martes, 31 de agosto de 2021

 

Cuento: ESTHER Y AMBER

 

Los padres de Esther habían viajado por trabajo a Holanda, y sus únicas dos hijas se quedaron solas en la casa. En ese entonces Esther había cumplido catorce y su hermana, Amber, veinte. Su hogar era una cabaña humilde y pequeña frente a la playa. Cuando eran menores, las hermanas solían ir a la playa a divertirse, sobre todo cuando se cortaba la luz en la casa, lo que sucedía muy seguido. Eso les complicaba el uso de su nuevo teléfono fijo con fax y les inhabilitaba la comunicación con sus padres. Por lo menos una vez al mes la electricidad se detenía en algún sitio del largo cable que conducía desde la ciudad, hasta su solitaria cabaña.

Esther y su hermana habían discutido en la merienda sobre la fecha en la que regresarían sus padres, e hicieron una apuesta para ver quién estaba en lo correcto. Amber propuso que llamarían a sus padres y preguntarían cuándo iban a volver. La que acertaba, o tenía una predicción similar, quedaría al mando el día siguiente. Por otro lado, la perdedora debía lavar los utensilios de cocina utilizados por tres días. Esther, a pesar de ser la menor, era un poco más responsable que su hermana, pero aceptó ya que no quería dormirse tarde a causa de lavar utensilios. “19 de agosto”, “1 de septiembre”, apostaron las hermanas. Amber, confiada, llamó a sus padres. Tuvieron una breve conversación y Esther por fin oyó el “adiós” que confirmaría el resultado de la apuesta. Entonces Amber dijo que volverían el 30 de agosto, y, aunque ninguna acertó, ella estaba más cerca. Esther se quejó un poco y fue a la cocina. Comenzó a lavar los cubiertos. Todo iba bien hasta que la débil bombilla de luz parpadeó rápido. Luego otra vez, y otra. Esther se sobresaltó, y de repente se cortó la luz. El último ruido humano que se escuchó esa noche fue la queja de Amber por no tener señal de teléfono. Esther estaba callada y seguía lavando a oscuras. Como ya no reconocía cada parte de la cocina abrió el tercer cajón y sacó una vela. La encendió y siguió lavando. Sentía fastidio con su hermana, algo de temor y mucho frío. El frío era otro problema, las maderas con la que se había construido la cabaña tenían un mínimo espacio entre ellas y entraba mucho viento. Además, al vivir en la playa, el invierno era como un glaciar para la familia.


                                LA CASITA EN LA PLAYA

Se escuchaban rugidos del aire afuera. También se oían silbidos producidos por el viento, y, mayormente, un misterioso silencio. Esther era algo miedosa, pero también sabía cómo ocultar sus emociones. A diferencia de su hermana, que probablemente no le importó el corte de luz y ya estaba dormida. El fuego de la vela, se balanceaba de un lado a otro cada vez que el viento visitaba la cabaña. Esther se contenía lo más que podía, hasta que vio de reojo una sombra dentro del pequeño rayo de luz que salía de la vela. Esta sombra parecía humana, pero no era humana, también podía lucir como un animal, pero no. Era simplemente nada. Una sombra increíblemente inexplicable. Esther se volteó para ver qué ser reflejaba semejante sombra. Pero cuando lo hizo, la sombra había desaparecido, y, para colmo, se apagó el fuego de la vela. En ese instante Esther escuchó un timbre. Eso provocó mucho miedo en ella, pero al poco tiempo reconoció el ruido de su propio teléfono fijo. Se calmó hasta que pensó “¿¿El teléfono no funciona con electricidad?? Pues, es imposible, la luz se cortó en toda la casa… ¿cierto?” y justo cuando estaba terminando la frase, la lamparita parpadeó una vez más y se prendió. Un alivio.

Esther terminó de lavar y rápidamente corrió a su habitación. Se quedó pensando en la sombra, el teléfono, la luz… hasta que volvió a sonar el teléfono. Esther se preguntó quién llamaría a las dos y media de la mañana. Estaba a punto de ir, hasta que pensó que ya había tenido demasiado miedo esa noche, pensó que mejor lo atendería acompañada de la luz del día si volvía a llamar.

                                                                  Lara Musikant              

                                                   6º grado Escuela Vera Peñaloza




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