales por los que bregaría hasta su muerte. El hombre que está solo y espera En ésta su principal obra literaria (1931), se encuentra la noción de un ser sumado al conjunto, a un espíritu colectivo y subyacente, el de la tierra, que se hace presente más allá de la categoría temporal. Se vale de una especie de hombre arquetipo, que denomina “de Corrientes y Esmeralda”, no por un centralismo porteño -que rechaza-, sino por la característica peculiar de un Buenos Aires universal que engloba al conjunto de hombres y les ofrece el “espíritu de la tierra”. Ese hombre se convierte en un gigante, compuesto por una multitud que abarca la vastedad de la llanura con su cielo profundo. Es el semental de la cuenca hidrográfica sentimental y espiritual de toda la república. Es como la música de un tango sin letra. Tiene incorporado el sentimiento de soledad pero dentro del conjunto, echa sus raíces en la tierra para florecer en el mundo, es el hombre que confía en los pálpitos, lo que constituye la desgracia de los políticos que no lo pueden predecir. “Toda la magia de la vida consiste en creer…en atreverse a erigir en creencias los sentimientos arraigados en cada uno, por mucho que contraríen la rutina de las ciencias extintas.” El concepto de espíritu de la tierra es la contrapropuesta al individualismo positivista de Ortega y Gassett. Éste no ha podido respirar el aire suspendido en la vasta llanura, no ha percibido su espíritu. No por casualidad en cierta ocasión el multifacético Bernardo Neustadt, desde su auto podio de periodista mayor del sistema, calificó al libro de Scalabrini de “literatura menor”. ¡Ladran Sancho! El libro de Scalabrini obtendría el segundo premio nacional de literatura, Bernardo en cambio sólo recogería el rechazo de la gran mayoría del pueblo.
Había dicho Juan Bautista Alberdi a mediados de 1800: “Tenga cuidado el señor Sarmiento, que hay una barbarie letrada mil veces más desastrosa para la civilización verdadera que la de todos los salvajes de la América desierta”. Hoy habría que agregar: Tenga cuidado el nada señor Neustadt.
La política británica en el Río de la Plata “En puridad, la economía se refiere exclusivamente a las cosas materiales de la vida, pero la economía bien entendida es algo más. En su síntesis numérica laten perfectamente presentes, las influencias más sutiles, las confluentes étnicas, las configuraciones geográficas, las influencias climáticas, las características psicológicas y hasta esa casi inasible pulsación que los pueblos tienen en su esperanza cuanto menos… Todo lo material, todo lo venal, trasmisible o reproductivo, es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios de transporte y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero están los medios internos de cambio, la distribución del crédito, el régimen bancario. Extranjero es gran parte del capital hipotecario y extranjeros son en increíble proporción, los accionistas de las sociedades anónimas.” Esta radiografía marca claramente la situación de dependencia del país en 1940.
Solía repetir Scalabrini, y con el perdón de los felinos, que “el gato es mal guardián de las sardinas” cuando se refería a los economistas del sistema que no encontraban mejor salida que la entrega de la riqueza al extranjero como única vía de desarrollo, o el enajenamiento a través de empréstitos.
Denuncia a Raúl Prebisch como el hombre que desde el Banco Central empuña el comando y desata esa gran tragedia nacional ocurrida durante la “década infame”, cuando la inteligencia política británica nos hunde en una ciénaga sin horizonte, relegándonos a la categoría de factoría. Analiza los más de cuatro siglos de la conquista, y los más de tres siglos en los que comienzan a surgir las “inteligencias americanas”, nacidas en América, que escribían tragedias al modo griego o disputaban sobre los exactos términos de aplicar las últimas doctrinas europeas. El conocimiento preciso de la realidad fue suplantado por aquellas teorías que pudieron haber tenido éxito en sus países de origen, pero no al otro lado del océano en situaciones muy diferentes. Por eso constituyeron un fracaso, por el que se debió pagar muy alto precio. Los revolucionarios de 1810 excluido Moreno, adoptaron sin analizar aquellas doctrinas corrientes en Europa -las de la Revolución Francesa por ejemplo-, aplicables en aquellas circunstancias, pero que mal se adaptaron a otra realidad absolutamente diferente. Como fue el “librecambio liberal” que alimentó el Imperio Inglés, que aún antes de nuestra emancipación manifestaba su apetencia por estos mercados vírgenes. Se sustituía así un imperio por otro, el medieval español por el “progresista” liberal inglés, que comienza una nueva conquista, la colonización mental. “El capital no es más que energía humana acumulada y dirigida…Los capitales británicos son el resultado de la capitalización a favor de Gran Bretaña de la energía y laboriosidad de los ciudadanos argentinos y de la riqueza natural del suelo que habitan…Los únicos capitales que los ingleses invirtieron en nuestro país fueron los sobornos.”