lunes, 1 de agosto de 2016

INGLATERRA Y EL BREXIT



Inglaterra y las ventas del Brexit





Cuando se supo el resultado del comicio que arrojaba a Inglaterra fuera de la Unión Europea, fueron muchos los analistas económicos que pronosticaron la debacle de la economía inglesa. Sin embargo, la mayoría pasó por alto que la nueva situación le dará mayor autonomía financiera y que consolidará a los ingleses como a una verdadera cueva off shore para esconder el dinero negro mundial.
Los estremecimientos de las Bolsas mundiales duraron pocos días y el derrape pronosticado no fue tal. Es que Inglaterra nunca puso empeño para consolidar una Unión Europea en la que nunca creyó. Mantuvo en pie la libra esterlina y nunca se desmarcó del mayor interés norteamericano en la región: la OTAN, el pacto militar que los ingleses ni siquiera se plantean abandonar.
Es que Inglaterra siempre jugó sola y es así que consolidó un predominio mundial que recién perdió con el advenimiento del poder norteamericano. Pasadas ya las épocas de factoría textil y potencia marítima, ahora se especializa en ser el refugio financiero para las cuevas off shore, verdaderas islas del tesoro donde los poderes financieros mundiales depositan ese dinero que no pueden declarar.
Mientras los teóricos del mundo discuten hacia qué tipo de orden mundial marchamos, hay algo que está siempre fuera de discusión: en un mundo capitalista los flujos financieros necesitan un refugio seguro y eso es lo que ofrecen los ingleses. Caído Panamá después de los Papers que llevan el nombre de ese país, un paraíso fiscal en el primer mundo se visualiza a priori como invulnerable, al igual que su par norteamericano de Delaware.
Además el juego propio de Londres tiene un plus que sostiene su estrategia individual: no sólo existe el dinero que fluye de Wall Street o de Europa, sino que hay un creciente protagonismo del yuan, la moneda china que apalanca el crecimiento del gigante asiático. Y tampoco podemos obviar el creciente protagonismo ruso en el tablero mundial.
Por todo esto es que poco les importan a los políticos ingleses las movidas independentistas de Escocia y de Irlanda. Lo que antes habría sido reprimido a sangre y fuego, ahora se ve como una de las tantas consecuencias inevitables del Brexit, que marca el inicio de un nuevo rumbo mundial de pronóstico incierto pero en el que siempre el Imperio británico se ha sabido acomodar.

                                                                                             Pablo Salcito