viernes, 1 de agosto de 2014

WILLIAM WALLACE - CORAZÓN VALIENTE





23 de agosto de 1305


 “Corazón Valiente” y su lucha contra un Imperio

PELICULA SOBRE WALLACE




A largo de su historia, Inglaterra llegó a invadir hasta el 90% del planeta tierra. No lo intentó con otros planetas por razones obvias



No fueron pocos los escollos que encontró Inglaterra en su largo peregrinar imperial, en el que dejó un saldo de millones y millones de muertos en los cinco continentes. Y fue equitativo en su accionar, pues tampoco respetó a su vecino más próximo, Escocia. Allí  encontró a un rival que le ocasionó grandes dolores de cabeza, William Wallace, o “Corazón Valiente”, un gigantón de dos metros de altura y una energía anticolonial que le valió una terrible muerte: estrangulado, ahogado y desmembrado, un escarmiento para que su ejemplo no cundiera, cosa que Inglaterra no pudo lograr.





“MONDO CANE”



El nacimiento de los grandes imperios ocurría cuando un pueblo que presentaba una “civilización avanzada” y una religión dominante, se proponía dominar a la mayor cantidad de territorios posibles, donde establecía un sistema de control unificado, como por ejemplo el del Imperio de Alejandro Magno o del Imperio Romano.

El imperialismo se caracterizó como una expansión colonial en territorios vecinos y de ultramar, a los cuales se les imponían sistemas estructurales acordes con el sistema económico central, y en el que cada urbe debía someter la política y hasta la cultura al poder dominante.

El 90% del planeta Tierra fue invadido en algún momento de su historia por el imperio inglés, del que solo se salvaron apenas 22 países, ya sea por irrelevantes o por carecer de salida a los mares que éste dominaba. En efecto, después del Imperio Romano, fue el inglés el país-imperio más invasor, que inclusive superó al “espíritu de las brutales Cruzadas” de los siglos XI al XIV.

Ya en la época contemporánea, fue Inglaterra quien dio impulso al imperialismo empezando por el establecimiento de un sistema colonial, que consistía no solo en la ocupación de vastos territorios, sino también en hacerse de puntos de apoyo estratégicos como el Cabo (1814), Singapur (1819), Adén (1839) y Hong Kong (1842), entre otros, sin contar las numerosas islas en el Atlántico sur o el Océano Índico. Desde esos puntos, los comerciantes ingleses obtenían acceso hacia el interior, lo que con el correr del tiempo dio paso al control de amplias extensiones en los seis continentes, con colonias tan importantes como las de la India, Australia y Canadá, sin enumerar otras posesiones asiáticas, africanas y americanas.

Siguiendo el ejemplo británico, otros estados europeos también se lanzaron a la conquista de territorios africanos y asiáticos, como Francia, Bélgica, Portugal, Holanda y España.



LAS GUERRAS POR LA INDEPENDENCIA DE ESCOCIA

LA GRAN BATALLA DE CORAZÓN VALIENTE




Poco se sabe y se difunde en el mundo la rica historia de Escocia, amén de que usan faldas y tocan muy bien la gaita.

Se conoce con el nombre de Guerras de independencia de Escocia a todo un conjunto de campañas militares que enfrentaron a Escocia con su vecino insular, Inglaterra, entre finales del siglo XIII y ya avanzada la segunda mitad del siglo XIV. A lo largo de dicho período, mediante campañas y batallas, el objetivo de Inglaterra era ocupar y anexar el territorio escocés, mientras que Escocia pretendía mantener su propia independencia frente a los ingleses.

La Primera Guerra de Independencia (1296-1328) se inició con una invasión inglesa de Escocia, que terminó con la firma del Tratado de Edimburgo-Northampton en 1328. La Segunda Guerra de Independencia (1332-1357) empezó con motivo de la invasión de Eduardo de Balliol, apoyado por los ingleses, en 1332, y finalizó en 1357 con la firma del Tratado de Berwick.

