jueves, 4 de octubre de 2012

VICENTE DE BASSI





La música y la escena, unidas por el sello del talento



Trazó uno de los senderos notables del tango. Pianista, compositor, director y autor teatral, Arturo Vicente De Bassi alimentó su amor por la música desde la cuna, a través de su padre clarinetista. Precisamente en su banda debutó a los diez años, tocando dicho instrumento. Había nacido el 24 de abril de 1890 en el barrio de Recoleta pero se crió en Balvanera. A los doce escribió la primera composición, la polca Mi amor es tuyo, al poco tiempo el tango ¿Ma, qui fú? En 1911 comenzó a registrar algunas de sus obras.
Después vinieron los grandes éxitos, que lo convertirían en un notable del tango, de singular inventiva y creatividad: El Caburé, El Incendio -estrenado en el Teatro Apolo durante un entreacto- y La Catrera. El primero es uno de sus temas más conocidos, con una melodía preciosa; está inspirado en una frase suya incluida en la obra teatral del mismo nombre: “A mí me llaman Caburé porque soy un tipo que me hago temer donde voy”. El vocablo proviene del lunfardo y significa “individuo cortejador, galanteador”.
En cuanto a su tango El incendio, es destacable que el propio De Bassi financió la edición, de la cual llegó a vender 50.000 ejemplares. También alcanzaron trascendencia El Romántico, Don Pacífico, Gil a cuadros, Munyinga, Auxilio, El Conquistador, Papirusa, El Chajá. Gran repercusión tuvo Canchero -con letra de Celedonio Flores- que grabó Carlos Gardel, tango burrero y jocoso. Otros: El Recluta, El Chinero, Pebeta, No te vayas, Mosquito, Manón, El Dormilón, Resaca. Esa comentada inventiva aparece por ejemplo en El Incendio,  concebido sobre los toques de los bomberos; en Auxilio, que recurre al silbato del policía, y en El recluta, con acordes militares.
Dirigió la Rondalla Atlanta, que pertenecía al sello homónimo de Alfredo Améndola, con la cual imprimió unos 100 temas. Compuso tonadillas -canción popular española- para la legendaria Lola Membrives. Creó partituras para muchas obras teatrales, en especial sainetes y revistas; también musicalizó zarzuelas. Su hermano mayor, Antonio, comediógrafo y autor de algunos tangos, lo acompañaba en la tarea. Toda la familia estaba ligada a la música, incluido su otro hermano, Tomás.
Se había iniciado en el quehacer teatral en 1905, en el Teatro Apolo, al ingresar a la orquesta de la compañía de José  Podestá, dirigida por Antonio Reynoso. La compañía estaba integrada, entre otros, por Pablo Podestá y Olinda Bozán. “¡Yo era un muchacho de trece años! Me asomaba a la vida con el asombro en los ojos. Y para mí era todo maravilloso, ¡cómo para no serlo! Intervine en el estreno de ‘Los Disfrazados’, maravilloso sainete lírico de Pacheco. Y también en ‘Las Empanadas’, de Soria y Payá”. Así recordaba De Bassi en una entrevista concedida a Radiolandia en 1937. Como director orquestal debutó con Arturo Podestá en una gira por el interior del país. La primera obra que musicalizó fue el sainete La Cantina de Alberto Novión, estrenado por Florencio Parravicini en el Teatro Argentino en 1908. Además, colaboró con Alberto Vacarezza, Roberto Cayol, José González Castillo, Ivo Pelay, Ezequiel Soria, Florencio Iriarte, Florencio Chiarello y otros reconocidos autores.
De adolescente trabó amistad con Carlos Gardel, que se consolidó con la representación de Juan Moreira en el viejo Teatro San Martín, a fines de 1915. La obra era interpretada por la compañía tradicionalista de Elías Alippi y José González Castillo; Gardel y su compañero Razzano cantaban sobre el escenario, y De Bassi dirigía la orquesta en el foso.
Por otro lado, tuvo trayectoria gremial y empresarial. Así, en 1921, en pleno conflicto laboral entre actores y empresarios, los De Bassi se retiraron de la Sociedad Argentina de Autores para ingresar al Círculo de Autores y Compositores.
Después de un período en que estuvo alejado de la música, en 1942 formó su propia orquesta típica y evocó tangos y obras teatrales por Radio Splendid.
Según su opinión, el origen del tango fue la habanera, un tipo de canción surgida en Cuba a fines del siglo XIX, de ritmo lento y compás de dos por cuatro. Un ejemplo en ese sentido lo constituye La morocha, un verdadero clásico de Enrique Saborido y Ángel Villoldo, de 1905. “Para mí, el tango triunfó en el mundo por dos razones: primero porque como danza permite una intimidad arrulladora entre los bailarines, es la danza hecha para ‘el chamuyo’. Segundo, por su letra. El problema del amor fracasado es de todo el mundo. Por eso, en todas partes se encontraban corazones dispuestos a dejarse sugestionar con el drama del tango”, aseveró con lucidez en un reportaje.
Esta figura medular de la música nos dijo adiós en Buenos Aires el 18 de junio de 1950. Mientras haya una persona que se deleite con la belleza de El Caburé y otras tantas melodías de su inspiración, De Bassi seguirá vivo entre todos nosotros.
                               
                                      Laura Brosio