miércoles, 4 de marzo de 2015

LA ASOCIACIÓN CATÓLICA IRLANDESA



SU SEDE EN EN BALVANERA

La comunidad irlandesa en Argentina

SANTA BRÍGIDA: EL CASTILLO DE LA CALLE GAONA


En el año 1844 arriba a nuestras costas el legendario Padre Antonio Domingo Fahy (Anthony Dominic Fahy o Fahey como pedía él que se escribiese su apellido) para asumir como nuevo párroco de la comunidad irlandesa en Argentina. Había sido precedido en ese cargo por los padres Patrick Moran en 1829, y Patrick O'Gorman en 1830.
Desde los inicios dedicó su tiempo, y su vida, al auxilio de aquella comunidad, especialmente de sus enfermos, ancianos y huérfanos.
Fahy formó parte de la primera Comisión Administrativa del Hospital Británico. Luego fundó un sanatorio, el Irish Immigrant Infirmary, en la calle de La Merced (actualmente Cangallo) entre Esmeralda y Suipacha, y en 1848 obtuvo una manzana que destinó a la edificación del Hospital Irlandés, en Tucumán y Riobamba (donde hoy se levanta el monumental edifico del colegio La Salle).
Desde su inauguración y hasta el 30 de septiembre de 1849, pasaron por allí 158 enfermos; los gastos del año de $ 42.000 fueron cubiertos con suscripciones y donaciones.
En el predio, y antes de convertirse en hospital, Fahy había logrado concretar otras obras importantes, entre ellas la enfermería para inmigrantes irlandeses, el convento para las Hermanas de la Misericordia Irlandesa (Sisters of Mercy), un orfanato para niñas y un colegio para varones. Personalmente el Padre se ocupó de aportar lo necesario para el sustento de estas obras, mediante la caridad de los irlandeses más pudientes, en especial de los que residían en el interior de Buenos Aires y que habían arribado en la tercera década del siglo XIX.
Cuando Fahy murió, el 20 de febrero de 1871, víctima de la fiebre amarilla, dejó un vacío notable, que obligó a contar con una institución que hiciera posible proseguir su obra, papel que recayó en la Asociación Católica Irlandesa.
PRIMEROS TIEMPOS DEL COLEGIO SANTA BRÍGIDA



Aquel Hospital Irlandés cumplió su labor hasta el año 1874 en que fue clausurado, según se desprende de los datos aportados por el historiador Edmundo Murray. En 1891, el último sobreviviente de la Comisión que había aceptado la donación, cedió el edificio y los terrenos a la Asociación Católica Irlandesa. En el acta de cesión se dejó consignado que el Padre Fahy había recomendado a los fideicomisarios que pusieran todo empeño en la conservación del hospital: "...que no se deteriore, a fin de que los irlandeses cuenten siempre con este seguro refugio”. Este sueño finalmente no se cumplió, y no subsistió un Hospital Irlandés en Buenos Aires.
Casualmente digamos que otro integrante destacado y recordado de la colectividad fue el Almirante Guillermo Brown. Nacido en Irlanda en 1777, había llegado al Río de la Plata en el año 1809. Adhirió a la Revolución de Mayo y en 1814 quedó al mando de una escuadrilla para hacer frente a los buques españoles. Vencedor en Martín García, Montevideo, Los Pozos, Juncal y Monte Santiago, retirado ya, falleció en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857; hoy es recordado como el primer referente de la historia naval argentina.



Si bien en épocas de la Colonia regían disposiciones legales que impedían a los no españoles radicarse en el Río de la Plata, los irlandeses consiguieron hacerlo y se afincaron en Buenos Aires y Montevideo. Muchos de ellos procedían de España, adonde habían llegado desde su país perseguidos por motivos religiosos. Otros habían formado parte de las fuerzas armadas inglesas y habían decidido radicarse en estas tierras, particularmente después de las Invasiones Inglesas. Recién cuando en 1810 el gobierno patrio derogó la prohibición colonial, comenzaron a llegar inmigrantes directamente desde Irlanda.