El período y todos los conflictos en su conjunto sumieron a Escocia en una profunda crisis nacional que hizo de esta una época decisiva para la posterior historia del país. Una vez finalizadas ambas guerras, Escocia había logrado mantener su estatus de nación libre e independiente, lo que era en sí su objetivo desde el principio y a lo largo de todo aquel conflicto, claro está que asociada a una alianza estratégica con Inglaterra mediante el Reino Unido de la Gran Bretaña, con la adición del residuo colonial de Irlanda del Norte.

Hoy se reedita una nueva vuelta de tuerca en el viejo conflicto con un plebiscito por el cual Escocia decide si rompe o no con su antiguo “enemigo”, declarándose independiente de aquella asociación de estados (Inglaterra-Gales-Escocia-Irlanda) dominada por el principal (Inglaterra).



CORAZÓN VALIENTE: WILLIAM WALLACE

MONUMENTO A WILLIAM WALLACE EN ABERDEEN ESCOCIA




“¡¡¡Libertaaaadddd…!!!, gritará Wallace, en lugar de “piedad”, ya ante el verdugo que lo decapitará y desmembrará.

Escocia reconoce a William Wallace como “héroe nacional”. Escocia se liberó, pero más tarde cayó nuevamente en las garras del Imperio inglés, tras el subterfugio de formarse “el Reino Unido de Gran Bretaña”.

Se desconocen con precisión datos ciertos sobre el nacimiento de Wallace, los más confiables lo ubican en la aldea escocesa de Elderslie en el año 1271, aunque todo en su vida está cubierto por el enigma.

Perteneciente, al parecer, a la más baja nobleza, su familia vivía de forma humilde pero autosuficiente. Siendo el segundo hijo varón, se le preparó para formar parte del estamento religioso; su destino de sacerdote quedó interrumpido para dar lugar a uno mucho más trascendental.

Tras la muerte del rey Alejandro III en 1286, Escocia vive un período político turbulento; la sangre cubría todo el territorio, los tres hijos del rey habían muerto, y dos familias enemistadas, los Bruce y los Baliol, lucharán por el trono en una guerra civil de clanes que concluyen tras la actuación del monarca inglés, el despiadado Rey Eduardo I alias Longshanks (Piernas Largas), que toma partido en favor de los Baliol, quien se impone en 1290. A partir de este momento Escocia quedaría bajo la tutela de Inglaterra.

Aunque teóricamente libre, la realidad era muy distinta. El pueblo escocés estaba descontento con la situación pues, en la práctica, se encontraba sumido a las órdenes de su poderoso vecino.

En 1291, cuando William contaba con 20 años, su vida dio un giro inesperado. Su padre y su hermano mueren combatiendo a los ingleses, hecho que despertó en él un odio incontrolado. La rabia más insoportable invadió el alma del futuro héroe, quien a partir de ese día se empeñará en dirigir todos sus esfuerzos a acabar por todos los medios con la semi-ocupación inglesa de su tierra. Ese mismo año, paseando por la ciudad de Dundee, nace el mito del corazón valiente. William, un joven de casi dos metros de altura (casi un gigante en la época) y ataviado con el traje típico escocés y los colores verdes de su clan, recibe la burla de un grupo de jóvenes ingleses. Se ríen de sus ropas y de su origen escocés, lo que no puede soportar. En un arrebato de ira mata a los muchachos sin saber que uno de ellos era el hijo del gobernador inglés. A partir de ese momento y hasta su muerte, Wallace será el mayor héroe libertador de la historia de su país.

Primero se convierte en un fugitivo, pero no era su propósito vivir escondido y, junto a un grupo de amigos, empieza a luchar en los bosques. Nace entonces una guerrilla que hostigaba a los ingleses, atacando en los espesos bosques al amparo de la vegetación y aprovechando el desconocimiento del terreno por los soldados enemigos, tanto es así que con esa estrategia consigue exterminar numerosas patrullas, actuando como fantasmas. Posiblemente allí nació el mito.

Durante cinco años peleó sin cesar hasta ser finalmente atrapado, se dice que los ingleses lo encerraron en un calabozo y decidieron matarlo de hambre. Durante semanas habría estado en esas condiciones, hasta que murió. Cuando sus amigos acudieron a reclamar el cadáver, descubren que aquel demacrado cuerpo todavía tenía vida. Completamente deshecho, débil y enfermo, Wallace estaba vivo. Al recuperarse, el mito se acrecentó. William Wallace es inmortal, ha vuelto desde el infierno para cobrarse la vida de los ingleses.

