Junio 1935 - Último mes en la vida de
Gardel
A la
hermana República de Colombia, el 4 de junio de 1935 arriban Carlos
Gardel y su comitiva, en el barco presidente Gómez y se instalan en el Hotel
Del Prado.
Al siguiente día se presenta en el Teatro
Apolo obteniendo una calurosa acogida en funciones tarde y noche. El
administrador de la Sala, Celedonio Palacios, aparte de haberlo
contratado a Gardel planifica el itinerario por tierra colombiana.
El
factor negativo de la gira es el calor tropical, por lo que Gardel decide
desechar una oferta ventajosa para actuar en la localidad de Santa Marta por lo
cual, la comitiva apresura su partida hacia el Sur.
El 6 de junio arriban a Cartagena
por vía marítima, ese día y el siguiente se presenta en el Teatro Variedades.
Allí se une a la comitiva el señor Henry Swartz, empresario y
distribuidor cinematográfico en la zona del Caribe.
Finalizadas las actuaciones en
Cartagena, regresan a Barranquilla, nuevamente por vía marítima, siendo ésta
la última vez que utilizan ese medio para trasladarse por esos lares, ya que
por razones geográficas y para agilizar la gira, se opta por los viajes aéreos,
alternativa no muy atrayente para Gardel, dada su aprensión a este tipo de
transporte.
El 10 de junio arriban, en avión, a Medellín,
nuevo eslabón de la gira y se alojan en el hotel Europa.
Los días 11, 12 y 13 se presentan en el Circo-Teatro
España. Por la cantidad de público que asiste, en las tres funciones, resulta
chico el lugar.
Gardel dirige unas palabras de
salutación a la gente de Medellín, por medio de la emisora Ecos de la Montaña.
Mientras tanto Le Pera, Palacios y Swartz ya habían
viajado a Bogotá para ultimar con el empresario colombiano, el Sr. Nicolás
Díaz, la inminente actuación de Gardel en esa ciudad. A su vez, José
Plaja (profesor de inglés de Gardel) había partido días antes desde
Barranquilla rumbo a Bogotá, llevando por ruta fluvial gran parte del equipaje.
El 14 de junio, justo 10 días antes del
accidente fatal, llega al aeropuerto de Techo (Bogotá) donde se habían reunido
aproximadamente unas 10.000 personas esperando la llegada de Gardel, “El Rey
del Tango” como lo llamaban en todo Colombia.
A las 14 horas se avista el trimotor de
la Compañía Scadta que transportó a Gardel y a su comitiva. La multitud, con
total impudencia, desborda los controles policiales e invade las pistas,
debiendo el piloto alemán Bernardo Gruetering, con aplomo y habilidad, efectuar
a 30 metros de altura, un rápido viraje para alejarse de la gente y aterrizar
finalmente en un tramo libre del campo. El gentío, alborotado, corre hacia el avión,
ovacionando al cantor, quién al asomarse por la portezuela sonriente y saludando,
sombrero en mano, recibe una aclamación unánime.
Después
de ese recibimiento, Gardel es llevado en andas hasta la sala de espera de la
compañía y allí, por fin, Gardel, sus guitarristas, Corpas Moreno y Azzaf pueden
darse abrazos y apretones de manos con quienes los habían precedido: Swartz, Le
Pera, Plaja, Palacios, y recibir la bienvenida del empresario Nicolás Díaz.
Finalizadas todas las expresiones de
júbilo recibidas, pueden trasladarse al Hotel Granada para alojarse en las
habitaciones 105, 106 y 107. Esa misma noche debuta en el Teatro Real, donde
recibe vítores y aplausos. Lo mismo sucede los días 15, 16 y 17 en el mismo
teatro, Gardel había confirmado, aún más, el título de “El Rey del Tango”.
Del 18
al 21 actúa en el Teatro Olympia, cuyo escenario de hallaba emplazado
entre dos plateas, por lo que actúa ubicándose de costado para no dar la
espalda a ningún sector. A la noche del 21, Gardel ofrece en el Restaurant Francés,
una cena de despedida a las personas vinculadas a su actividad artística y
deseando devolver las atenciones recibidas en Bogotá.
Reaparece ante el público en funciones
de tarde y noche en el Teatro Real, cumpliendo reiterados pedidos de sus
admiradores –especialmente mujeres–, antes de su
cercana partida. La última presentación en este Teatro la efectúa en la función
de la tarde del domingo 23.
Ese mismo día, a las 21.15 horas, la
emisora “La Voz de La Victor” ofrece una audición especial con un estudio
colmado y, por ese motivo, los cientos de admiradores que no han podido
ingresar lograron seguir la transmisión merced a una red de altavoces colocados
especialmente en la plaza Bolívar, frente a la emisora. Allí Gardel interpreta:
Cuesta abajo, Tengo miedo, Insomnio, El
Carretero, Melodía de Arrabal, y No te engañes
corazón. Se despide con muy sentidas palabras de afecto y de
agradecimiento. Una de las frases fue: “Pero es tal el encanto de esta tierra
que me recibió y me despide como si fuera hijo propio, que no puedo decirles
adiós, sino hasta siempre… hasta siempre, mis amigos”. Para cerrar la actuación
interpreta el último tango de su vida: Tomo y obligo. Justamente ése
tango fue el primero que interpretó fuera de nuestro país, en el film “Las luces
de Buenos Aires” (Joinville, Francia, 1931). Otra coincidencia en la vida de Carlos
Gardel.
En el Aeropuerto de Medellín, después de
un breve alto para la carga de combustible y beber un refrigerio en el bar del
aeródromo, parte el avión rumbo a Cali.
El lunes 24 de junio de 1935 a las 14.58
horas se inicia el viaje final, todo lo demás es ya sabido.
Ese día quedó grabado en la memoria,
libros, revistas que demuestran fehacientemente quién fue para el Tango,
nuestro Embajador sin Cartera, Carlos Gardel. Hace 89 años
que se transformó en nuestro Máximo cantor de Tangos.
Héctor
F. Rebasti
Bibliografía:
Miguel Angel Morena, “Historia Artística
Carlos Gardel”, 5ª Edición, 2008.
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