jueves, 2 de septiembre de 2010

DÍA DE LA INDUSTRIA

EDIFICIO DE LA UNIÓN INDUSTRIAL DE AV. DE MAYO


2 DE SEPTIEMBRE DE 1587


¿DÍA DE LA INDUSTRIA NACIONAL?


Es de lamentar que nuestra historia nacional se encuentre cubierta intencionalmente por un manto nebuloso de tonos negros, blancos y toda una gama de grises, producto de la complicidad de “historiadores” que se prestaron a la manipulación de los dueños del poder de cada época.

El 2 de septiembre de 1941, en plena Década Infame, los hombres del poder económico de entonces instituyeron como punto de partida para conmemorar el Día de la Industria el 2 de Septiembre de 1587.

Efectivamente, en aquella jornada se plasmaba la “primera exportación” de textiles manufacturados desde estos territorios. Sin embargo, dentro de inocentes bolsas de harina se encubría otro de los tantos contrabandos operados durante la Colonia: barras de plata procedentes del Potosí, cuya exportación estaba prohibida por Cédula Real.


LOS HECHOS DE 1587


Aquel lejano 2 de septiembre de 1587, bajo el Virreinato del Perú, en el territorio que más tarde sería la Argentina, partía con destino a Brasil desde el fondeadero del Riachuelo, que hacía las veces de Puerto de Buenos Aires, la carabela San Antonio al mando de Antonio Pereyra.

El navío cargaba en sus bodegas la “primera exportación de productos primarios modificados, tejidos de algodón y bolsas de harina, procedentes de la entonces próspera provincia de Santiago del Estero.

Aquella exportación, impulsada por el obispo de Tucumán fray Francisco de Victoria, encubría dentro de inocentes bolsas de harina un fabuloso contrabando, de los tantos que se producían en las costas del Plata. Nada menos que un cargamento de plata procedente de las minas del Potosí, cuya exportación se encontraba expresamente prohibida por cédula Real.

Vale aclarar que el contrabando en la entonces colonia, ya sea en la salida o entrada de mercancías, era un negocio fructífero y extendido. Posiblemente éste haya sido el origen de los numerosos túneles que aún subsisten bajo el suelo del microcentro porteño.


LOS HECHOS DE 1941


El país atravesaba entre 1930 y 1943 el nefasto período denominado “la década infame” (duró unos 13 años). Se había iniciado con el golpe de José Félix Uriburu el 6 de septiembre de 1930, cuando una componenda cívico-militar derrocaba al entonces presidente constitucional Hipólito Yrigoyen. Veían en él un peligro para sus pingües negociados, que florecerían luego en ese período. Se sucederían en la presidencia Agustín P. Justo, Roberto M. Ortiz y Ramón S. Castillo.

¿Qué razones habrán tenido aquellos “preclaros” hombres del poder para tomar un hecho teñido por el delito como punto de referencia para la conmemoración del “Día de la Industria Nacional”?

Nunca se dio en el mundo el precedente de homenajear un hecho de contrabando cobijado en la primera exportación industrial, como en el caso argentino. Sin embargo, toda la bibliografía emanada de fuentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) omite mencionar aquel hecho. Las omisiones son parte de la tergiversación de la historia que se enseñó en los colegios, y hay toneladas de papeles con letras que la avalaron. Afortunadamente hoy existen muchos historiadores dispuestos a revisar esa parte negra de nuestro pasado.


LOS POLOS INDUSTRIALES ARGENTINOS


La idea de un país industrializado nace en 1890, durante la presidencia de Carlos Pellegrini (1846-1906), en el gobierno tras la renuncia de Juárez Celman después de la revolución radical de 1890.

Opinaba entonces Carlos Pellegrini: "Si el libre cambio desarrolla la industria que ha adquirido cierto vigor y le permite alcanzar todo el esplendor posible, el libre cambio mata la industria naciente. La agricultura y la ganadería son dos grandes industrias fundamentales; pero ninguna nación de la tierra ha alcanzado la cumbre de su desarrollo económico con solo estas industrias. Las industrias que las han llevado al máximum de poder son las industrias fabril, y la industria fabril es la primera en mérito y la última que se alcanza, porque ella es la más alta expresión del progreso industrial () Proteger la industria por todos los medios, ¡y dejarse de bolsa y tesoros y vilmetalismo y música celestial!…”.

Le escribía Sarmiento a Mitre en 1861: “…no somos ni industriales ni navegantes, y la Europa nos proveerá por largos siglos de sus artefactos en cambio de nuestras materias primas”. Exportar sólo materias primas conduciría al país a la dependencia.

En 1926, durante el gobierno radical de Marcelo T. de Alvear, se inicia un período de gran expansión industrial a partir de la creación de la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba. Con el tiempo, y luego de tras la Segunda Guerra Mundial, allí se fabricarán los modelos Pulqui I y Pulqui II. Nuestra fuerza aérea nacional se colocaría así entre las cinco principales del mundo, con aviones a reacción. La producción se extendió a los modelos Calquín, Chingolo, Huanquero y otros, entre los que hubo también aeronaves civiles.

Hacia 1952 se crea Industrias Aeronáuticas Mecánicas del Estado (IAME). Con una rama dedicada a la fabricación del tractor El Pampa, motores, automóviles, motocicletas, lanchas, veleros, paracaídas, maquinarias y herramientas diversas, además de material específico para uso militar, ocupará más de 10 mil trabajadores, en su mayoría técnicos especializados.