Cientos de escoceses, hartos de la ocupación extranjera, siguen ciegamente a un líder cada vez más poderoso. Ahora Wallace era fuerte, y representaba la máxima esperanza para su pueblo.

En 1296 Eduardo I exige más tropas y tributos a John de Baliol para financiar las guerras inglesas en Francia. Baliol no accede, entonces Inglaterra conquista Escocia. En la batalla de Dunbar, los nobles escoceses lucharon por quitarse la soga inglesa que les apretaba cada vez más, sin embargo fueron gravemente derrotados.

Otro episodio oscureció la vida del líder al extremo cuando una patrulla inglesa asesinó a su esposa Murron (o Marion), luego de una acción de los rebeldes. A partir de ese momento todo el territorio escocés se transformó en un auténtico infierno para los ingleses. Sus castillos y guarniciones iban siendo aniquilados, el poder de Wallace crecía, la guerrilla se convertía en un poderoso ejército de fieles seguidores. Todos se aferraban a él como único líder capaz de derrotar la hasta entonces invencibilidad inglesa.

Los escoceses se parapetan tras un río y el puente que lo cruza. Allí la defensa era muy favorable, pero los ingleses, que muy superiores en número, mejor armados, mejor entrenados, confían en una sencilla victoria, se encuentran con algo muy distinto a lo esperado. Aproximadamente 20.000 ingleses se lanzaron sobre las posiciones escocesas. Unos 500 jinetes de la caballería pesada debían aplastar a los escoceses, y es cuando aparecen las nuevas lanzas escocesas de más de dos metros de largo, lo que provoca una verdadera masacre.

MAPA DE LA ZONA


El enviado de Eduardo I se niega a capitular, en cambio envía refuerzos de urgencia. Y cuando ocupan toda la extensión del puente, éste cae incapaz de soportar tanto peso. Cientos de hombres perecen ahogados, y el resto por las lanzas y las flechas escocesas.

Ahora el desastre inglés es absoluto. Escocia ha vencido. Fue ese el mejor momento para el gran héroe escocés, que además de ser muy inteligente era dueño de un gran carisma y de la lealtad absoluta de sus hombres.

Nombrado lord protector de Escocia, invade el norte de Inglaterra, y York, la ciudad más importante de esa región, es aplastada. Wallace corta la cabeza al sobrino de Eduardo I. El país más poderoso de Europa tiembla ante el coraje de un solo hombre. Pero ahora, enfurecido y humillado, Eduardo I no va a cometer errores. El ejército inglés que cae sobre Escocia en 1298 sería imparable.

Ante el poder del ejército invasor, los nobles escoceses se ven acobardados, mientras que Wallace parece ser el único que quiere luchar. El máximo aspirante a la corona, Robert de Bruce, y la nobleza, lo traicionan. El monarca inglés se ha cuidado bien de sobornar a toda la clase noble antes de la invasión final, Wallace tendrá una dura derrota a manos de los ingleses en la batalla de Falkirk, aunque de nuevo logra sobrevivir.  Perseguido, huye del país. Fue entonces que comenzó a recorrer Europa, desde Francia hasta el mismo Vaticano, buscando ayuda para su causa, pero no encuentra a nadie dispuesto a enfrentarse con Eduardo I. Tras algunos años, harto de las palabras vacías de los líderes europeos, decide volver a su tierra para proseguir la lucha. De nuevo, el espíritu de libertad, encarnado en su persona, recorría el territorio escocés, aunque esta vez la cruel naturaleza humana hizo que muchos lo traicionaran, y más que eso, algunos de sus colaboradores más cercanos colaboraron para que fuera apresado. Es así que Wallace cae en una emboscada y es llevado a Londres para enfrentar un juicio que tiene un solo veredicto posible: pena de muerte. La sentencia es siempre cruel para los enemigos de la patria, y esta vez se cebaría especialmente como escarmiento para todo aquel que osara enfrentarse al poder del rey.

