sábado, 2 de julio de 2016

DEL TEATRO DORIA AL TEATRO MARCONI



DOS TEATROS DESAPARECIDOS DE BALVANERA
EL DORIA Y EL MARCONI

En la historia del barrio de Balvanera existieron y existen muchos teatros, algunos de ellos fueron demolidos, otros permanecen inactivos como el Teatro Lasalle, fundado en 1932 por la actriz Ana Lasalle, en Cangallo 2263 (actual Perón). Esta sala permanece cerrada desde hace muchos años. La fundadora más tarde se radica en Cuba, donde organiza la radio y la TV después de la revolución de 1959.


EL TEATRO DORIA







En Rivadavia 1026 de la antigua numeración (2330 de la actual), Jaime y Pedro Vieyra, legisladores por Santiago del Estero, construyen un inmenso galpón de 1.500 m2 con salida hacia Pichincha, cuando corría el año 1878.
Allí funcionará hasta 1883 cuando es trasladado a Plaza Lorea el 5º Regimiento de Caballería a cargo de Nicolás Levalle. El galpón es arrendado entonces a los señores Vignoli, Landó y Tagliavecchia, quienes adaptarán la construcción con paredes de madera y techo de chapa a dos aguas, iluminado a luz de gas, para convertirlo en un teatro. Queda inaugurada así en la noche del sábado 13 de agosto de 1887 la aventura de un nuevo teatro, con 36 palcos y 300 plateas. El Doria será el primer teatro levantado en Balvanera, a excepción hecha del pequeño teatro de títeres “Del Recreo” de Alsina 1847 inaugurado en el año 1885.
El empresario italiano que lo regenteará, Silvio Giovanetti, un admirador del almirante genovés Andrea Doria (1498-1560) lo bautizará con aquel nombre en homenaje al marino. Se levantará el telón con la representación de I due Sargenti y Apoteosis de la Guerra de África, Massana.
Durante su corta existencia también se lo conocía como “El Colón del Oeste”. Allí se cultivó el drama, el sainete criollo y la zarzuela, programación apreciada por los puesteros de los mercados vecinos, Rivadavia y Spinetto, ocupantes de los inquilinatos de la zona y habituales sostenedores de la taquilla del teatro.
En el Doria actuaron en distintas épocas el Circo de Raffetto, que dirigía el popular “Cuarenta Onzas”, Frank Brown, los hermanos Podestá, con Pepe encarnando a Pepino el 88, la Compañía Zucchi-Ottonello, y fue asiento de la apasionante payada de 1896 entre el uruguayo Juan Nava y el argentino Gabino Ezeiza, que duró tres noches seguidas.
Grandes acontecimientos artísticos pasaron por su tablado y se oyeron las distintas tonadas, los modismos y los colores de los rincones napolitanos, milaneses, sicilianos y calabreses que se mezclaban con la dramaturgia gauchesca, la zarzuela y hasta la lucha grecorromana.
Allí se daban cita a su vez referentes políticos de la época como la Unión Cívica, y socialistas que colmaban sus instalaciones, como la de los trabajadores anarquistas que en 1897 en número de 4.000 colmaron de bote a bote el lugar.
Ya en las postrimerías del siglo fue clausurado tras una campaña de salubridad e higiene. En su lugar, el 24 de diciembre de 1903, se inaugurará el Teatro Marconi, que nace de los escombros del Doria.


EL TEATRO MARCONI





Todo comenzó en 1901, cuando Silvio Giovanetti le entrega el desactivado tinglado del Doria a Guillermo Bonomi, un empresario licorero del barrio, del conocido y desaparecido Amaro Monte Cúdine, de Belgrano y Pichincha.
Éste contrata los servicios del arquitecto Juan Bautista Arnaldi, quien efectúa el diseño de un nuevo edificio rebautizándolo con el nombre de otro italiano famoso Guillermo Marconi (1834-1937), inventor de la telegrafía sin hilos.
En sus primeros tiempos fue un teatro dedicado a la operística, aunque su ubicación un tanto alejado del centro, le restó trascendencia, ya que se dedicaba a artistas de segundo orden, sin embargo por su envergadura se fue constituyendo en un semillero del Teatro Colón, llegando a ostentar con sus 1.063 butacas el título de “Catedral Chica de la Lírica”.
Primó allí el espectáculo regional italiano, desde el genovés Gilberto Govi, hasta Nunziata Cazzolino, pasando por el extraordinario cómico Ettore Petrolini, que junto con figuras como Clara Della Guardia, Lydia Borelli, Emma Gramática, Leopoldo Frégoli y Fátima Miris, hicieron delicias del público.
La operística italiana y española dejaron el recuerdo de Franca Boni, Alba Regina, Italo Bertini, Aída Arce y Jan Kiepura, entre otros. Y temporadas liricas memorables con las huellas del tenor Pedro Novi, y obras como La Traviata, Il Trovattore, Caballería Rusticana y Rigoletto. 
 
PROGRAMA DEL MARCONI AÑO 1959

Por sus tablados desfilaron a su vez importantes figuras de los elencos nacionales, como Blanca Podestá, Francisco Charmiello, Luis Arata, Tomás Simari, Enrique De Rosas y Andrés Cordero representando a Juan Tenorio y para Semana Santa, el drama sacro La Pasión. Brillaron obras como Un Guapo del 900 de Samuel Eichelbaum y Madre Tierra de Alejandro Berutti.
Autores como Enrique Guastavino, César Tiempo, y Claudio Martínez Paiva, entre otros, lograron noches gloriosas en este coliseo de Balvanera que fue alcanzado por la piqueta destructora en el año 1967, haciendo añicos las rosadas ninfas de las aguas, de los bosques y de la selva que decoraban su cielorraso, así como la sutil acústica que reproducía los aplausos sostenidos de la importante colectividad italiana que habitaba la zona y era habitué de este teatro.
Luego todo será silencio y penumbra y más tarde sólo subsistirá la memoria, la risa se convierte en lamento y la música en mudez ante una realidad que contrasta con la cultura y el arte.
Pilas de ladrillo, cemento, metal y vidrio modelarán nuevas formas y nacerá una gran torre, alta, muy alta, que albergará a centenares de nuevas almas, muchas de las cuales ignoran que antes este sitio albergaba las candilejas que alguien se atreve a rememorar como reminiscencia que esconde los fantasmas del pasado.
Buenos Aires no supo preservar su patrimonio histórico, es infinito el penoso catálogo de edificios irrepetibles demolidos y brutales intervenciones que demuestran que nunca hubo una política de protección arquitectónica para la ciudad. Los estilos y las ideas, producto de las inmigraciones, nunca fueron protegidas.
También falló el Estado en proteger y usufructuar un recurso turístico, fallaron las colectividades que tampoco pudieron salvar los edificios emblemáticos de sus propias comunidades, fallaron los urbanistas y legisladores en no establecer polígonos intocables, ni como compensar a los privados que defienden solamente el lucro de su propiedad privada.

 Miguel Eugenio Germino


Fuentes:
- Dillon César A. y Sala Juan A., El teatro Musical en Bs. As., tomo 1, Gaglianone, 1997.
- Llanes Ricardo M., Teatros de Bs. As., Cuadernos de Bs. As., 1968.
- Desaparece el Marconi, diario La Nación, 10/09/1967.
- Diario La Prensa, 8/12/63, Rotograbado Art. De Ricardo Llanes y Antonio Gallo.
- Periódico Primera Página nº 55 de agosto de 1998 y nº 62 de abril de 1999.







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