martes, 1 de noviembre de 2016

RAÚL GARELLO



Raúl Garello nos dejó para unirse a Pichuco en la inmortalidad
                           1936-2016



Una nueva y sensible pérdida sacude al mundo del tango con la partida el 28 de septiembre pasado del bandoneonista, director, compositor y arreglador Raúl Garello, una de las últimas figuras de la vieja guardia, épocas de bonanza de nuestra música popular.
De una manera indirecta se implanta en nuestro barrio el del Abasto, que aunque la actual nomenclatura oficial no reconoce como barrio, la zona bien tiene ganado ese título.
Entre tantas cosas que le debemos a Garello, debe agregarse además la de haber sido el custodio de uno de los bandoneones del gran Pichuco, el que “nunca se fue de su barrio, porque siempre está llegando”. En 1975, Zita, la esposa de Troilo, le obsequió uno de los bandoneones del maestro, y luego de 30 años decidió a su vez legarlo a la Academia Nacional del Tango.




Así lo explicaba Garello: “Tuve ese bandoneón durante 30 años y siempre pensé que era mucho para un solo bandoneonista. No sólo como símbolo, por lo que significa, sino también como instrumento, porque es un fueye fenomenal. Lo doné a la Academia con la condición de que lo mantuvieran como hice yo todos estos años. Y para cuidarlo hay que hacerlo sonar periódicamente, un instrumento tiene que ser tocado”.
Raúl Garello participó en un disco de homenaje a Troilo en el que varios bandoneonistas ejecutaban aquel mítico instrumento, con producción de Gabriel Soria. Se llamó “Troilo compositor” y tuvo su presentación en el teatro Maipo, en el que Garello compartió el escenario con colegas como Federico, Baffa, Daniel Binelli, Víctor Lavallén, Néstor Marconi, Osvaldo Montes, Julio Pane y Walter Ríos, entre otras figuras tangueras.
Había sido orquestador de Troilo. Deja una extensa y rica obra. Se aprestaba a participar de un concierto de la Orquesta de Tango de Buenos Aires, formación que fundara y dirigiera, en un programa dedicado a los “Bandoneonistas compositores”, y estaba participando en conciertos en una sala del barrio de Villa Crespo, donde compartía el escenario con jóvenes músicos. A su vez daba clases de tango, ya que le gratificaba la docencia y el transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones tangueras. 


Inició su carrera profesional a los 18 años, cuando pasó a integrar la orquesta de Radio Belgrano. En aquellos tiempos las radios tenían su orquesta y el tango era una parte trascendental del paisaje sonoro ciudadano, allí conoció a Leopoldo Federico, a quien luego reemplazaría en el cuarteto encabezado por Roberto Firpo. En su rol de arreglador, la primera oportunidad apareció para él con la orquesta de Baffa-Berlingieri.
Fue también arreglador de Leopoldo Federico, Enrique Mario Francini, entre otros, pero se lo recuerda por haber asumido ese rol en la orquesta de Aníbal Troilo, tres años después de haber ingresado como bandoneonista. Siguió siendo su orquestador por casi una década, hasta la muerte del maestro.
Sus primeros trabajos como orquestador se registraron en 1966: “La guiñada” de Agustín Bardi, para la orquesta Baffa-Berlingieri y “Los mareados” de Juan Carlos Cobián, para la de “Pichuco”
 El año 1977 marca el inicio de una sensacional serie de cuatro discos instrumentales, con su orquesta ampliada con el concurso de 27 músicos, en los que dio a conocer su obra de compositor: “Che Buenos Aires” (estrenado anteriormente por la orquesta de Troilo en 1969), “Verdenuevo”, “Margarita de agosto”, “Muñeca de marzo”, “Pequeña Martina”, “Bien al mango", “Vaciar la copa”, “Aves del mismo plumaje”, “Che Pichín” y “Pasajeros del tiempo”.
 Desde 1980 fue co-director fundador de la “Orquesta del Tango de Buenos Aires”, alternando como director y arreglador con el maestro Carlos García. El 9 de julio de 1990 alcanzó una preciada meta: actuó al frente de su orquesta en el Teatro Colón. Ya en 1988 había vivido con su conjunto otra experiencia no menos incitante: la participación en una película: “Tango for two”, dirigida por Héctor Olivera.
 Llevaba realizados 101 registros con Roberto Goyeneche, 80 con Juárez en RCA y en Odeón, de 20 a 25 con Roberto Rufino, Floreal Ruiz y tantos otros. Unos 250 en total, escritos, grabados y dirigidos. Seguía componiendo, “buscando y en dudas”, solía repetir, aunque a un ritmo más moderado.
Su música y su estilo, son referentes de la vieja guardia y se identifican plenamente con el Buenos Aires actual con un sonido tan personal, por su riqueza armónica y una envolvente belleza estética.

                                                                  Marta Romero