 
LA HAMBRUNA DE 1848
El historiador Murray calcula que en 1824 había en Buenos Aires una colonia de 500 irlandeses, y que para 1832 llegaba ya a 2500 miembros. Estos inmigrantes irlandeses, de raíz profundamente católica, aunque compartían la religión oficial del Río de la Plata, encontraban difícil establecer la misma relación con el clero local tal como estaban acostumbrados en su tierra, sobre todo debido a la diferencia de idioma.
Un importante grupo de irlandeses se estableció en la provincia de Buenos Aires, se trataba de gente que comenzaba trabajando como peones de estancias o saladeros y luego compraban ovejas criollas para dedicarse a su cría, mejoramiento y explotación, actividad que les resultaba provechosa debido a la demanda europea de lana. De esta manera, los irlandeses del interior se fueron convirtiendo en productores independientes y en algunos casos, en importantes estancieros.
Cuando empezaron a tenderse las líneas ferroviarias, los irlandeses facilitaron tierras y conformaron la población de los pueblos de las estaciones, por lo que muchas de éstas llevan hoy sus nombres, como por ejemplo la Bahía de Samborombón (en honor al santo irlandés San Brendan).


La diáspora en Irlanda. La gran hambruna irlandesa (1845-1849)

Una gran hambruna (1845-1849), conocida en gaélico como An Gorta Mór, originada en la plaga por un hongo que destruyó las plantaciones de papas la fuente principal de alimentación en Irlanda, mató al 12 por ciento de su población y dio inició a la diáspora irlandesa. Para ayudar a sus compatriotas, el padre Fahy formó en Buenos Aires una comisión integrada por Bartolomé Foley, Patricio Bookey, Santiago McDonnell, Guillermo Lennon y Juan McKiernan, quienes promovieron una colecta que ascendió a más de 50.000 pesos de entonces, suma que se envió al arzobispo de Dublín para que se destinara a los damnificados. Al mismo tiempo, Fahy le escribió al arzobispo una carta en la que ponderaba los recursos naturales de la Argentina. La misiva fue publicada en dos periódicos de Dublín, lo que llamó la atención de muchos irlandeses que decidieron viajar a nuestro país. Al arribo, Fahy los esperaba en el puerto para ayudarlos y orientarlos. Fue así que para 1848 habían llegado a nuestras costas unos 4.500 irlandeses. Las embarcaciones que se dedicaban al transporte de quienes huían de Irlanda eran, en su mayoría, barcos viejos y deteriorados, cuyos armadores especulaban con las vidas de los infortunados pasajeros. Las travesías fueron lentas, faltaba el agua y las provisiones, lo que provocaba la muerte de numerosos pasajeros. Los que llegaban a estas tierras, lo hacían enfermos y desnutridos. Esta situación impuso la necesidad de un hospital que los atendiese, de allí la labor fundacional del Hospital Irlandés que acompañó el Padre Fahey.