(16 de junio de 1937) Los ferrocarriles “Los ferrocarriles constituyen la llave fundamental de una nación…es imposible concebir una unidad orgánica cuyas vías de comunicación pertenezcan al extranjero, así como es imposible concebir un ser cuyos movimientos arteriales sean regulados por una voluntad ajena… Gozamos apariencia de nación hasta donde esa apariencia no perjudique los intereses de Inglaterra…” Consideraba a los ferrocarriles en manos extranjeras como un arma fundamental de sometimiento y como tal lo denunció durante toda su vida. El instrumento de que se valían era “la tarifa”, con la que privilegiaban determinadas regiones y cultivos, o entorpecían el desarrollo de industrias. El único fin era el de favorecer la exportación; el ferrocarril muy bien podía levantar un pueblo, como aislarlo y destruirlo. Era un arma artera, tan silenciosa como implacable. La Argentina en 1958 con Frondizi, y en 1990 con Menem, presenta ejemplos que le dan la razón a la teoría de Scalabrini Ortiz: pueblos prósperos convertidos de la noche a la mañana en reductos fantasmas. Por medio de las tarifas y la diagramación de la red ferroviaria en abanico, Inglaterra mantendrá postergado al país en un primitivismo agrario. Con una trama similar a la de una telaraña se exprimirán las riquezas del interior, exportando a través del puerto de Buenos Aires materias primas con nulo valor agregado, relegando completamente el menor intento de desarrollo industrial. Scalabrini fue el principal impulsor de la nacionalización de los ferrocarriles, hecho que se produciría durante el gobierno de Perón el 13 de Febrero de 1947, encarando la prédica opositora de que los ferrocarriles eran “hierro viejo” y que no valía la pena comprarlos escribía: “Quien afirma que los ferrocarriles son hierro viejo, afirma una verdad clara como la luz del sol. Pero quien de allí deduce que no deben ser expropiados y nacionalizados incurre en un error de lógica, porque no ha percibido el problema en toda su dimensión. El material ferroviario está viejo indudablemente, pero a pesar de ello, el poder de los ferrocarriles no ceja…aunque el material es viejo, el poder político de los ferrocarriles se muestra lozano y brioso… Adquirir ferrocarriles equivale a adquirir soberanía y esto es así porque con la nacionalización se podrá regular la circulación interna de mercaderías y pasajeros, reorientar las corrientes de tráfico y comercio interior, distribuir las industrias, diseminar la actividad y la población, estimular la actividad de las provincias sofocadas por el alejamiento del ferrocarril y organizar coordinadamente el transporte en todo el país… El ferrocarril fue el arma principal que el extranjero utilizó en su obra de sujeción de la voluntad argentina…” Llegó a interpelar a Perón en dos ocasiones para insistir en su teoría, la que finalmente prevalecería y se sumaría a la nacionalización del gas (17 de abril de 1944), la expropiación de la usina eléctrica de Tucumán (25 de abril de 1944), la formación del IAPI (Instituto de Promoción del Intercambio) y la creación del Banco Industrial, hechos que marcaron un nuevo rumbo independiente e industrialista del país. Después del golpe de 1955 se lanzaría una campaña de desprestigio de todo lo nacional y del control del Estado sobre los resortes estratégicos de la economía. Respecto al déficit ferroviario añadiría: “El déficit no es en sí mismo y menos aún una prueba de que un ferrocarril esté mal administrado, porque puede estar al servicio de un propósito distinto al de su propia ganancia.” El ferrocarril no necesariamente debe procurar ganancias ni autofinanciación, ya que es un servicio público eficaz, rápido, no contaminante, que favorece el desarrollo de zonas apartadas y que es funcional a otras actividades productivas, ganaderas, agropecuarias e industriales que hacen al progreso de un país. La así llamada “Revolución Libertadora” primero y el Frondizismo después, buscarán desandar la política nacionalista del peronismo, y el ferrocarril sufrirá las consecuencias. El nefasto “plan Larkin” comenzó el desmantelamiento ferroviario, que continuará con las dictaduras y se agudizará con Menem. De 44.000 kilómetros de vías en 1940 se pasa a 35.700 en 1988 y a tan sólo 11.700 a finales del menemato. Los privatistas empedernidos hablaban del déficit ferroviario de un millón de pesos diarios. Hoy lamentablemente el país gasta dos millones diarios, pero en subsidios a empresas privadas y con cuatro veces menos vías, ¡una situación desvergonzada! No queda otro camino que la estatización de los ferrocarriles con el control de los trabajadores y los usuarios. No cabe duda que, de vivir Scalabrini, ése sería el planteo: “¡Toda la magia de la vida consiste en creer… en atreverse…!” El triste fin Con la “Libertadora” y Frondizi todo parecía haber vuelto al pasado. Los contratos petroleros, la adhesión al FMI, el abrazo de oso de Wall Street y el Plan Conintes de represión, llevan a Scalabrini a intentar una nueva pelea contra la entrega, pero vencido por la enfermedad después de un período de postración, fallece el 30 de mayo de 1959.
En las exequias, Arturo Jauretche lo despide con emotivas palabras: “Tú sabes que somos vencedores… vencedores en estado de conciencia definitiva que los argentinos han tomado de lo argentino. Por eso hemos venido a despedirte, a decirte: ¡Gracias, hermano!”



