martes, 1 de noviembre de 2016

SIRIA



La pelea en Siria sube la tensión mundial






Mientras los medios del mundo discuten quién será el próximo ocupante de la Casa Blanca, el conflicto en Siria escala en violencia y vuelve a poner frente a frente a dos viejos rivales: Rusia y Estados Unidos.
Pese a sus payasadas autoritarias, no se equivoca Donald Trump cuando acusa al partido Demócrata por la violencia creciente en Medio Oriente. Pese al éxito inicial que constituyó el pacto con Irán, son muchas las evidencias que el ISIS nunca se hubiese desarrollado sin el apoyo, o por lo menos con la vista gorda, de la política exterior norteamericana que en su momento fue comandada por la actual candidata a presidente.
Acostumbrados a un escenario internacional que después de la caída del Muro de Berlín era unipolar, el resurgimiento de Rusia modificó el panorama y ahora los yanquis ya no están tan solos. Con un presidente como Putin, que parece no estar dispuesto a dejarse atropellar, Rusia discute palmo a palmo por la independencia de Siria, y es el artífice principal de la permanencia de Bashar al Asad en el poder. Pero tampoco estamos ante un escenario bipolar: tercia en este reparto China, que si bien conserva su perfil independiente, en el caso de Siria está más cerca de los rusos que de los norteamericanos.
Frente a este panorama, el resultado de las elecciones en Estados Unidos cobra una importancia vital. Todo el establishment mundial y no pocos intelectuales latinoamericanos de izquierda, apuestan por el triunfo de Hilary Clinton, sin darse cuenta que esto probablemente lleve a una profundización de la violencia en Medio Oriente, de la mano de un partido que ya mostró cual es su política: crear monstruos para combatir a quienes se oponen a sus intereses.
Donald Trump en cambio, ya propuso actuar en conjunto con los rusos, lo que parece sin duda ser lo más racional, pero su impresentable perfil y la sucesión de escándalos hacen difícil su llegada al poder y si por alguna de esas casualidades ganara, alumbraría un gobierno débil y cuestionado. Gruesos nubarrones que no presagian nada bueno se ciernen en el horizonte cercano.
                                                                                                
                                                                             Pablo Salcito