jueves, 1 de septiembre de 2011

CARLOS BAHAR


La vocación irrefrenable por la poética ciudadana

Carlos Bahr, uno de los más virtuosos e impecables letristas de tango, nació en La Boca el 15 de octubre de 1902. Concluidos sus estudios primarios desempeñó algunas ocupaciones ocasionales, pero pronto la bohemia y la literatura lo atraparon. Así, se lanzó a vivir en la calle, con la escritura como único motor de su vida. Escribía cuentos, teatro, y especialmente poesía. La vocación literaria lo condujo al cancionero nativo para después ser conquistado definitivamente por los temas ciudadanos. No cursó la escuela secundaria, sino que se fue formando de a poco como autodidacta, lanzado a la lectura voraz y desordenada de todo cuanto podía. Sus primeras canciones fueron un repertorio de coplas que interpretaban las comparsas de su barrio en los carnavales, así como ingeniosos jingles publicitarios para el cine.

Fue a mediados de los años treinta que Bahr comenzó a “pisar fuerte” en el ámbito de la canción popular, y la década siguiente marcó la consolidación de su carrera. Según el investigador Gaspar Astarita, “el peso de su obra estuvo sustentado por una acentuada delicadeza expresiva, sencilla y directa, nutrida de imágenes y metáforas de genuino cuño popular. En su producción prevaleció el auténtico sentido poético y la emoción ciudadana”.

Su obra es prolífica (en SADAIC tiene registrados más de seiscientos títulos) y es variada en cuanto a su temática, aunque las cuestiones ligadas al amor y al tango mismo ocupan un lugar privilegiado. No sabía música, pero tenía un oído extraordinario. Tocaba muy bien el mandolín, se entendía con el piano y la armónica y cantaba con mucha entonación; estas aptitudes le facilitaban su labor creadora.

Con un bandoneonista de su barrio, Alfonso Gagliano, forjó sus dos primeros títulos: el vals Cartas viejas y el tango Algo bueno. En 1936 su vinculación con otro bandoneonista, Roberto Garza, le posibilitó el primer gran éxito, paradójicamente, el tango Fracaso. Siguieron Maldición y Soledad, la de Barracas; los dos primeros títulos fueron grabados por Mercedes Simone. En 1938 Bahr obtuvo el primer premio en un concurso de milongas organizado por SADAIC, con una obra compuesta con el bandoneonista José Mastropietro, Milonga compadre, que llevó al disco Pedro Laurenz.

En la década del cuarenta desbordaron sus temas consagratorios, de gran impacto. De su asociación con el bandoneonista y director Héctor María Artola surgieron Desconsuelo, Tango y copas, Marcas, entre otros. Durante esos años formó una dupla autoral muy fecunda con el pianista Manuel Sucher, que produjo: En carne propia, Prohibido, Precio, Muriéndome de amor, Nada más que un corazón, Noche de locura y el bellísimo ¿Dónde estás? Además mantuvo una estrecha ligazón con los notables músicos del grupo de Miguel Caló. Así fue que compuso con Enrique Mario Francini Mañana iré temprano y Pecado; con quienes concretó varios sucesos: Mañana iré temprano, Pecado (Francini); Cada día te extraño más, con Armando Pontier Corazón no le hagas caso); con Héctor Stamponi Caricias perdidas); con Miguel Caló mismo hizo Valsecito y Con la misma moneda; con Carlos Lázzri hizo De vuelta, Estás conmigo; con Elías Randal Gracias, Tanto y con Domingo Federico Cosas del amor. Su hija Inés Bahr comentaba sobre su forma de trabajar: “De golpe, se levantaba a la noche y escribía. A veces le aparecían melodías, trataba de volcarlas de alguna manera porque no sabía música y después se las trasmitía a Francini, Pontier o Sucher”.

En Radio Belgrano conoció a la cancionista Lina Ferro; se casaron en l946 y tuvieron dos hijos, Carlos y la nombrada Inés. Se establecieron en Almagro, primero en Medrano y Corrientes, y después en Corrientes y Pringues. Inés brinda una semblanza del autor: “Mi padre era una gran persona, un sentimental nato, con una conducta intachable. Siempre anteponía los valores humanos. Tenía buen humor. Además, era muy frontal, no toleraba las injusticias y lo decía”. A pesar de tener una obra notable y profusa, la retribución que recibía por los derechos de autor era escasa, por lo cual tuvo que desarrollar otros trabajos para sostener a su familia. Su hija señala que no alcanzó la popularidad de otras figuras del tango porque siempre fue una persona de perfil bajo: “A él no le interesaba meterse en el medio como para trascender o que lo vieran; no estaba en la noche. Creía que lo que valía era su trabajo y no tenía más que hacerlo dignamente. Igual, él hizo la vida que quiso y recibió el reconocimiento cuando tuvo que recibirlo”. Su producción es valorada hasta el día de hoy al punto de que artistas internacionales de la talla de Veloso, Manzanero y María Bethania, entre otros, estuvieron grabando sus temas. Bahr falleció el 23 de julio de 1984; nos dejó físicamente pero vive entre nosotros a través de sus vibrantes versos.

Laura Brosio

Al tango lo encontré por una esquina,
hablaba de una luna y un farol,
de áspero rigor en las rencillas,
de seda, de caricia en el amor.
le abrí mi corazón enamorado,
y hablando de tu nombre y mi ilusión,
nos fuimos por la vida, de la mano,
amigos para siempre, el tango y yo.

Carlos Bahr