lunes, 3 de octubre de 2016

ROBERTO CHALEAN



El tango, ese compañero que mantiene viva la llama de la ilusión




Este mes se cumplen seis décadas de actuación profesional de Roberto Chalean, cantante de tango, que nació el 18 de octubre de 1934 en el límite entre Almagro y Villa Crespo. Dos años después se mudó a Flores, a una cuadra del Café La Humedad. Comenta con una sonrisa pícara cómo surgió su vínculo con el género a los ocho o nueve años: “A la tarde, cuando regresaba de la escuela, recalaba sobre la vereda del café, sobre la Avenida Gaona. Ponía la ñata contra el vidrio y mientras escuchaba los tangos que salían de un combinado, miraba con disimulo a una hermosa señorita rubia sentada en un taburete, quien mostraba generosamente sus extremidades inferiores. Así comenzó mi pasión por el tango”.
Al principio, Chalean cantaba para la barra de la esquina. En su adolescencia participó en los festivales que organizaba su colegio, el industrial Ingeniero Huergo, en los Teatros Alvear y Astral. A los 17 realizó su primera grabación semiprofesional, con tres guitarristas, en los estudios Grafosón, ubicados en la calle Bartolomé Mitre. En 1955 debutó en la orquesta juvenil de Jorge Aguirre, a la cual siguieron las de Dante Yanel, Quique Lannoo y Enrique Brocato. 




Sin duda, un antes y después en su trayectoria lo marca la conquista, en 1958, del Concurso Orquestas de Mi Ciudad, que se transmitía por Radio Libertad desde el distinguido Salón La Argentina. El presidente del jurado era nada menos que Cátulo Castillo. En este certamen cantó con el conjunto de Luis Selvadeo Marcuccito.
Ese mismo año se produjo su debut profesional con la orquesta del bandoneonista Ángel Genta en Radio Splendid. Así lo recuerda: “Ese momento fue muy emotivo. A pesar de que tenía mucha experiencia, con Genta el repertorio era muy comprometido. Cantaba Nunca tuvo novio, Divina, Desvelo, temas muy bravos. Era sin red porque los programas iban en vivo”.
Entre 1959 y 1964, cantó en la orquesta de Luciano Leocata. Con el maestro trabajó sin parar un solo día. Se presentaba en Radio Belgrano, el cabaret Marabú, confiterías, bailes. Uno de los éxitos de esa época que compartió con el cantor Jorge Florentino es el vals Una lagrimita, de Alfredo Dalton y Tití Rossi, festejado efusivamente por el público.
En 1964, cuando comenzó a aflojar el trabajo con Leocata, decidió emprender su carrera solista. El letrista Marcelino “Cholo” Hernández lo contactó con el sello Discofonía, donde el cantor grabó, durante varios años, con Jorge Dragone, Juan Carlos Bera, Daniel Lomuto. Además, integró La Embajada del Tango junto a Floreal Ruiz, Alberto Echagüe y Mario Bustos.
Una experiencia que rescata sobremanera es su participación, por esos años, en el ciclo La historia del tango en Radio Belgrano, con dos eminencias: Armando Discépolo y Julio de Caro. En esa época comenzó a presentarse con un trío conformado por Antonio “Bebe” Nevoso en bandoneón y dirección, Abel Terrile en guitarra y Coco Fernández en contrabajo. Durante tres años, actuó junto a los ídolos de la Nueva Ola en clubes de Capital y del interior con un rutilante éxito. A veces llegaba a hacer cinco shows por noche.
Posteriormente ante la falta de trabajo el cantante abandonó su carrera durante varios años para retomarla en 1993 cuando grabó doce temas con el conjunto de Nevoso como Milonga cantinera y Mi domicilio que presentó en cuantiosos escenarios. En tanto, en 2008 editó el compacto Hoy he venido a cantar, una recopilación de viejas grabaciones remasterizadas, dado a conocer en la Academia Porteña del Lunfardo. Desde ese momento no paró. En 2011 lanzó su último CD, Vamos… Dale, con temas nuevos creados por grandes letristas y compositores.
Además de Una lagrimita, entre sus éxitos menciona Después, de Homero Manzi y Hugo Gutiérrez, grabada con el sexteto de Nevoso para el sello Almalí, que considera la mejor grabación de su carrera. Otros temas que alcanzaron repercusión son la milonga Baldosa floja y los tangos Y todavía te quiero, de Leocata y Con la otra, de Lito Bayardo.
Desde hace tres años viene realizando una gira con su espectáculo Remembranzas. Tangos e historias, en el cual canta de diez a doce temas clásicos y actuales y va contando anécdotas. Ahora está preparando una nueva versión, Remembranzas 2.
A sus 81 años, Chalean sorprende con su vitalidad y su enorme entusiasmo por seguir disfrutando su oficio de cantor. Con el paso del tiempo, su fascinación por el tango no menguó un ápice al igual que la calidad de su voz. “Nunca dejé de vocalizar ni pasar repertorio. Estoy cantando en los mismos tonos que hace 50 años. Yo tuve muy buenos maestros: Ricardo Domínguez, Laura Hatton. Ahora vocalizo dos veces por semana y paso repertorio todos los días”, explica satisfecho.
Verlo cantar es una experiencia muy movilizante porque su gran histrionismo y expresividad hacen que nos sintamos partícipes del relato que plantea cada tema. “El cantante tiene que interpretar la letra y el sentido de lo que escribió el poeta y la melodía que creó el compositor. Antes de cantar un tema, hay que leerlo bien, marcar las comas, los puntos, los paréntesis, los silencios, dónde se puede frasear, los matices. Cuando uno canta, tiene que pensar lo que está diciendo porque está contando una historia. Cuando cantás ‘un pedazo de barrio, allá en Pompeya’, lo tenés que estar viendo; si no, no servís”, sentencia con firmeza.

Laura Brosio