Se lo acusa de alta traición al monarca, de asesinato y de paganismo. Fue entonces cuando pronunció sus palabras más famosas: “Si me acusáis de asesinato por asesinar a los enemigos de mi patria, entonces soy cien veces culpable, pero no me podéis llamar traidor, cuando siempre he servido a mí país, el cual es Escocia, y no Inglaterra, a cuyo rey nunca he jurado lealtad”.

Su condena fue ejemplar: será arrastrado, colgado y descuartizado. Unos caballos lo arrastraron ocho kilómetros hasta el lugar en que fue ejecutado. Luego lo llevaron al matadero en donde fue estrangulado. Después, le sacaron los intestinos, le abrieron el estómago y el pecho para mostrar su corazón; se dice que todo esto se lo hicieron cuando aún estaba vivo, cosa difícil de creer.

Ante la mirada de la muchedumbre, William recibió un castigo de una crueldad absoluta. Sin embargo, no profirió ni un lamento. Aguantó estoicamente el dolor hasta encontrar la paz tras su muerte.

Eduardo I ordenó que sus miembros mutilados fueran repartidos por las cuatro esquinas de Gran Bretaña, lo que no amilanó a los escoceses, más bien hizo que Wallace terminara por consagrarse como el mártir de la causa escocesa.

La leyenda del guerrero inmortal se volvió imparable.

Escocia se agita, se alza ante la injusticia y luchará contra el invasor hasta la extenuación. El espíritu de William Wallace, el corazón valiente de Escocia, guiará a los suyos encendiendo la llama de la rebelión. Ahora, el líder sería Robert de Bruce, futuro rey de Escocia. Su grito de guerra era ahora más que nunca el lema del clan de los Wallace: "Por la libertad”. Alentados por la figura del mártir, los alzados triunfan y logran la liberación de su tierra. En 1306 Escocia lograba la independencia, reconocida luego por Inglaterra en 1314, tras la batalla de Bannocknurn, donde obtuvieron la victoria definitiva. Escocia era libre. Y en cada valle, en cada aldea, en cada rincón de la vieja Escocia se escondía el espíritu de William Wallace, el héroe libertador, al tiempo que un grito cubría el cielo y se perdía en el horizonte: Alba go brath (Escocia para siempre).



EN EL CINE

“Luchad, y puede que muráis. Huid y viviréis… un tiempo al menos. Y cuando estéis en vuestro lecho de muerte dentro de muchos años, ¿no cambiareis todos los días desde aquí hasta entonces por una oportunidad, solo una oportunidad, de volver aquí y matar a nuestros enemigos? Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán… ¡la libertad!”.

Mel Gibson en Braveheart



Braveheart (Corazón Valiente) es una película estadounidense histórica-dramática de 1995 dirigida, producida y protagonizada por Mel Gibson, basada en la vida de William Wallace.

Con algunos errores históricos propios del cine de Hollywood, esclarece al menos la vida de un personaje legendario de la historia de Escocia en la baja Edad Media.

La versión fílmica de la lucha de Wallace despertó los sentimientos nacionalistas de muchos escoceses de hoy en día y los inspiró a seguir su cruzada por la independencia política. En varias ocasiones, en el siglo XX, se había debatido en el Parlamento inglés si cierto poder doméstico debía ser devuelto al control del nuevo Parlamento escocés, pero dichos esfuerzos jamás se habían cristalizado. El Partido Laborista, en su campaña por asumir el control del gobierno británico, prometió que, de ser electo, le daría a Escocia la oportunidad de votar en un referéndum por su libertad.

En mayo de 1997 el Partido Laborista ganó las elecciones nacionales. El pueblo de Escocia ganó el referéndum con un 75 % a favor del Sí. Poco después, el Parlamento británico aprobó el acta de devolución y el 1 de julio de 1999 se reunió el nuevo Parlamento escocés. Hoy, en 2014, se habla de la total secesión de Escocia del Reino Unido.

La libertad requiere sacrificios, creo que ese es el mensaje de William Wallace y el significado de su leyenda, que coincide con el mensaje actual de muchos pueblos y países por recuperar la autonomía económica perdida en las décadas pasadas.



Miguel Eugenio Germino

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Fuentes:




http://alifa.org/blog/2005/06/05/william-wallace-el-corazon-valiente-de-escocia/






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