Su Obra:

-La Manga, Cuentos, 1923. El Hombre que está solo y espera, 1931. -Política Británica en el Río de la Plata, 1940. -Historia de los Ferrocarriles Argentinos, 1940. -Los Ferrocarriles deben ser del pueblo argentino, 1946. -Tierra sin nada, tierra de profetas, Poesía y ensayos, 1946. -Bases para la Reconstrucción Nacional, Recopilación de artículos, 1965. -Artículos Periodísticos en: Señales, Cuadernos de Forja, El Líder, El federalista, Qué.

Nació en la ciudad de Corrientes el 14 de febrero de 1898. Su juventud transcurrió bajo la presión del liberalismo conservador en una provincia de raigambre feudal. En su militancia juvenil integró un grupo llamado “Insurrexit” de tendencia marxista, en el que descubre la importancia de los factores económicos y sociales en el desarrollo histórico.
Estudió Ciencias Exactas y se dedicó a la ingeniería. Deambuló en busca de trabajo por las provincias de La Pampa, Entre Ríos y Catamarca y viajó a París. A su regreso fue periodista de La Nación, El Mundo y Noticias Gráficas, y se acercó al grupo de Boedo. En 1933 participó de la insurrección radical de Paso de los Libres contra el gobierno fraudulento de Justo, y fue desterrado a Europa. A su regreso hacia fines de 1934, se integra al grupo FORJA. Su maestro de “pluma” fue Macedonio Fernández. Dedicó su vida y su obra a la causa de la liberación nacional. No lo pudieron doblegar sus detractores, pero sí la enfermedad, murió el 30 de mayo de 1959.


(Publicado en el nº 148 de Primera Página - Enero-Febrero de 2007)



FUENTES:
Centro Cultural E. S. Discépolo, “El pensamiento vivo de Raúl Scalabrini Ortiz”, 2001.
Galasso, Norberto, Jaureche y su época, Corregidor, 2003. Scalabrini Ortiz, Raúl, Bases para la Reconstrucción Nacional, Plus Ultra, 1973. Scalabrini Ortiz, Raúl, El Hombre que está solo y espera, Plus Ultra, 1991. www.discepolo.org.ar/acalabri.htm www.elortiba.org/sortiz.html