lunes, 2 de mayo de 2016

PUERTO MADERO



LA CIUDAD DE CARA AL RIO




Alguna vez la Ciudad de Buenos Aires tuvo un río, el “De La Plata”, una costanera con un “Balneario Municipal” gratuito para sus habitantes; además disfrutaba de un cielo diáfano libre de altas construcciones y aireado.
Con el tiempo, por obra de la contaminación, el descontrol y la desidia de sus gobernantes todo se fue perdiendo, el río, el cielo y hasta el aire. La deficiente planificación, permisible sin reglamentación adecuada hizo de ella un caos, el río se fue alejando a más de un kilómetro, ocultado por aquellas inmensas moles.
El nuevo barrio Puerto Madero, de 170 hectáreas, se interpuso como un tapón de altas y descomedidas edificaciones de hasta 50 pisos y 156 metros de altura, como el “Chateau Puerto Madero Residence”, para colmo de nombre importado.
Los valores en aquel barrio –exclusivo para “gente bien” – fluctúan para alquileres de dos ambientes en más de $ 20.000 mensuales con expensas de $ 10.000, y para la adquisición los valores son de entre 350 y 600 mil dólares ¡La especulación inmobiliaria se lanzó al asalto de la ciudad!
Antes el “niño bien” pensaba en la “voiturette”, hoy lo hace en uno de estos departamentitos de Puerto Madero, para tener éxito y apostar a ganador. Este barrio es la consecuencia del lucro, la extranjerización, el lavado de dinero, entre otras anomalías al igual que Palermo (hoy “Hollywood” y “Soho”), hoy la amenaza avanza, se expande hacia los barrios de Caballito y Almagro Norte.
El sol, que antes “salía para todos”, hoy lo hace sólo para unos pocos, no alcanza el aire ni el espacio verde público, que en el año 2016 es toda una entelequia, como el futuro “Parque de la Estación” que reclaman los vecinos de Balvanera y Almagro.
¿Hasta dónde y hasta cuándo la indolencia? ¿Hasta dónde y hasta cuando la paciencia?
El negocio como antítesis de “calidad de vida” le gana por goleada al desgraciado y poco favorecido habitante metropolitano que debe lamentarse en su impotencia.
La pregunta es, y ¡repetimos!: ¿hasta cuándo?. ¿Se animará algún representante popular ponerle el cascabel al gato?
Mientras tanto continuaremos reclamando, aunque ésta sea una utopía difícil de alcanzar. Vale ser testarudo, terco, intransigente, obstinado, porfiado y pertinaz, porque… a pesar de que la paciencia tiene un límite, “la única batalla que se pierde en la que se abandona”.

 Consejo de Redacción