miércoles, 22 de septiembre de 2010

MAMBRÚ


LA VUELTA DE MAMBRÚ

Cuando Mambrú se fue a la guerra llevaba una almohadilla y un tirabuzón. La almohadilla para descansar después de las batallas y el tirabuzón para descorchar las efímeras victorias.

También llevaba un paraguas contra venablos, aguaceros y palabrotas; un anillo de oro para la suerte y contra los orzuelos y un llavero con la llave de su más íntimo desván.

Como a menudo le resultaba insoportable la ausencia de la señora Mambrú, llevaba un ejemplar del “Cantar de los Cantares”, a fin de sobrellevar los veranillos de San Juan, un abanico persa y otro griego.

Llevaba una receta de sangría para sobornar al cándido enemigo y, para el caso de que éste no fuera sobornable, llevaba un arcabuz y un verduguillo.

Asimismo unas botas de potro que rara vez usaba, ya que siempre le había gustado caminar descalzo y un calidoscopio artesanal, debido probablemente a que Marei, Edison y Lumiere no habían nacido para inventar el cine.

Llevaba por último un escudo de arpillera, porque los de hierro pesaban mucho y dos o tres principios fundamentales mezclados con la capa bajo el morrión.

Nunca se supo cómo le fue a Mambrú en la guerra, ni cuantas semanas o siglos se demoró en ellas. Lo cierto es que no volvió para la Pascua ni para Navidad. Por el contrario, transcurrieron centenares de Pascuas y Navidades sin que volviera o enviara noticias. Ya nadie se acordaba de él ni de su perra. Nadie cantaba ya la canción que en su tiempo era un hit.

Y sin embargo, fue en medio de esa amnesia que regresó en un vuelo regular de Iberia, exactamente el miércoles pasado. Tan rozagante que nadie osó atribuirle más de un siglo y medio. Tan lozano que parecía el bisnieto de Mambrú.

Por supuesto ante retorno tan insólito hubo una conferencia de prensa en el abarrotado salón VIP. Todos querían conocer las novedades que traía Mambrú después de tanta guerra. Cuántas heridas, cuántos grilletes. Cuántos casus belis. Cuántos pillajes y zafarranchos de combate. Cuánto orgullo, cuántas lecciones. Cuántos laureles, cuántas medallas y cruces y chafalonías.

Ante el asedio de micrófonos que diecinueve hombres de prensa blandían como cachiporras, Mambrú, oprimido pero afable solo alcanzó a decir: “Señores no sé de qué me están hablando. Traje una brisa con arpegios, una paciencia que es un río, una memoria de cristal. Un ruiseñor, dos ruiseñoras, traje una flecha de arco iris y un túnel pródigo de ecos. Tres rayos tímidos y una sonata para grillo y piano. Un lorito tartamudo y una canilla que no tose. Traje un teléfono de ensueño y un aparejo para náufragos. Traje este traje y otro más. Y un faro que baja los párpados, traje un limón contra la muerte y muchas ganas de vivir.”

Fue entonces que nació la calma y hubo un silencio transparente. Un necio adujo que las pilas se hallaban húmedas de llanto y que por eso los micrófonos estaban sordos y perplejos.

Poquito a poco aquel asedio se fue estrechando en un abrazo, y Mambrú viejo y joven y único sintió por fin que estaba en casa.


Mario Benedetti

Origen

Mambrú se fue a la guerra es la versión en español de una canción popular infantil francesa, Marlbrough s'en va-t-en guerre.

Fue compuesta tras la batalla de Malplaquet (1709), que enfrentó a los ejércitos de Gran Bretaña y Francia, durante la Guerra de Sucesión Española. A pesar de la derrota, los franceses creyeron muerto en la batalla a su enemigo John Churchill, duque de Marlborough, que es a quien se dedica la canción burlesca. La melodía de la canción parece ser aún más antigua: según Chateaubriand, es de origen árabe y habría llegado a Francia llevada por los cruzados.

La canción se popularizó en tiempos de Luis XVI. Una de las nodrizas del delfín solía cantarla; la canción agradó a los reyes y pronto se difundió por Versalles y luego por toda Francia. A España llegó por influencia de los Borbones, con el nombre Marlborough reducido a un más pronunciable Mambrú. Solían cantarla sobre todo las niñas, por lo general acompañando al juego de rayuela.

La versión en español es la que sigue:

Mambrú se fue a la guerra,

¡qué dolor, qué dolor, qué pena!,

Mambrú se fue a la guerra,

no sé cuando vendrá.

Que do-re-mi, que do-re-fa,

no sé cuando vendrá.

Si vendrá por la Pascua,

¡qué dolor, qué dolor, qué gracia!,

si vendrá por la Pascua,

o por la Trinidad.

Que do-re-mi, que do-re-fa,

o por la Trinidad.

La Trinidad se pasa,

¡qué dolor, qué dolor, qué guasa!,

la Trinidad se pasa

Mambrú no viene ya.

Que do-re-mi, que do-re-fa,

Mambrú no viene ya.

Por allí viene un paje,

¡qué dolor, qué dolor, qué traje!,

por allí viene un paje,

¿qué noticias traerá?

Que do-re-mi, que do-re-fa,

¿qué noticias traerá?

Las noticias que traigo,

¡del dolor, del dolor me caigo!

las noticias que traigo

son tristes de contar.

Que do-re-mi, que do-re-fa,

son tristes de contar.

Que Mambrú ya se ha muerto,

¡qué dolor, qué dolor, qué entuerto!,

que Mambrú ya se ha muerto,

lo llevan a enterrar.

Que do-re-mi, que do-re-fa,

lo llevan a enterrar.

En caja de terciopelo,

¡qué dolor, qué dolor, qué duelo!,

en caja de terciopelo,

y tapa de cristal.

Que do-re-mi, que do-re-fa,

y tapa de cristal.

Y detrás de la tumba,

¡qué dolor, qué dolor, qué turba!,

y detrás de la tumba,

tres pajaritos van.

Que do-re-mi, que do-re-fa,

tres pajaritos van.

Cantando el pío-pío,

¡qué dolor, qué dolor, qué trío!,

cantando el pío-pío,

cantando el pío-pa.

Que do-re-mi, que do-re-fa,

cantando el pío-pa.