Al poderoso polo industrial de Córdoba se agregarán los de Campana, Rosario, Villa Constitución, Zárate y otros, en distintos puntos del país.

En 1955, después del derrocamiento de Perón, la fábrica de Córdoba retoma su antigua denominación de Fábrica Militar de Aviones y se mantiene en la órbita estatal con distintos nombres, hasta que el gobierno de Alfonsín la transforma en una empresa mixta con sólo el 46% de capital estatal y el resto privado. En 1990 Menem, por su parte, desactiva el Proyecto Cóndor en el marco de las llamadas “relaciones carnales” con los Estados Unidos, al darle garantías de abandonar la fabricación de aviones militares.

Desde allí la industria argentina quedaría condenada a una total dependencia de las corporaciones multinacionales. Del mismo modo entregaría la industria automotriz a las terminales francesas y americanas.


LOS NEGOCIOS DEL OBISPO


Volviendo a la colonia y al año 1587, vale analizar los negocios del obispo Francisco de Victoria, de la orden de Santo Domingo.

Encubiertos desde una organización religiosa, negocios que poco tienen que ver con una orden piadosa y sí mucho con un enriquecimiento no tan lícito, menos aún santo, ni digno para dar origen al día de la industria nacional, aquellos negociados se amparaban en las buenas recomendaciones que Francisco de Victoria reunía como Consejero de la temida Santa Inquisición y del Consejo de Indias. El obispo se convirtió en pionero del tráfico de negros en la región del Plata, hasta entonces libre de ese vil comercio humano. Ya se trataba como bestias a más de 70 millones de indígenas, según ellos sin alma. Ahora, ¡indios y negros esclavos, en la misma bolsa!

Sobre estos seres el teólogo español Tomás Urtiz escribió: “Los indios no se diferencian en nada de los animales, vegetales y minerales. Por su propia naturaleza son esclavos y deben ser sometidos a la obediencia de criaturas más racionales”. Y por desgracia no era el único “teólogo” o “filósofo” que sostenía sin avergonzarse tamaña teoría, aunque refutada con vehemencia por Bartolomé de las Casas (Sevilla, 1484 – Madrid 1566), fraile dominico, cronista, y también teólogo.

El obispo De Victoria no cosechaba buenas relaciones con el gobernador tucumano Ramírez de Velazco, quien a su pesar no podía avanzar más contra el religioso. Sostenía el gobernador que el obispo debía ir a la misa y no a los negocios; además condenaba el amancebamiento, la sodomía y el estupro que el religioso propiciaba.

Velazco también se quejaba por el amedrentamiento de los fieles y por las excomuniones arbitrarias que se imponían. Reclamaba por carta al Rey Felipe II la conducta del obispo, aunque sin mayores resultados. Así las cosas y así continuaban los negocios.

La misma nave San Antonio, que transportó el contrabando junto con la primera exportación industrial, traía a su regreso del Brasil una partida de 120 esclavos negros destinados a las minas del Potosí. Esta vez tuvieron mala suerte, porque durante la travesía el barco fue abordado por el pirata inglés Thomas Cavendish, que se quedó con la mitad de los esclavos y la totalidad de las mercaderías, dejando al obispo –que iba a bordo– en maltrechas condiciones de fortuna.

Al año siguiente nuestro personaje vende en Potosí 60 esclavos. Reunido así un nuevo capital insistiría en sus negocios, en esta oportunidad con un navío propio, que fleta con pasajeros que llevaban aproximadamente 45.000 pesos. Otra vez la mala suerte caerá sobre el obispo: el barco encalla en las orillas opuestas del río y los tripulantes enterrierran el dinero ante el temor de ser saqueados por los indios del lugar.

Una nueva expedición saldrá al rescate desde Buenos Aires, pero sólo recupera 15.000 pesos –la tercera parte del botín–, que al llegar al puerto de partida es expropiado por el gobernador del Río de la Plata Torres de Navarrete (tal vez por aquello de “los cien años de perdón”), quien se queda con 5.000 pesos y reparte el resto entre los vecinos.

El obispo y su gente debieron regresar caminando a Tucumán. A causa de su foja de servicios y de su poco apego a los Santos Evangelios, y ante nuevos y mayores escándalos, termina por ser removido de la diócesis.


LA INDUSTRIA NACIONAL A FUTURO


De aquella primera exportación del 2 de septiembre de 1587 y por el acto fallido de la Unión Industrial del 2 de septiembre de 1941, se deduce la necesidad de dar prioridad en el país a una verdadera industria nacional que nos independice definitivamente de los grandes centros de manufactura mundial. Primero fue Inglaterra en los siglos XVIII y XIX, luego los EE.UU. en el siglo XX y, posiblemente sea China al promediar el siglo XXI, en un nuevo escenario internacional de poderío económico.

Miguel Eugenio Germino

FUENTES

-Galeano, Eduardo, Las venas abiertas de América Latina, Siglo XXI, 1980.

-Pigna, Felipe, Los mitos de la historia argentina (Tomo I), Norma, 2004.

-http://educard.org.ar(biblioteca/calendario/fechas/08/08_31ASP

-http://es.wikipedia.org/wiki/historia_de_la_ciudad_de_C%C3%...

-http://www.memoriactual.com.ar/memoria/historia-del-polo-industrial…

-http://www.taringa.net/posts/noticias/3309047/2-de-septiembre-%C…

-http://www.elhistoriador.com.ar/…y…/dia_industris.php