sábado, 25 de abril de 2020

A 25 AÑOS DE "HIJOS"


25 AÑOS DE HIJOS LUCHANDO CONTRA LA IMPUNIDAD



Por TALI GOLDMAN | 14 de abril de 2020


La organización que agrupa a hijxs de desaparecidxs nació luego de un campamento en Córdoba, el 14 de abril del ’95. Irrumpió en la escena pública con la reivindicación de la militancia de sus padres y los escraches a represores en tiempos de leyes de perdón, indultos y desmemoria. Impulsó los juicios y aportó a la construcción de la memoria con una perspectiva generacional. Néstor los invitó a hablar en el acto de la recuperación de la ex ESMA. Hoy muchos hijos ya son padres, pero la organización se multiplicó en ciudades y pueblos para militar también contra las injusticias del presente y abrazar el pañuelo verde.

En tiempos de Coronavirus se ha reinventado la manera de festejar. Cumpleaños y aniversarios de manera remota se vuelven moneda corriente en momentos de confinamiento. Por caso, hoy martes 14 de abril se cumplieron 25 años de la agrupación H.I.J.O.S.:  las bodas de plata de uno de los organismos de DDHH más novatos pero clave en la reconstrucción democrática y en el fin de la impunidad.

La celebración también será, como en estos tiempos, a través de las redes sociales con el hashtag #25AñosDeHIJOS, los llamados, los ZOOM. Ya habrá tiempo para abrazarse y marchar. Pero resulta imprescindible hacer una recorrida por las marcas en la memoria y la política que la agrupación que nuclea a hijos e hijas de desaparecidxs aportaron con su lucha.

Orígenes y protagonistas
La agrupación nace el 14 de abril de 1995, después un campamento que se realiza en Río Ceballos, Córdoba, donde concurren varios hijos de desaparecidos asesinados a juntarse y a compartir un encuentro para debatir ideas y acciones y sobre todo la de formar una nueva agrupación de derechos humanos. Esto se termina de consolidar en noviembre de ese mismo año, cuando formalmente se constituye H.I.J.O.S —Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio— y se definen sus lineamientos. Sobresalen puntos básicos que formaron parte de aquella gesta: el impulso de los juicios a los genocidas, la reivindicación de la lucha de sus padres, la lucha por la restitución de sus hermanos apropiados, el posicionamiento en contra de la teoría de los demonios —imperante en ese momento—, el reclamo por el desmantelamiento del aparato represivo, el pedido por la libertad de los presos políticos—que aún había—. Se conformó entonces la Red Nacional de Hijos y se definió que iban a funcionar de manera horizontal y asamblearia, con decisiones por consenso y que todos los años harían encuentros nacionales donde definirían políticas a seguir.

El contexto es conocido: la década de los 90 en la que los indultos, la impunidad de los genocidas y la patraña de la “reconciliación nacional” tenían asiento en la Casa Rosada. “Nosotrxs aparecemos en un escenario donde por supuesto estaban las Madres y las Abuelas, que son con quienes nos criamos políticamente, de quienes aprendimos y a quienes tuvimos muy cerca. En ese contexto éramos una generación nueva, que venía como a actualizar lo que había pasado en la dictadura en términos más cercanos para los jóvenes. Nosotrxs éramos estudiantes universitarios y eso interpeló de otra manera. Ya no era algo de lo que hablaban esas señoras grandes que eran las madres y las abuelas, sino que era algo que leshabía pasado a tus compañeros de facultad”,  reflexiona con Nuestras Voces Lucía García Itzigsohn, integrante de H.I.J.O.S La Plata.

Pero sin dudas, el hito más importante y que aún hoy sigue identificando a esta agrupación, es la práctica de los escraches. “Ese fue el puntapié para que nosotros irrumpiéramos con una nueva modalidad de manifestación, que fue el escrache. Una respuesta a la impunidad y al ver a los genocidas de nuestros padres en las calles, caminando libremente y amparados también por los gobiernos de turno”, explica Carlos “Charly” Pisoni, integrante de H.I.J.O.S Capital  a este portal. “Esto se transformó después en una herramienta más de lucha del pueblo argentino, que consistía en ir a la casa de los represores, marcar su guarida y hacerles conocer a esos vecinos que estaban cerca de este personaje, que esta persona era un asesino, un secuestrador, un apropiador de menores, un violador de mujeres, y que a falta de condena legal nosotros queríamos condena social”.

Hubo más de cien escraches en todo el país y al ritmo de «a dónde vayan / los iremos a buscar» se transformaron en un símbolo de de lucha por Memoria, Verdad y Justicia. “La herramienta política del escrache para nosotros fue muy liberadora porque nos permitió tener una voz pública, denunciar a los represores y sacudir un poco el consenso que habían instalado en torno a la impunidad”, puntualiza Lucía.



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