Nace el Colegio Santa Brígida

Este imponente colegio de la calle Gaona 2068 tiene en nuestra capital una historia ininterrumpida de más de 100 años. Fue fundado y sostenido en sus comienzos por familias irlandesas radicadas en el campo, con el propósito de ayudar a niñas pobres para que adquirieran una verdadera educación.
El 5 de junio de 1883, representantes de familias irlandesas se reunieron en asamblea, bajo la presidencia del Deán del Cabildo de la Catedral Metropolitana Canónigo Patricio J. Dillon y organizaron una sociedad que tomó el nombre de Asociación Católica Irlandesa. La institución obtuvo su personería jurídica el 13 de abril de 1885. En el mismo año de 1883 se levantó la monumental construcción de la hoy avenida Gaona, tipo castillo medieval, que en marzo de 1899 se convirtió en sede del Colegio Santa Brígida.
El Colegio estuvo en manos de Hermanas de la Misericordia (Sisters of Mercy -fundación irlandesa) por 80 años.
La hermosa capilla del establecimiento es una donación de la señora Margarita Mooney de Morgan. Su piedra fundamental recibió la bendición en 1911 y fue habilitada en 1913, en memoria del Reverendo Canónigo Don Antonio Fahy, al que en el ambiente argentino-irlandés ya se lo reconocía como propulsor de la vida educativa de la comunidad. En los jardines de la escuela se erige un busto que lo recuerda.
En 1948 el Colegio comenzó los preparativos para crear el departamento de enseñanza secundaria, como ciclo comercial, a fin de ofrecer a las alumnas que egresaban de primaria la oportunidad de obtener el título de Perito Mercantil en una segunda etapa. En un principio las estudiantes que se preparaban en la escuela debían rendir los exámenes finales en colegios oficiales, como alumnas libres. Para 1957 se oficializó el secundario, al inscribirse en el Ministerio. Vale destacar que en 1958 los diplomas de las escuelas privadas pasaron a ser reconocidos como oficiales luego de la reforma del gobierno de Frondizi y tras una larga disputa sobre la enseñanza laica, estatal y gratuita o enseñanza libre.
En el año 1966 se inauguró la Biblioteca Escolar
del Colegio y, en 1968, el Gabinete Psicopedagógico, destinado a orientar al alumnado frente a posibles problemas de aprendizaje.
Las Hermanas de la Misericordia estuvieron a cargo del Colegio hasta 1979. Desde ese año y hasta fines de 1999, vivió en el colegio la Congregación de Santa Marta, atendiendo las necesidades espirituales de la comunidad educativa. La conducción pedagógica pasó a estar integrada exclusivamente por personal laico. Se incluyó la obligatoriedad de la enseñanza del idioma Inglés, con incremento de la carga horaria. En 1993 el Santa Brígida inauguró su Campo de Deportes en la localidad de Ezeiza.
Con los años, la institución se abrió para todas las aspirantes, aunque no pertenecieran a la colectividad irlandesa. Está afiliada desde el año 1991 a la Organización del Bachillerato Internacional, con sede en Ginebra, Suiza, por lo que ofrece a sus alumnos la posibilidad de obtener diplomas o certificados reconocidos en centros de altos estudios de todo el mundo.
En el año 1875, el mismo Patricio Dillon había fundado el primer diario irlandés, íntegramente en inglés, llamado The Southern Cross, de Editorial Irlandesa. Era la voz de la comunidad, que la mantenía informada tanto de noticias locales como de Irlanda. Desde entonces, luego de 135 años, este diario ha seguido circulando en la Ciudad de Buenos Aires.



TRABAJO EXCLAVO EN LAS HERMANAS DE LA MISIRICORDIA -IRLANDA PRINCIPIS DEL SIGLO XX


Como otra cara de la moneda, estos conventos, a cargo de las Hermanas de la Misericordia, en nombre de la Iglesia Católica, recibían en Irlanda a muchachas enviadas por sus familias o por los orfanatos. Allí quedaban encerradas, obligadas a trabajar en las lavanderías para “expiar sus pecados”. Dichos pecados eran de distinta naturaleza: desde ser madre soltera a ser demasiado bella o demasiado fea, o demasiado simple o demasiado inteligente, o víctima de una violación. Por tales pecados trabajaban sin percibir ninguna retribución 364 días al año, se las hacía pasar hambre, se las sometía a castigos, humillaciones, violencia física y moral, y se las separaba de sus hijos. Las penas que tenían que cumplir eran ilimitadas. Miles de mujeres vivían y morían allí. El último convento de la Magdalena en Irlanda cerró sus puertas en 1996, ¡toda una calamidad!

Miguel Eugenio Germino


Fuentes:
http://www.santabrigida.esc.edu.ar/htm/institucion.htm
http://www.ccgsm.gov.ar/areas/secretaria_gral/colectividades/?secInterna=70&col=16
http://exaltaciondelacruz.gov.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=3526:padre-

 antonio-domingo-fahy&catid=83:personalidades&Itemid=130

 

 

 

 

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